La Restauración Borbónica: Sistema Canovista, Bipartidismo y Crisis

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La Restauración Borbónica: Implantación y Características del Sistema Canovista

La Restauración de la Dinastía Borbónica en España comenzó con la monarquía de Alfonso XII tras la crisis del Sexenio Revolucionario, un periodo de democracia caracterizado por una gran inestabilidad política, con el monarca exiliado, una república fallida, las guerras carlista y de Cuba, y numerosas sublevaciones. El desgaste de la sociedad española llevó a un creciente apoyo al retorno de la monarquía.

El Arquitecto de la Restauración: Antonio Cánovas del Castillo

Antonio Cánovas del Castillo fue el principal arquitecto de la Restauración y defensor del bipartidismo, inspirándose en el modelo político británico. En diciembre de 1874, Cánovas redactó el Manifiesto de Sandhurst, firmado por Alfonso XII, donde se proclamaba la necesidad de una monarquía constitucional. Poco después, el 29 de diciembre de 1874, el general Martínez Campos realizó el pronunciamiento de Sagunto, proclamando a Alfonso XII rey de España e iniciando oficialmente la Restauración Borbónica.

La Constitución de 1876

La Constitución de 1876 fue elaborada en un contexto donde Cánovas buscaba equilibrar tradición y progresismo, logrando un acuerdo entre conservadores y liberales. Las Cortes Constituyentes, elegidas por sufragio universal en 1876, establecieron un sistema que garantizaba ciertos derechos y libertades, como la inviolabilidad del domicilio y la correspondencia, así como la libertad de conciencia, expresión, reunión y asociación. Sin embargo, España se mantuvo como un Estado confesional católico, aunque con libertad de culto. La soberanía quedó compartida entre el rey y las Cortes, que eran bicamerales: el Congreso de los Diputados era electo, mientras que el Senado se componía de grandes contribuyentes, miembros designados por el rey e instituciones como la Iglesia y las universidades.

La Ley Electoral de 1876 estableció un sufragio censitario que solo permitía votar al 5% de la población, aunque en 1890 se instauró el sufragio universal masculino para mayores de 25 años. Aun así, el sistema electoral estaba dominado por la corrupción y el caciquismo, con fraudes y manipulaciones constantes.

El Bipartidismo Dinástico y el Turno Pacíficio

El bipartidismo dinástico impulsado por Cánovas se basaba en el turno pacífico del poder entre los dos grandes partidos con el apoyo del rey: el Partido Conservador, liderado por Cánovas y respaldado por las clases altas, y el Partido Liberal, encabezado por Sagasta y apoyado por las clases medias. A pesar de sus matices ideológicos, ambos partidos compartían un carácter liberal y burgués.

Sin embargo, el sistema aparentaba ser parlamentario cuando, en realidad, el rey y los partidos pactaban de antemano el cambio de gobierno. Antes de cada elección, el monarca nombraba al nuevo presidente del otro partido y posteriormente se organizaban elecciones manipuladas para asegurar una mayoría parlamentaria al nuevo gobierno.

El Fraude Electoral y el Caciquismo

El fraude electoral se llevaba a cabo mediante el encasillado, un sistema en el que el ministro de Gobernación decidía de antemano quién ganaría en cada distrito, repartiendo escaños para garantizar la alternancia de poder. Además, los gobernadores civiles y los caciques manipulaban las elecciones mediante la compra de votos, coacciones a los votantes y el "pucherazo", que consistía en la falsificación de votos y actas.

Los caciques eran figuras poderosas en cada comarca que controlaban el voto a cambio de favores como empleos, infraestructuras y servicios. Aunque algunos caciques actuaban como benefactores, el sistema en su conjunto era profundamente corrupto.

Otro elemento característico del caciquismo era el diputado cunero, un candidato impuesto en un distrito sin tener relación con él, lo que convertía la política en un juego de intrigas y luchas internas dentro de los partidos.

Como consecuencia, el caciquismo generó una gran desconexión entre la España oficial y la España real, ya que los ciudadanos no decidían realmente nada en las elecciones. La corrupción se generalizó, aunque el sistema garantizó una relativa estabilidad política durante décadas.

El Régimen de la Restauración: Alfonso XII, la Regencia y la Alternancia

La Restauración de la Dinastía Borbónica en España con Alfonso XII se produce en un contexto de crisis tras el Sexenio Revolucionario (1868-1874). Durante este período, España experimentó su primera etapa democrática, pero también una gran inestabilidad política, caracterizada por el exilio de Isabel II, la breve Primera República con cuatro presidentes en un año, la persistencia de conflictos como la Guerra Carlista y la insurrección en Cuba, además de sublevaciones cantonales y numerosos pronunciamientos militares. Para 1874, la sociedad española ansiaba estabilidad, lo que llevó a plantear el retorno de la monarquía.

Antonio Cánovas del Castillo fue la figura clave en el proceso de restauración. De ideología conservadora y admirador del bipartidismo británico, su objetivo era instaurar una monarquía constitucional basada en la alternancia de partidos, un sistema que se conocería como "canovismo". En diciembre de 1874, Cánovas redactó el Manifiesto de Sandhurst, firmado por Alfonso XII, en el que se defendía la restauración de la monarquía constitucional. No obstante, el regreso de Alfonso XII al trono se precipitó cuando, el 29 de diciembre de 1874, el general Martínez Campos se adelantó con el pronunciamiento de Sagunto y proclamó a Alfonso XII como rey de España, iniciando oficialmente la Restauración Borbónica.

La Restauración se desarrolló en varias etapas: el reinado de Alfonso XII (1875-1885), la regencia de María Cristina tras la muerte del monarca (1885-1902) y el inicio del reinado de Alfonso XIII en 1902. Durante este período, se estableció un sistema bipartidista inspirado en el modelo británico, diseñado por Cánovas del Castillo. Este sistema se basaba en la alternancia en el poder de dos partidos que aceptaban la monarquía y contaban con el respaldo del rey: el Partido Conservador, liderado por Cánovas, de tendencia derechista y apoyado por las clases altas, y el Partido Liberal, dirigido por Sagasta, más progresista y con el respaldo de las clases medias. Sin embargo, esta alternancia no era realmente democrática, ya que las elecciones estaban manipuladas mediante el caciquismo.

La Regencia de María Cristina y el Pacto de El Pardo

La muerte de Alfonso XII en 1885 llevó a la regencia de María Cristina hasta que su hijo, Alfonso XIII, alcanzara la mayoría de edad. Ante el riesgo de levantamientos carlistas y republicanos, conservadores y liberales firmaron el Pacto de El Pardo para garantizar la estabilidad del sistema. Sagasta asumió el gobierno en 1885, dando inicio a la primera alternancia pacífica en el poder. Su mandato, conocido como el "Parlamento largo" (1885-1890), estuvo marcado por una serie de reformas liberales como la Ley de Asociaciones, que legalizó los sindicatos y asociaciones obreras; la legalización de todos los partidos políticos; la introducción del juicio por jurado; y, en 1890, la instauración del sufragio universal masculino, lo que permitió elecciones más democráticas y la entrada de 30 diputados republicanos en el Congreso.

El Declive del Sistema de la Restauración

Sin embargo, el sistema de la Restauración comenzó a resquebrajarse a finales del siglo XIX. En 1897, el asesinato de Cánovas del Castillo supuso un duro golpe al modelo político que él había diseñado. Además, la Guerra de Cuba (1895-1898) culminó con el Desastre del 98 y la pérdida de las últimas colonias de ultramar (Cuba, Puerto Rico y Filipinas), lo que marcó el inicio de la crisis del sistema de la Restauración y debilitó el turnismo, dando paso a una nueva etapa de incertidumbre política en España.

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