La Regencia de María Cristina (1833-1840): Conflictos Carlistas y Transformaciones Liberales en España
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La Regencia de María Cristina (1833-1840) y la Minoría de Edad de Isabel II
En 1833 se inició una guerra civil entre carlistas e isabelinos que concluyó en 1840. Aunque esta fue la primera, el conflicto carlista se prolongaría con otras dos guerras significativas (1846-1849 y 1872-1876), demostrando un arraigado apoyo popular que mantuvo las hostilidades a lo largo de todo el siglo XIX.
El Conflicto Carlista: Orígenes y Desarrollo
Los carlistas (absolutistas, intransigentes y partidarios de Carlos María Isidro) se enfrentaron a la regente María Cristina, quien contaba con el apoyo de un grupo de liberales moderados que aceptaban a Isabel II como legítima heredera.
Líderes Carlistas y la Expedición Real de 1837
Durante la Primera Guerra Carlista (1833-1840), los carlistas consolidaron su fuerza en el norte de España. El general Ramón Cabrera, acompañado por Carlos María Isidro, llegó a las puertas de Madrid en la célebre "Expedición Real de 1837", aunque su intento de ocupar la capital fracasó. Previamente, el coronel Tomás de Zumalacárregui (carlista) había organizado el Ejército del Norte y consolidado el poder carlista en el País Vasco. Su muerte en 1835, durante el sitio de Bilbao, marcó el fin del ascenso inicial del carlismo.
El Convenio de Vergara y el Fin de la Primera Guerra Carlista
Tras la muerte de Zumalacárregui y las victorias del ejército isabelino, comenzaron las negociaciones de paz. En 1839, el general Baldomero Espartero (isabelino) y el general Rafael Maroto (carlista) firmaron el Convenio de Vergara. Este acuerdo comprometía la conservación de los derechos forales y reconocía los empleos y grados del ejército carlista. Sin embargo, Carlos María Isidro no aceptó el convenio y se exilió a Francia. Tampoco lo aceptaron Cabrera ni los carlistas catalanes, quienes tuvieron que huir a Francia en 1840, poniendo así fin a la Primera Guerra Carlista.
Transformaciones Políticas y Legislativas durante la Regencia
La Nueva Organización Territorial y el Estatuto Real de 1834
En 1833, María Cristina promulgó un decreto, redactado por Javier de Burgos, que reorganizaba territorialmente el Estado en 49 provincias, sentando las bases de la división provincial actual.
Posteriormente, se promulgó el Estatuto Real de 1834, una Carta Otorgada diseñada para contentar a los liberales, que eran su único apoyo en el trono. Sus características principales eran:
- Un Estado confesional.
- Limitación de los derechos individuales.
- Sistema bicameral.
- No reconocía la soberanía nacional ni las libertades políticas.
- Dejaba la iniciativa legislativa en manos del monarca.
Este Estatuto no satisfacía ni a los liberales más moderados y, por supuesto, era rechazado por los carlistas.
La Revolución de 1836 y la Constitución de 1837
La guerra y la precaria situación económica provocaron en 1835 una serie de sublevaciones de milicias urbanas, que exigían más libertades y reclamaban la entrega del poder a políticos progresistas. El Estatuto Real de 1834 llegó a su fin en 1836, cuando un grupo de sargentos y un regimiento de la Guardia Real irrumpieron en el Palacio de La Granja y obligaron a María Cristina a abolir el Estatuto y a convocar elecciones para formar un parlamento que elaborara una nueva constitución. Mientras esta se redactaba, entró provisionalmente en vigor la Constitución de 1812.
En 1836 se convocaron elecciones con el objetivo de elaborar una constitución intermedia entre el Estatuto Real y la Constitución de 1812, buscando así el apoyo tanto de moderados como de progresistas. El resultado fue la Constitución de 1837, cuyas características principales incluían:
- Monarquía compartida.
- Estado confesional.
- Sistema bicameral.
- Reconocimiento de numerosos derechos individuales.
- Un carácter liberal, pero con elementos conservadores que buscaban el consenso.
El Declive de María Cristina y el Ascenso de Espartero
La Impopularidad de la Regente y su Exilio
En 1840, España experimentó la formación de Juntas y un ambiente generalizado de rebelión y rechazo a la impopularidad de María Cristina. Esta impopularidad se debía, en parte, a su vida privada y a su matrimonio morganático (del que nacieron ocho hijos que fueron enviados al extranjero), así como a su ideología conservadora y su apoyo a la Ley de Ayuntamientos, que permitía a la Corona elegir a los alcaldes.
María Cristina abandonó la regencia y se exilió a Francia, aunque no dejó de interferir en la política y economía de España, a pesar de su exilio y la minoría de edad de sus hijos.
La Regencia de Espartero (1841-1843): Un Gobierno Autoritario
Tras la salida de María Cristina, se formó un ministerio de regencia provisional, y en 1841, Baldomero Espartero fue elegido regente por las Cortes. Gobernó hasta 1843 de manera dictatorial, a pesar de su ideología liberal, reprimiendo a los moderados y sin someterse al Parlamento. Espartero se ganó el rechazo de diversos sectores por varias razones:
- Completó la desamortización eclesiástica de Mendizábal.
- Redujo el presupuesto de gastos militares.
- Implementó una política librecambista que perjudicó a la incipiente industria catalana.
- Promulgó la Ley Paccionada de 1841, que reordenaba los fueros vasconavarros, lo que generó descontento por su anterior apoyo a los carlistas.
En 1843, se inició un pronunciamiento militar encabezado por el general Ramón María Narváez (conservador) que provocó la caída de su gobierno. Espartero huyó y se exilió a Londres, no regresando a España hasta 1849.