La Regencia de Isabel II y el Moderantismo (1843-1868)
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MAYORÍA DE EDAD DE ISABEL II Y LA DÉCADA MODERADA (1844-1854)
Isabel II fue declarada mayor de edad con 13 años y quedó bajo la tutela del general Narváez (moderado), quien asumió el gobierno. Los moderados llevaron a cabo una serie de reformas orientadas a formar un estado fuerte, centralizado y con reconocimiento internacional:
- Constitución moderada de 1845: Estableció la soberanía compartida entre la Corona y las Cortes, restringió el sufragio y las libertades individuales.
- Ley de Ayuntamientos moderada: Limitó la autonomía municipal y centralizó el poder en el gobierno.
- Acercamiento a la Iglesia: Se declaró el estado confesional católico, se puso fin a las desamortizaciones y se firmó el Concordato con la Santa Sede. Este acuerdo otorgaba a la Iglesia un amplio control sobre la educación a cambio de reconocer a Isabel II como reina legítima y los bienes expropiados durante el Trienio Liberal.
- Creación de la Guardia Civil: Nuevo cuerpo policial de carácter rural para mantener el orden público y la seguridad en el campo.
- Código penal y civil: Se promulgaron nuevos códigos legales para unificar la legislación en todo el territorio nacional.
- Primera ley de educación: Buscaba establecer un sistema educativo unificado y centralizado.
- Reforma fiscal de Alejandro Mon: Introdujo nuevos impuestos directos e indirectos para aumentar los ingresos del Estado.
- Matrimonio de la reina con su primo Francisco de Asís: Matrimonio concertado por razones políticas que generó controversia y alimentó las críticas hacia la monarquía.
EL BIENIO PROGRESISTA (1854-1856)
El escandaloso favoritismo y la corrupción económica y financiera de los gobiernos moderados condujeron a la revolución de 1854, que se desarrolló en dos fases:
- Un pronunciamiento militar dirigido por los generales moderados Dulce y O'Donnell, que llevó a un enfrentamiento en Vicálvaro contra las tropas del gobierno y la firma del Manifiesto de Manzanares.
- Una serie de movilizaciones populares en Barcelona, Valladolid, Valencia y Madrid con la formación de juntas progresistas y democráticas.
El general Espartero pactó con O'Donnell, iniciando así el Bienio Progresista.
El gobierno de Espartero restauró la Constitución de 1837 y elaboró la Constitución progresista de 1856, que nunca llegó a publicarse (non nata). Durante su gobierno se aprobó una ley de ayuntamientos progresista y la tercera ley de desamortización de Madoz para financiar la nueva ley de Ferrocarriles. Sin embargo, las acciones reivindicativas de obreros y campesinos y el aumento de la conflictividad social provocaron una nueva crisis que O'Donnell aprovechó para vencer militarmente a la Milicia Nacional y ganar las elecciones al frente de su nuevo partido: la Unión Liberal.
GOBIERNO DE LA UNIÓN LIBERAL (1856-1868)
Con la llegada de O'Donnell al gobierno se restableció la Constitución de 1845 con algunas reformas progresistas. Su objetivo sería conciliar libertad y orden mediante el predominio de la Unión Liberal. Los problemas más destacados de este periodo fueron:
- Los carlistas: Llevaron a cabo protestas campesinas de carácter violento que fueron duramente reprimidas por la Guardia Civil.
- Inestabilidad política: La rápida sucesión de gobiernos entre moderados y unionistas, en la que la propia reina se entrometió. Los levantamientos militares se sucedían: un golpe fracasado del general Prim seguido de un levantamiento en el Cuartel de San Gil (Madrid), que se saldó con 66 penas de muerte y el exilio de los principales líderes progresistas.
LA CRISIS DEL SISTEMA ISABELINO Y EL FINAL DEL REINADO (1868)
Los últimos gobiernos isabelinos tuvieron que hacer frente a una crisis múltiple (industrial, monetaria, ferroviaria, de subsistencia) que provocó hambre y un aumento en los niveles de crispación social: revueltas campesinas, desorden militar y protestas estudiantiles (noche de San Daniel). El predominio de gobiernos moderados con el apoyo de la reina hizo que las fuerzas políticas identificasen el problema con los Borbones. Por ello, en 1866, demócratas, progresistas y posteriormente unionistas firmaron el Pacto de Ostende. Tras este acuerdo, mediante la Revolución de 1868, derrocaron a Isabel II, iniciándose así un breve periodo de 6 años de intentos democratizadores alternando entre una monarquía extranjera y una república, primero federal y luego unitaria, cuyos líderes tuvieron que hacer frente a la guerra de independencia de Cuba y el movimiento cantonal hasta la restauración de los Borbones en la figura de Alfonso XII.