La Restauración Borbónica en España: Un Sistema Político Controvertido
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El Sistema Político de la Restauración Borbónica en España (1874-1923)
Según el plan de Cánovas del Castillo, seguidamente debería producirse la designación de Alfonso XII como soberano por las Cortes. Sin embargo, adelantándose a estos planes, el 29 de diciembre de 1874, el general Martínez Campos efectuó un pronunciamiento en Sagunto que, aceptado por Serrano y el Ejército, significó la proclamación del joven monarca.
Todos estos principios representaban la auténtica “constitución interna” de España, según el modelo británico que tanto admiraba Cánovas, y el fundamento de la nación.
El carlismo y los partidos republicanos y obreros quedaron excluidos del sistema.
Principios Fundamentales del Sistema Canovista
- Aceptación de un compromiso constructivo en la acción política, entendida como “el arte de lo posible”: lo conseguido por un partido durante su estancia en el poder no debía ser ignorado o suprimido por otro. Este compromiso formulado por Cánovas implicaba la existencia de un juego político de pactos entre dos partidos políticos, que se alternaban pacíficamente en el poder.
De esta forma, el soberano se situaba por encima del Gobierno y de las Cortes, siguiendo las pautas más tradicionales del liberalismo español más conservador.
Ambas Cámaras compartían con el rey la iniciativa legislativa.
La mayoría se regularon por leyes posteriores, como fue el caso del derecho de asociación.
Los Partidos Políticos y la Dinámica del Sistema
La dinámica del sistema de la Restauración requería la existencia de dos partidos políticos: el Partido Liberal Conservador, presidido por Antonio Cánovas del Castillo, y configurado como el ala derecha del régimen, y el Partido Liberal Fusionista, liderado por Práxedes Mateo Sagasta, y que representó el ala izquierda del régimen.
Partido Liberal Conservador
El Partido Liberal Conservador, más conocido como “conservador” a secas, conectaba con el moderantismo y el centro del periodo isabelino. La militancia de este “partido de notables” la formaron preferentemente la aristocracia y los grandes propietarios.
Partido Liberal Fusionista
El Partido Liberal Fusionista o “liberal” a secas, fue el resultado de la adhesión al sistema de políticos (progresistas, radicales, constitucionalistas, etc.) ya activos durante el Sexenio Democrático. Más que un partido era la suma de una serie de grupos unidos por la personalidad de Sagasta. Aunque sus miembros habían perdido gran parte del fervor progresista que habían tenido en otro tiempo, representaron la izquierda del régimen y bajo sus gobiernos se aprobaron leyes como el reconocimiento del derecho de asociación o el sufragio universal masculino.
Veamos ahora en qué consistía este sistema de alternancia pacífica en el poder y cuáles eran sus principales ventajas y desventajas.
La Trastienda del Sistema Político de la Restauración: Falseamiento Electoral y Caciquismo
El sistema creado por Cánovas adolecía de un defecto de origen nefasto para un sistema democrático: no era un régimen verdaderamente representativo. El régimen canovista era una democracia al revés: en lugar de ser los ciudadanos los que elegían en las elecciones a sus Gobiernos, eran éstos los que, por manipulación electoral, establecían la composición del Parlamento.
Se practicaron todo tipo de fraudes (control de las urnas, intervención de las autoridades locales, actas en blanco, pucherazos, etc.) para asegurar la elección de los candidatos pactados previamente entre los dos partidos dinásticos.
Lo habitual era que los gobiernos cambiaran al producirse una crisis interna en el partido gobernante o cuando se llegaba a un acuerdo entre éste y la oposición, al margen de la composición parlamentaria. Una vez designado el nuevo Gobierno, el rey, haciendo uso de sus prerrogativas, disolvía las Cortes.
Las elecciones se manipulaban a través del encasillado y el pucherazo.
De esta forma, el partido en el Gobierno se aseguraba una amplia mayoría de escaños en el Congreso, mientras que el partido que permanecía en la oposición conseguía también un mínimo de escaños para sus figuras más destacadas. A veces, se elegía a algún político que no pertenecía ni al Partido Conservador ni al Liberal.
Se cometieron todo tipo de irregularidades: desde la compra de votos y la intimidación, hasta la colocación de las urnas en lugares inaccesibles o la utilización del nombre de electores fallecidos.