Prudencia y moderación en la ética de Aristóteles: resumen
Resumen
El texto explica la prudencia como virtud dianoética práctica, referida a las cosas contingentes y a la acción, y su relación con la deliberación. Después analiza cómo el placer y el dolor influyen en la percepción del fin, y por qué la moderación o templanza protege a la prudencia. Sirve para entender la conexión entre razón y deseo en la ética aristotélica.
Puntos clave
- La prudencia es una virtud dianoética práctica referida a la acción (prâxis) y a las cosas contingentes.
- Sobre lo contingente el saber no es deductivo, sino que se alcanza por deliberación (boulé).
- La prudencia pertenece a la parte racional del alma, pero versa sobre lo contingente y no sobre lo necesario.
- Según Aristóteles, "tal como es cada uno, así le parece el fin".
- Para percibir bien el fin, la parte apetitiva del alma debe estar moderada por las virtudes éticas: justicia, fortaleza y templanza.
- La moderación salvaguarda a la prudencia; si el vicio destruye la percepción del fin, la acción queda viciada desde su raíz.
Nociones sobre Prudencia y Moderación según Aristóteles
Prudencia
La prudencia, según Aristóteles, es una virtud dianoética "práctica", es decir, referida a la acción (prâxis). Se enmarca en el saber sobre las cosas contingentes, aquellas que pueden ser de otra manera a como son, y no necesarias. Dentro de estas, encontramos aquellas que podemos hacer o "fabricar".
Dado que la prudencia versa sobre cosas contingentes, el saber sobre ellas no procede deductivamente, sino por deliberación (boulé). Deliberar es la actividad racional que "calcula" y sopesa las acciones que están bajo nuestro control y pueden ser de un modo u otro. Por ejemplo, deliberamos sobre si ir al cine o estudiar.
Aristóteles señala que, en la ética, existen dos partes del alma: la racional y la apetitiva o desiderativa. La prudencia es una capacidad (virtud o vigor) de la parte racional, pero no de aquella que versa sobre lo necesario, sino sobre lo contingente.
Moderación o Templanza
Aristóteles dedica un espacio considerable en su Ética Nicomáquea a la importancia del placer en la acción ética. En este contexto, aborda la influencia del placer o del dolor en la percepción del fin. Toda actividad humana, incluyendo las artísticas y técnicas, se dirige a un fin.
El hombre prudente es aquel capaz de discernir lo que es bueno o malo para sí mismo o para la comunidad. Aristóteles enfatiza que "tal como es cada uno, así le parece el fin". Esto implica que, para ser prudente y percibir el fin, es necesario tener la parte apetitiva o desiderativa del alma bien dispuesta, es decir, moderada por las virtudes éticas: ser justo, fuerte y templado (moderado).
La moderación salvaguarda a la prudencia, ya que en los juicios teóricos no hay una ordenación a fines y, por tanto, los aspectos conativos (dolor o placer) no influyen en tales actividades. El fin de la acción (el fin que el agente se propone) es el punto de arranque de la misma, su principio. Si el vicio destruye la percepción del fin, y el vicioso no ve la necesidad de perseguir el bien, toda su acción estará viciada de raíz, siendo irracional o insensata.
Descargar
PDF Word HTMLPreguntas frecuentes
¿Qué es la prudencia según Aristóteles?
Es una virtud dianoética práctica, referida a la acción y al saber sobre las cosas contingentes, aquellas que pueden ser de otra manera. Se ejerce mediante la deliberación.
¿Qué es la deliberación (boulé)?
Es la actividad racional que calcula y sopesa las acciones que dependen de nosotros y pueden ser de un modo u otro. Por ejemplo, decidir entre ir al cine o estudiar.
¿Por qué la moderación protege a la prudencia?
Porque el fin de la acción es su punto de partida, y si el placer o el dolor desordenados alteran la percepción del fin, la prudencia se corrompe. Por eso el alma apetitiva debe estar moderada por las virtudes éticas.
Ponte a prueba
Tarjetas de repaso
Pulsa una tarjeta para ver la respuesta.
Test
Preguntas generadas con IA a partir del documento: comprueba las respuestas con el texto.