Restauración Borbónica: Constitución de 1876 y Pacificación de España
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La Constitución de 1876 se gestó tras el pronunciamiento militar del general Martínez Campos en Sagunto, que proclamó rey de España a Alfonso XII. Mientras se esperaba su llegada, se constituyó un ministerio-regencia presidido por Antonio Cánovas del Castillo. El nuevo sistema fue configurado por Cánovas, procedente de la Unión Liberal. Se cambió la monarquía, antes con Isabel II, y ahora con su hijo Alfonso, restaurándose así la dinastía borbónica. El Partido Moderado se transformó en el Partido Conservador, que integró a antiguos representantes del Partido Moderado y de la Unión Liberal. Las fuerzas del Partido Progresista, Demócrata y Republicanismo podrían haber constituido una alternativa de poder que diera lugar a un bipartidismo estable.
Era necesario terminar con el intervencionismo del ejército en la vida política española y buscar mecanismos constitucionales que permitieran el acceso al poder de las diferentes facciones del liberalismo, alejando al ejército de su intromisión en la vida política. La nueva monarquía debía basarse en la supremacía del poder civil sobre el militar. El sistema político de la Restauración pretendía superar algunos de los problemas endémicos del liberalismo precedente. Las bases del nuevo sistema quedaron fijadas en la Constitución de 1876, de carácter moderado e inspirada en parte en la de 1845. Establecía los siguientes principios básicos:
- Soberanía compartida entre las Cortes y la Corona. Las Cortes se organizaban en el Congreso y el Senado.
- Reconocimiento de la Corona como uno de los pilares del nuevo régimen, otorgándole derecho de veto, potestad legislativa compartida con las Cortes y el nombramiento de ministros.
- Confesionalidad católica del Estado, tolerándose otros cultos.
- Amplia y minuciosa declaración de derechos, aunque tendieron a restringirlos. Las sociedades obreras quedaban fuera de la ley.
- Establecimiento de la suspensión de garantías constitucionales, lo que dejaba la puerta abierta a una dictadura legal de los afonsistas.
Pacificación del Reino
En los primeros meses de 1876, el ejército puso fin a la Tercera Guerra Carlista, que se libraba desde 1872. La nueva derrota del carlismo permitió al gobierno abolir los privilegios de las provincias vascas. En su lugar, se estipuló un sistema de ‘conciertos económicos’ que consistía en un cierto grado de autonomía fiscal. El final de la guerra carlista permitió el envío de nuevas tropas a Cuba, donde en un par de años se puso fin al conflicto bélico. En 1878 se firmó la Paz de Zanjón, que incluía la abolición de la esclavitud y la promesa de reformas políticas y administrativas por las que Cuba tendría diputados en las Cortes españolas. Esto provocó el inicio de un nuevo conflicto y la insurrección en la Guerra Independentista.
El control de los ayuntamientos por el Gobierno se estableció con la Ley Municipal de 1877, que eliminó la autonomía de los ayuntamientos y la elección popular de los alcaldes. El Gobierno nombró a los alcaldes de la capital de provincia y principales ciudades, mientras que los gobiernos civiles se encargaban de controlar al resto de los alcaldes.