La Respuesta a la Llamada de Dios: Fe, Libertad y Encuentro Personal

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La respuesta a la llamada de Dios

Dios siempre toma la iniciativa. Creó al ser humano por amor, a través de su imagen y semejanza, y quiere que sea feliz. La felicidad es la llamada de Dios, pero después se producen muchas otras por medio de las circunstancias de la vida, de las otras personas, de la Palabra de Dios, etc.

Dios no solo llama, sino que también da la fuerza necesaria para que la persona responda a esa llamada. Pero Dios no fuerza a nadie, porque nos ha creado libres. Sucede como con el amor, que se puede ofrecer, pero no imponer, porque entonces ya no sería amor. Nos invita a seguir su camino, a construir un mundo mejor, pero lo deja en nuestras manos.

La fe como encuentro personal con Jesús

En el Nuevo Testamento, tener fe se expresa como confiar en, fiarse de o hacer una alianza con. Lo cual significa que la fe se entiende como una relación personal con Jesús, relación que se traduce en seguridad y confianza. Tener fe es creer en Jesús, en su persona.

En los evangelios, tener fe es símbolo de:

  • Acercarse a Jesús.
  • Recibirlo.
  • Aceptarlo.
  • Amarlo.

Por consiguiente, la fe consiste en un encuentro entre personas: el creyente y Dios, que se ha revelado y comunicado en Jesús.

Signos que hacen responsable la fe

Signos externos de la persona

  • La propia persona de Jesús: Su vida y su mensaje tal y como los conocemos por el Nuevo Testamento.
  • El mensaje de la Biblia: Nos permite conocer quién es y cómo es Dios.
  • La vida de la Iglesia: Es la transmisora del mensaje de Jesús.
  • El testimonio de los creyentes: Aquellos que han vivido o viven con autoridad su fe, testimoniándola con sus actuaciones.

Signos internos (experiencias que hacen que las personas encuentren la felicidad)

  • Cuando en la fe se descubren respuestas a los interrogantes de la vida.
  • Cuando se toma conciencia de que el hecho de creer hace ser más persona.
  • Cuando se va comprendiendo de forma progresiva la relación y la fe cristiana.

El objetivo íntimo de todo cristiano

El objetivo íntimo que todo cristiano debe perseguir en su vida es el de la unión con Cristo. Para el cristiano, la felicidad es pensar, sentir y actuar como Jesús. La identificación plena con Cristo es lo que se llama salvación, porque libera al hombre de sus esclavitudes y le lleva a una vida de plenitud. Esta situación se alcanzará definitivamente después de la muerte, pero en esta vida se puede vivir ya de manera progresiva.

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