El Proceso de Colonización: Fases y Modalidades del Imperialismo Histórico
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El proceso colonial o imperialista se desarrolló en tres fases principales, siguiendo un orden secuencial: conquista, organización y explotación.
1. La Fase de Conquista
La primera fase, la de conquista, fue la más sencilla para las potencias coloniales, dada la abrumadora superioridad de su armamento y de su organización militar frente a pueblos indígenas que, en muchos casos, estaban menos cohesionados y peor equipados. Además, los significativos avances en la navegación permitieron la construcción de barcos cada vez más rápidos y con una mayor capacidad de carga (armas, mercancías y hombres). Estos avances también facilitaron el descubrimiento y la exploración de nuevos territorios, como lo ejemplificaron figuras como Kitchener en el Nilo o Stanley en el río Congo.
2. La Fase de Organización Territorial: Modalidades de Administración Colonial
La segunda fase consistía en la organización del territorio. Esta se podía realizar de diferentes maneras, adaptándose a las circunstancias locales y a los intereses de la metrópoli:
- Administración Directa por Gobernadores: Al modo de los antiguos procónsules romanos, la metrópoli designaba directamente a un gobernador para administrar la colonia.
- Administración a través de Compañías Privadas: Grandes compañías comerciales obtenían concesiones para organizar y explotar el nuevo territorio a cambio de un pago o arrendamiento a la metrópoli.
- Implantación del Modelo de Administración Estatal: La modalidad más habitual, que implicaba la aplicación del sistema administrativo de la metrópoli en la colonia. Esta, a su vez, podía tener variantes o modalidades específicas, en función del grado de organización político-administrativa preexistente en el territorio colonizado:
- Asociación: En este modelo, se mantenía la administración indígena preexistente, pero esta quedaba supeditada y a las órdenes de la metrópoli.
- Protectorado: Se respetaba la administración interna de la colonia, pero la política exterior y el ejército eran controlados directamente por la metrópoli. Este sistema suponía el respeto o protección (de ahí el término protectorado) de la integridad territorial de la colonia. Un claro ejemplo fue el protectorado de Marruecos, compartido por España y Francia.
- Colonia Propiamente Dicha: Esta era la forma más directa de dominio, que implicaba la ocupación total del territorio y el desplazamiento o eliminación de las autoridades locales preexistentes.
3. La Fase de Explotación Económica
Finalmente, la tercera fase era la de la explotación económica de los nuevos territorios. Este era el principal objetivo y fin último de las metrópolis con respecto a sus colonias. Se trataba de una explotación en exclusiva, en la que la metrópoli gozaba de completa libertad de acción para extraer materias primas y vender sus productos manufacturados, imponiendo además altos aranceles a los productos extranjeros que pudieran competir. En este sentido, las colonias siempre se encontraban en una posición de inferioridad y dependencia, puesto que eran las proveedoras de las materias primas y, a la vez, las compradoras obligadas de esas mismas materias primas ya transformadas en productos industriales procedentes de su metrópoli. Y, por si esto no fuera poco, se les prohibía expresamente industrializarse para evitar así cualquier atisbo de autonomía económica.