Reformas de Diocleciano: Transformación del Bajo Imperio Romano
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Diocleciano emprendió una serie de reformas que marcaron el inicio del periodo conocido como Bajo Imperio Romano. Estas reformas abarcaron diversos aspectos del Imperio, desde el sistema fiscal hasta la organización militar y administrativa.
Reforma Fiscal
Diocleciano implementó un nuevo sistema fiscal basado en el iugatio-capitatio, que gravaba tanto las tierras como las personas y los animales. Para asegurar la efectividad de este sistema, se estableció una revisión fiscal periódica, actualizando los censos de población y los catastros de tierras. Los beneficios del nuevo sistema eran evidentes: los impuestos eran predecibles, regulares y justos, lo que permitía a la población vivir sin temor a la arbitrariedad. Las ciudades debían proporcionar animales, dinero y mano de obra en proporción a su capita. Diocleciano se aseguró de que cada individuo pagara una cantidad de impuestos acorde a sus posibilidades económicas, considerando factores como edad, sexo, provincia y posesión de ganado.
Reforma del Ejército
Ante la amenaza de los ataques bárbaros, Diocleciano consideró necesario fortalecer el ejército. Se incrementó el número de efectivos y se dividió en dos partes:
- Limitanei: Situados en las fronteras del Imperio para su defensa.
- Comitatenses: Destinados a la protección del emperador.
El aumento del ejército y del funcionariado conllevó un incremento del gasto público, que debía ser financiado mediante impuestos.
Reforma de la Administración del Estado
Diocleciano dividió el Imperio en cuatro prefecturas: Italia, Galias, Iliria y Oriente. Hispania pasó a formar parte de la prefectura de las Galias. A su vez, las prefecturas se subdividieron en diócesis. La Península Ibérica y el norte de África, próximos al estrecho de Gibraltar, constituyeron la diócesis de Hispania. Finalmente, las diócesis se fragmentaron en provincias. Diocleciano incrementó significativamente el número de burócratas al servicio del gobierno.
Reforma del Sistema Monetario
Diocleciano intentó restablecer el valor de las monedas de plata y oro. La emisión del denarius y el aureus de buena calidad provocó el desprecio por la moneda fraccionaria, el follis de bronce, y muchos comerciantes se negaron a aceptarla como forma de pago. El objetivo de la reforma monetaria era favorecer a las clases bajas. Sin embargo, la principal consecuencia fue un encarecimiento de los productos y un deterioro de las condiciones de vida de las clases inferiores, ya que el follis era la moneda más accesible para los pobres.
Para defender el curso de la moneda fraccionaria, Diocleciano estableció el precio máximo de cada producto agrícola o manufacturado, así como el salario de los trabajadores.