Proclamación de la Segunda República Española: Elecciones de 1931 y Reformas

Clasificado en Historia

Escrito el en español con un tamaño de 4,22 KB

La Proclamación de la Segunda República Española: Elecciones de 1931 y Primeras Reformas

Las Elecciones Municipales del 12 de Abril y el Cambio Político

Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 dieron un vuelco a la situación política de España. El resultado electoral fue desigual: el número de concejales monárquicos superó globalmente al de republicanos. Sin embargo, en las grandes ciudades, libres del caciquismo, los monárquicos sufrieron una gran derrota. Al conocerse el resultado parcial del escrutinio, el 14 por la mañana, en la localidad guipuzcoana de Éibar se proclamó la República y, a lo largo del día, otras ciudades españolas (Valencia, Sevilla, Oviedo, Zaragoza, Barcelona...) se sumaron, mientras la población salía a la calle para celebrar el advenimiento del nuevo régimen.

El Gobierno Provisional y el Pacto de San Sebastián

En Madrid se formó un Gobierno Provisional, presidido por Niceto Alcalá Zamora. Participaron todos los partidos del Pacto de San Sebastián:

  • La derecha liberal republicana (Miguel Maura, Niceto Alcalá Zamora).
  • Republicanos de izquierda (Manuel Azaña, Marcelino Domingo).
  • Republicanos radicales (Alejandro Lerroux, Diego Martínez Barrio).
  • Socialistas (Francisco Largo Caballero, Indalecio Prieto y Fernando de los Ríos).
  • Nacionalistas catalanes (Nicolau D'Olwer).
  • Sectores republicanos galleguistas (Santiago Casares Quiroga).

Ante la nueva situación, Alfonso XIII suspendió la potestad real y abandonó el país, exiliándose el mismo día. Siguiendo lo acordado en el Pacto de San Sebastián, el Gobierno Provisional convocó elecciones a Cortes Constituyentes para el 28 de junio, en las que triunfaría la coalición republicana-socialista.

El Nuevo Parlamento y las Primeras Reformas

La nueva composición del Parlamento reflejó un cambio en el panorama político del país. Los partidos gobernantes fueron configurándose como partidos con una afiliación real y capaces de movilizar a un número elevado de seguidores. A su vez, el Parlamento se convirtió en el centro de la vida política del país y en él se celebraron vivos y apasionados debates, con honda repercusión en la prensa y en la opinión pública, cada vez más politizada. Paralelamente, el Gobierno emprendió algunas reformas consideradas de extrema urgencia para una España moderna, laica y democrática. Una serie de decretos ministeriales pusieron en marcha el proyecto de reforma agraria, la reforma del ejército y el inicio de las negociaciones con catalanes y vascos para pactar la solución autonómica (Ley de Retiros de las Fuerzas Armadas, Ley de Términos Municipales...).

Los Desafíos de la Nueva República

Sin embargo, la nueva República se enfrentó a una serie de conflictos sociales, a la creciente animadversión de empresarios y propietarios agrícolas y a la oposición de parte de la Iglesia Católica. Los primeros problemas se dieron antes de que se cumpliera un mes de la proclamación de la República, por la apertura de un local en el que los monárquicos hicieron sonar la Marcha Real. Un grupo de exaltados asaltó las instalaciones e incendió iglesias y conventos en Madrid, incendios que se propagaron más tarde al Levante y al Sur de España. El Gobierno solo condenó verbalmente aquellos actos. La violencia iba a acompañar siempre al régimen republicano.

Dificultades y Contexto de la Época

La tarea de los dirigentes republicanos fue difícil, por las duras circunstancias en que les tocó desenvolverse, como su propia escasez y división, recurriendo a gobiernos de coalición con las consiguientes tensiones internas; la ausencia de un gran político cuya autoridad fuese respetada por todos; la proliferación de nacionalismos insolidarios con el conjunto; la crisis económica y la exaltación de las fuerzas sociales. La duración media de un gobierno era de tres meses. También el poder en la calle resultó ser más efectivo que el poder gubernamental, pues el Estado español tenía una escasa penetración en la sociedad, particularmente en las zonas atrasadas en las que las élites tradicionales seguían ejerciendo un poder considerable.

Entradas relacionadas: