El profesor de religión: identidad, misión y educación integral en la escuela
El profesor de religión: identidad y misión
Las bases de la enseñanza de la religión en la escuela se encuentran en el derecho de los padres a la formación religiosa y moral de sus hijos según sus convicciones, y en la contribución que esta enseñanza aporta al pleno desarrollo de la personalidad del alumno, finalidad que la Constitución Española asigna a la educación escolar.
La educación integral exige de todo profesor, y especialmente del profesor de religión, unas actitudes y unas cualidades determinadas. La enseñanza de la religión aporta elementos esenciales para que el alumno se conozca a sí mismo y conozca a los demás, para que respete a los otros e incluso les sirva como hermanos suyos que son. El profesor de religión debe ser un maestro educador en la medida en que contribuya y sirva a la formación integral de sus alumnos, sin olvidar ninguna de sus positivas potencialidades, y hacer de semejante tarea su propia profesión.
La vocación educativa y cristiana
Es un don que Dios ofrece y que hay que cuidar y potenciar como el mejor talento que se ha recibido. Es una vocación que te exige generosidad y donación; su tarea es sobre todo dar, y necesita ser alimentada continuamente con los contenidos mismos del mensaje que transmite, haciéndolos suyos, para no caer en el vacío y el sinsentido de quien no tiene nada que entregar. Su relación con Dios debe ser cada vez más viva y, en su inserción cada día más honda, en la comunidad cristiana.
El profesor de religión, como todo educador, debe vivir la alegría explícita de la entrega de sí mismo en la tarea diaria de la educación del alumno. El profesor de religión debe conocer la doctrina del Magisterio de la Iglesia y permanecer atento a las enseñanzas actuales del mismo que imparten tanto el Romano Pontífice como los obispos. La Iglesia Católica es fuente autorizada del mensaje que debe transmitir en nombre de la Iglesia.
La preparación pedagógica es fundamental para poder motivar, orientar y comunicarse de manera eficaz con los niños y adolescentes. No basta saber teología, hay que saber enseñarla de modo significativo, para que no se convierta en formas incomprensibles para los alumnos.
La enseñanza de la religión en la escuela pretende ayudar al alumno a realizar de forma crítica y sistemática una valoración y selección de los elementos de la cultura que recibe y que más contribuyen a su armónico desarrollo dentro del proceso educativo. Debe iluminar y transferir «los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad».
La propuesta del profesor de religión en diálogo con la cultura debe tener muy presente:
- Nuestro contexto sociocultural, estimular la capacidad moral y espiritual de la persona, crear una auténtica cultura del amor, de la verdad, del bien y de la belleza, de la libertad y del progreso.
- Proporcionar un equilibrio de valores, teniendo en cuenta siempre el 100%.
En la escuela, el profesor de religión es testigo de su fe en comunión con la Iglesia, que le envía al mundo de la cultura y de cuya vida y misión participa.
La coherencia de la acción educativa del profesor de religión se manifiesta en el testimonio de su vida, de tal manera que su conducta sea permanente interpelación para quienes le escuchan. Tiene que ser un modelo.