El Reinado de Isabel II y la Revolución Gloriosa: Transformación del Estado Español

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El acceso al trono de Isabel II: Implicaciones políticas e ideológicas

El acceso de Isabel II al trono se produjo tras la muerte de Fernando VII en 1833. En los últimos años de su reinado, el monarca había aprobado la Pragmática Sanción de 1830, que anulaba la Ley Sálica y permitía que las mujeres pudieran heredar la Corona. Gracias a esta decisión, su hija Isabel fue proclamada reina al morir su padre, aunque debido a su corta edad se estableció la regencia de su madre, María Cristina de Borbón.

Este hecho no fue aceptado por Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII, quien reclamó sus derechos al trono. Su oposición dio lugar al inicio de la Primera Guerra Carlista, que se convirtió en un conflicto civil entre los partidarios de Carlos y los defensores de Isabel II. A nivel político e ideológico, este proceso supuso el enfrentamiento entre dos modelos totalmente opuestos:

  • El carlismo: Defendía la monarquía absoluta, la religión católica como única oficial, la defensa de los fueros tradicionales y la permanencia del Antiguo Régimen.
  • Los isabelinos: Apoyados por los liberales, defendían la implantación de un sistema liberal que limitara el poder del monarca e introdujera reformas políticas y económicas.

La necesidad de la regente María Cristina de buscar apoyos frente al carlismo provocó el acercamiento a los liberales, lo que dio inicio al proceso de implantación del Estado liberal en España. Este proceso se concretó en la formación de gobiernos reformistas y en la aprobación de textos como el Estatuto Real de 1834 y, posteriormente, la Constitución de 1837, que consolidaron la transición hacia un sistema constitucional.

En conclusión, el acceso de Isabel II al trono no fue solo un cambio dinástico, sino el inicio de un conflicto civil y de una transformación política fundamental en España, que supuso el paso del absolutismo al liberalismo como modelo de Estado.

La Década Moderada y la Constitución de 1845

La Constitución de 1845 fue aprobada durante la Década Moderada, una etapa que comenzó después de la caída de la regencia de Espartero y cuando Isabel II fue declarada mayor de edad en 1843. En estos años, el Partido Moderado, liderado principalmente por Narváez, tuvo el control del gobierno y buscó crear un Estado liberal más conservador y centralizado.

La Constitución de 1845 sustituyó a la de 1837 y reflejaba las ideas del moderantismo. Sus principios fundamentales incluían:

  • Soberanía compartida: El poder residía entre el Rey y las Cortes, otorgando amplias prerrogativas a la Corona.
  • Poder real: Isabel II podía nombrar y destituir gobiernos, convocar y disolver las Cortes y participar en la elaboración de las leyes.
  • Sufragio censitario: Se mantuvo un sistema donde solo podían votar las personas con un determinado nivel económico.
  • Bicameralismo: Las Cortes estaban formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado, cuyos miembros eran elegidos por la Corona.
  • Confesionalidad: Establecía que la religión católica era la única del Estado, reforzando la relación entre la monarquía y la Iglesia.

Reformas y consecuencias del periodo moderado

Durante esta etapa se realizaron varias reformas importantes para fortalecer el régimen moderado:

  • Reforma de la administración local: Aumentó el control del gobierno sobre ayuntamientos y diputaciones.
  • Reforma fiscal de 1845: Destinada a mejorar los ingresos del Estado.
  • Creación de la Guardia Civil (1844): Para mantener el orden público en el ámbito rural.
  • Plan Pidal: Reorganización del sistema educativo.
  • Concordato de 1851: Mejora de las relaciones entre el Estado y la Iglesia católica.

Como resultado de estas medidas, se consolidó un Estado liberal moderado más estable y centralizado. Sin embargo, el sistema político seguía siendo poco democrático, lo que provocó el descontento de progresistas, demócratas y otros grupos opositores, contribuyendo a la crisis del moderantismo y a la Revolución de 1854, que puso fin a la Década Moderada y dio comienzo al Bienio Progresista.

Comparativa: Las Constituciones de 1845 y 1856

Las Constituciones de 1845 y 1856 se redactaron en momentos políticos muy diferentes del reinado de Isabel II y muestran las diferencias entre el modelo moderado y el progresista.

La Constitución de 1845, como se ha mencionado, representaba el liberalismo moderado, basado en la centralización del poder, la soberanía compartida y una participación política limitada a través del sufragio censitario restringido.

Por otro lado, la Constitución de 1856, conocida como la “non nata” porque nunca llegó a aplicarse, fue redactada durante el Bienio Progresista. Este texto defendía un modelo más liberal y democrático con las siguientes características:

  • Soberanía nacional: Reducía el poder del rey y favorecía una mayor participación política.
  • Fortalecimiento de las Cortes: Aunque mantenía el sistema bicameral, otorgaba más importancia al poder legislativo.
  • Libertades civiles: Recuperaba la Milicia Nacional, defendía la libertad de prensa y la libertad religiosa.
  • Descentralización: Proponía la elección directa de los alcaldes.

Al comparar ambas, se observa la inestabilidad política del reinado de Isabel II y los continuos cambios entre gobiernos moderados y progresistas, evidenciando las dificultades para establecer un sistema liberal estable en la España del siglo XIX.

La Revolución de la “Gloriosa” (1868) y el Sexenio Democrático

La Revolución de 1868, conocida como la “Gloriosa”, supuso el final del reinado de Isabel II y el inicio del Sexenio Democrático (1868-1874), una etapa de gran inestabilidad en la que se intentó instaurar un sistema liberal democrático.

Causas y desarrollo de la revolución

La “Gloriosa” fue el resultado del desgaste del sistema isabelino, marcado por el falseamiento electoral y una grave crisis económica. En 1866, los partidos progresista y democrático firmaron el Pacto de Ostende, al que se sumó la Unión Liberal en 1868, con el objetivo de derrocar a la reina.

El levantamiento se inició el 19 de septiembre de 1868 en Cádiz con el pronunciamiento del almirante Topete, al que se unieron Prim y Serrano. Tras la victoria en la batalla del puente de Alcolea el 28 de septiembre, Isabel II abandonó España rumbo al exilio en Francia.

El Gobierno Provisional y la Constitución de 1869

Se formó un Gobierno Provisional encabezado por Serrano que impulsó reformas basadas en el sufragio universal masculino, la libertad de prensa, de reunión y de asociación. En el ámbito económico, destaca la creación de la peseta.

La Constitución de 1869 fue una de las más avanzadas de la época. Sus puntos clave fueron:

  • Soberanía nacional y división de poderes.
  • Amplia declaración de derechos y libertades.
  • Mantenimiento de la monarquía, pero subordinada a la soberanía nacional.

Consecuencias y búsqueda de un nuevo monarca

Tras la aprobación de la Constitución, Serrano fue nombrado regente y Prim jefe de gobierno. El régimen enfrentó graves problemas: la guerra de Cuba, la oposición carlista y la agitación republicana. Finalmente, las Cortes eligieron a Amadeo de Saboya como rey en 1870, inaugurando una monarquía democrática que, debido a las divisiones internas, desembocaría en la Primera República en 1873.

Conclusión: La “Gloriosa” cerró el ciclo isabelino e intentó democratizar España, aunque las profundas divisiones políticas y los conflictos sociales marcaron el fracaso final del proyecto del Sexenio Democrático.

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