La Restauración Borbónica en España: Sistema Canovista, Turnismo y Nacionalismo Vasco (1874-1931)

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La Restauración Borbónica (1874-1931): Contexto Inicial

La sublevación militar llevada a cabo por el general Martínez Campos contra la I República en 1874 aceleró el nombramiento como rey de Alfonso XII, hijo de Isabel II. Este hizo público desde su exilio en Gran Bretaña el Manifiesto de Sandhurst, escrito por Cánovas del Castillo. En él señalaba que se ponía a disposición de los españoles con la intención de garantizar el funcionamiento del sistema, la estabilidad política y el orden social.

El Sistema Político de Cánovas del Castillo

Bases Ideológicas y la Constitución de 1876

El sistema político, ideado por Cánovas, expresión del liberalismo moderado, se basaba en un sistema de soberanía compartida entre el Rey y las Cortes (considerado por Cánovas como la “constitución interna” del país, incuestionable y al margen de cualquier decisión política). Se articulaba, siguiendo el modelo inglés, mediante dos partidos políticos que se turnarían pacíficamente en el poder.

Inauguradas las Cortes constituyentes en febrero de 1876, Cánovas presentó al Congreso un proyecto de Constitución que había sido previamente elaborado por una “Comisión de notabilidades” formada por 39 personas representantes de distintas tendencias políticas. El Congreso nombró una Comisión dictaminadora de 7 personas.

La Constitución de 1876 es la consecuencia del consenso entre conservadores y liberales: toma de la Constitución moderada de 1845 los amplios poderes para el rey y la confesionalidad del Estado; sin embargo, se acerca a la Constitución democrática de 1869 en aspectos como el reconocimiento explícito de los derechos individuales y políticos. Aunque tenía un claro carácter conservador, se redactó con cierta flexibilidad con el objetivo de que gobernaran los dos partidos del turno de manera estable, sin tener que cambiarla cada vez que un nuevo partido accedía al poder, como había sucedido antes.

Fue promulgada en junio de 1876 y permaneció en vigor hasta el 14 de abril de 1931 (proclamación de la II República), con el paréntesis de la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1929). A pesar de los numerosos cambios políticos, por primera vez existió una Constitución duradera que materializaba los rasgos políticos del sistema.

Bipartidismo y el Turno Pacífico

Cánovas concibió un sistema bipartidista en el que dos partidos se turnasen en el gobierno sin tener que recurrir al apoyo del ejército en forma de pronunciamiento o golpe de Estado. Se trataba de partidos de notables, es decir, de líderes políticos con sus respectivas clientelas, sus órganos de prensa y sus apoyos locales. Los dos partidos dinásticos fueron:

  • Partido Liberal-Conservador: Creado y liderado, hasta su asesinato en 1897, por Cánovas del Castillo, que sustituía al antiguo Partido Moderado.
  • Partido Liberal-Fusionista: Fundado por Sagasta, con un programa más progresista, que incluía algunos ideales del Sexenio Democrático.

Ambos coincidían ideológicamente en lo fundamental: la defensa de la Monarquía, de la Constitución y de la propiedad privada, así como la consolidación del Estado liberal, unitario y centralista. El apoyo social de ambos partidos estaba en la alta burguesía y la clase media acomodada.

Estas dos grandes opciones dinásticas se alternaban regularmente en el poder, funcionando el sistema con regularidad hasta 1898. Tras la muerte del rey Alfonso XII (1885), se impulsó un acuerdo entre conservadores y liberales, el llamado Pacto del Pardo, para dar apoyo a la regencia de María Cristina de Habsburgo y garantizar la continuidad de la monarquía ante las fuertes presiones de carlistas y republicanos.

El Fraude Electoral: Encasillado y Caciquismo

La alternancia regular en el poder entre los dos partidos de turno quedaba garantizada porque se invertía el proceso normal en un sistema democrático: cuando el gobierno experimentaba desgaste en su gestión, el Rey nombraba Presidente del Gobierno al líder de la oposición, a quien le otorgaba el decreto de disolución de Cortes y de convocatoria de nuevas elecciones, para conseguir en ellas una mayoría parlamentaria suficiente para gobernar.

El resultado de las elecciones era acordado de antemano por ambos partidos. La alternancia en el poder se lograba de forma artificial. El proceso de preparación de las elecciones comenzaba con el encasillado: el Ministerio de la Gobernación rellenaba las casillas de los distritos electorales con los nombres de los candidatos que el Gobierno tenía previsto que resultasen elegidos.

El Gobernador Civil de cada provincia, adicto al partido ahora en el gobierno, buscaba el acuerdo con los caciques para conseguir ajustar los resultados electorales a las instrucciones recibidas del Ministerio de la Gobernación. El cacique era el hombre más influyente de una localidad o comarca y ejercía el poder sobre los electores de la zona. La base de su poder residía en el control de los actos de la Administración y en la influencia que ejercía en el gobernador provincial y en el Gobierno. De este modo, el cacique podía realizar y solicitar favores, agilizar trámites y gestiones y, a cambio, recibía la lealtad de los electores de su localidad o comarca.

Un conjunto de trampas electorales —compra de votos, falsificación del censo, inclusión de votos falsos en las urnas (pucherazo), manipulación de actas electorales, etc.— era la forma de conseguir los resultados previstos.

Críticas al Sistema: Regeneracionismo y la Crisis del 98

El sistema político de la Restauración, diseñado por Cánovas, se inscribe en la profunda crítica de los regeneracionistas, crítica que se acentuó tras la humillación sufrida por el pueblo español tras el “desastre del 98”.

Como denunciaban los regeneracionistas, entre ellos Joaquín Costa, la España “oficial” y la España “real” no tenían nada que ver. El sistema de la Restauración representaba los intereses de la alta burguesía, de la Iglesia y la alta oficialidad del ejército (la España “oficial”), dejando fuera de la vida pública a la pequeña burguesía, las clases populares urbanas y al proletariado agrario e industrial (la España “real”).

Todas estas prácticas fraudulentas llevaron al desencanto de una buena parte de la población, que se concretó en un elevado abstencionismo electoral. La prensa extranjera presentó a España como una “nación moribunda”, con un ejército ineficaz, un sistema político corrupto y unos políticos incompetentes. Las críticas de los regeneracionistas provocaron que los gobiernos, tras la crisis del 98, intentaran una política reformista de tono regeneracionista, que se limitó a dejar que el sistema siguiese funcionando con cambios mínimos.

El Pluralismo Vasco y el Surgimiento del Nacionalismo

Contexto Político y Social en el País Vasco

El pluralismo vasco durante la Restauración (1874-1931) se explicó por diversas causas políticas, sociales y culturales. En primer lugar, la diversidad ideológica interna del País Vasco, con movimientos como el carlismo (defensa de los fueros y el tradicionalismo), el republicanismo (abogando por una organización federal) y el nacionalismo vasco (liderado por el PNV, que buscaba autonomía y en última instancia independencia), generó una complejidad política.

El sistema foral, que otorgaba amplios privilegios a las provincias vascas, fue otro factor clave, ya que los vascos defendían su autonomía y derechos históricos. La rápida industrialización, especialmente en Vizcaya y Guipúzcoa, transformó la estructura social, creando tensiones entre la clase obrera, los empresarios y las élites políticas.

La relación con el Estado central fue ambigua, con intentos de centralización que chocaron con el sentimiento autonomista vasco. Finalmente, el nacionalismo vasco ganó fuerza en este contexto, buscando la preservación de la identidad cultural, lingüística y política. Estos factores contribuyeron a un pluralismo político en el País Vasco durante la Restauración.

Causas del Nacionalismo Vasco

El nacionalismo vasco surge como reacción de la sociedad tradicional frente al nuevo Estado liberal creado en España a lo largo del siglo XIX. Las tres causas fundamentales que explican sus orígenes son:

  1. El resurgimiento del foralismo: La abolición de los fueros en 1876 provocó una reacción en defensa de las instituciones suprimidas. Aunque en 1878 se aprobaron los Conciertos Económicos, que permitían una autonomía fiscal, en Bizkaia surgió un movimiento en defensa de los derechos forales.
  2. La defensa del euskera y la cultura vasca: Por parte de los intelectuales vascos ante la política cultural uniformista practicada por el liberalismo.
  3. El rechazo ante las bruscas transformaciones sociales: Provocadas por la acelerada industrialización de Bizkaia. La llegada de numerosos inmigrantes procedentes de otras zonas de España (denominados despectivamente maketos) con su idioma y costumbres, a la zona minera e industrial de Bilbao (percibida como la “invasión” española), ponía en peligro la identidad de Bizkaia (etnia, euskera y tradiciones) y era considerada la causante de los males de la sociedad tradicional, sustentada en la vida rural, el catolicismo y las señas de identidad vascas.

El campesinado católico y fuerista, desencantado por la derrota carlista, y principalmente la mediana y pequeña burguesía bilbaína fueron los principales receptores del nacionalismo.

Sabino Arana y la Fundación del PNV

El gran propulsor del nacionalismo vasco fue Sabino de Arana-Goiri (1865-1903), de familia burguesa profundamente católica y carlista. Su concepto de nación, muy tradicionalista, lo formuló en el lema “Jaungoikoa eta Lagizarra” (Dios y Ley antigua).

  • En el plano religioso (Jaungoikoa), entendía que la religión católica era inherente al alma vasca y proclamaba la subordinación de lo civil a lo religioso.
  • En el plano político (Lagizarra), consideraba que para un pueblo diferente –de raza, leyes, costumbres y, sobre todo, lengua distinta– recuperar los fueros totales era volver a la libertad originaria. Impulsó la lengua y costumbres vascas y defendió la pureza racial del pueblo vasco.

Arana popularizó un nuevo nombre para su patria, Euzkadi, y una bandera propia para Bizkaia, la ikurriña, adoptada luego como bandera del PNV y más tarde como bandera de Euzkadi en 1936.

En 1892 publica “Bizcaya por su independencia”, recopilación de artículos en los que denunciaba la situación de opresión de Bizkaia y abogaba por su independencia. En 1893 reunió a un grupo de amigos en el caserío Larrazabal (Discurso de Larrazabal), a quienes presentó su ideario nacionalista resumido en el lema Jaungoikoa eta Lege Zarra, anunciándoles la constitución de una asociación nacionalista cuyos estatutos ya había redactado.

El 14 de julio de 1894, fundó el primer centro nacionalista, “Euskeldun Batzokija”, en la calle Correo de Bilbao, izándose por primera vez la ikurriña, diseñada por Sabino y Luis Arana. Al día siguiente, sus miembros aprobaron en Junta General sus estatutos y eligieron como presidente a Sabino Arana. Fue suspendido por el Gobierno Civil en septiembre de 1895.

El 31 de julio de 1895, se fundó, de forma clandestina, el Partido Nacionalista Vasco (PNV - Euzko Alderdi Jeltzalea), inicialmente para vizcaínos, con la finalidad de restaurar los fueros tradicionales. La represión gubernamental no se hizo esperar. Arana permaneció en la cárcel desde septiembre de 1895 hasta enero de 1896.

Sobre todo, a raíz de salir elegido diputado provincial en 1898, la posición política de Arana se moderó al aceptar que la autonomía debía alcanzarse desde la legalidad y dentro de la unidad del Estado español. Esto facilitó la entrada en el partido a sectores de la alta burguesía industrial vasca, que veían en el nacionalismo un posible aliado ante el incremento del movimiento obrero. La muerte prematura de Arana en 1903 marcó la evolución del nacionalismo posterior.

Evolución y Consolidación del Nacionalismo Vasco

Desde la muerte de Arana, convivían dos tendencias dentro del partido:

  • El nacionalismo autonomista, industrial y urbano de Ramón de la Sota, apoyado por la alta burguesía moderna e industrial. Su revista era Euskalduna. Controlaron el partido, que en 1916 adoptó el nombre de Comunión Nacionalista Vasca (CNV).
  • El nacionalismo independentista, etnicista y ruralista de Luis Arana, apoyado por la alta burguesía bilbaína tradicionalista. Su revista era Aberri. En 1921 fueron expulsados de Comunión Nacionalista Vasca y fundaron un partido que retomó el nombre de Partido Nacionalista Vasco (PNV).

El nacionalismo vasco se reunificó en la Asamblea de Bergara de noviembre de 1930 bajo la primera denominación de Partido Nacionalista Vasco (PNV). Ese mismo año, en diciembre de 1930, se produjo una escisión con los elementos más liberales del partido, que fundaron un nuevo partido, aconfesional y republicano: Acción Nacionalista Vasca (ANV).

El Partido Nacionalista Vasco incrementó su presencia electoral y su influencia en la sociedad vasca. En 1911 creó un sindicato nacionalista y católico, Solidaridad de Obreros Vascos (ELA-STV), para apartar a los obreros vascos del sindicato socialista. A partir de 1917, el nacionalismo vasco empezó a tener una representación parlamentaria notable, obteniendo en las elecciones 6 de los 7 escaños de Bizkaia. Su principal rival en la defensa vasca fue el carlismo, que también reclamaba la vuelta de los fueros, y que en Navarra tenía mucha fuerza.

Consecuencias del Pluralismo Vasco

El pluralismo vasco durante la Restauración tuvo varias consecuencias:

  • Promovió la fragmentación política, con movimientos como el carlismo, el republicanismo y el nacionalismo vasco, que dificultaron la consolidación de un frente político único en la región.
  • Favoreció el crecimiento del nacionalismo vasco, especialmente con el Partido Nacionalista Vasco, que defendió los fueros y la identidad vasca, sentando las bases para un movimiento autonomista.
  • La defensa de los fueros permitió que las provincias vascas conservaran un grado considerable de autonomía, lo que generó tensiones con el gobierno central, que buscaba centralizar el poder.
  • La industrialización, especialmente en Vizcaya y Guipúzcoa, dio lugar a una clase obrera activa, lo que promovió movilizaciones sociales y conflictos laborales.
  • Además, el pluralismo cultural permitió un resurgimiento de la identidad vasca, con un renacimiento del euskera y las tradiciones vascas.

En conjunto, este pluralismo político y social desafió la unidad del Estado español y contribuyó a la inestabilidad política que desembocó en la crisis de la Restauración.

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