Restauración, Liberalismo y Nacionalismo en la Europa del Siglo XIX: Unificaciones de Italia y Alemania
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Restauración, Liberalismo y Nacionalismo en la Europa del Siglo XIX
El Congreso de Viena y la Restauración del Absolutismo
Tras la caída de Napoleón, el Congreso de Viena (1814-1815) marcó el inicio de la Restauración, un periodo caracterizado por el retorno al absolutismo monárquico. Las principales potencias europeas, Rusia, Reino Unido, Prusia y Austria, se repartieron el continente, y Francia volvió a sus fronteras de 1792. Además, se creó la Santa Alianza, un tratado de ayuda mutua entre las monarquías absolutas para sofocar cualquier intento de revolución liberal.
El Auge del Liberalismo y el Nacionalismo
A pesar de los esfuerzos por restaurar el Antiguo Régimen, el liberalismo y el nacionalismo emergieron como poderosas fuerzas opositoras al absolutismo.
- El Liberalismo: Esta ideología política se centraba en el individuo como ciudadano, y en la nación como conjunto de estos, la cual detenta la soberanía. Los liberales abogaban por la creación de un Parlamento elegido por sufragio, encargado de elaborar las leyes. La Constitución debía garantizar la división de poderes y proteger los derechos fundamentales, entre ellos, el derecho de propiedad. Además, defendían la no intervención del Estado en asuntos económicos.
- El Nacionalismo: Esta ideología política sostiene el derecho de los pueblos a decidir sobre sí mismos y a defender su soberanía. Los movimientos nacionalistas buscaban reagrupar en unas mismas fronteras a los miembros de una comunidad nacional. Esto impulsó las luchas de italianos y alemanes por unificarse en un único Estado.
Las Revoluciones Liberales y Nacionales
Revoluciones de 1820
En la década de 1820, diversos países intentaron acabar con el absolutismo. Grecia logró su independencia del Imperio Otomano en 1829. Las colonias españolas de América occidental también obtuvieron su independencia.
Revoluciones de 1830
Las revoluciones de 1830 se extendieron por Europa central y occidental. En varios países, el absolutismo fue reemplazado por sistemas constitucionales, aunque con libertades limitadas. Francia, Bélgica, Gran Bretaña y España se rebelaron contra el absolutismo y triunfaron, excepto Polonia.
La Primavera de los Pueblos (1848)
En 1848, una nueva ola revolucionaria, conocida como la "Primavera de los Pueblos", sacudió Europa. En Europa occidental, surgieron con fuerza las ideas democráticas: sufragio universal, soberanía popular, igualdad social y derechos para los trabajadores. En Francia, se proclamó la República Social. También hubo revueltas en el Imperio Austriaco y en los estados germánicos.
Las Unificaciones de Italia y Alemania
En la segunda mitad del siglo XIX, se lograron las unificaciones de Italia y Alemania, tras una serie de guerras lideradas por la burguesía.
Unificación Italiana
Italia estaba dividida en seis estados. Solo el reino de Piamonte se mostraba a favor de la unificación, iniciando una guerra contra Austria. Giuseppe Garibaldi lideró un levantamiento popular que conquistó el centro y el sur de Italia. En 1861, Víctor Manuel II de Piamonte fue proclamado rey de la Italia unificada.
Unificación Alemana
Alemania estaba fragmentada en 36 estados. La principal dificultad para la unificación era la rivalidad entre Prusia y Austria. Prusia lideró el proceso, agrupando a los estados alemanes, excepto Austria. En 1848, un parlamento ofreció al rey de Prusia la corona de una Alemania unificada, pero este la rechazó por provenir de un parlamento liberal. Otto von Bismarck, canciller de Prusia, optó por la guerra como camino hacia la unificación. Tras vencer a Austria y Francia, Bismarck logró unificar Alemania bajo el poder del rey de Prusia. En 1871, tras la batalla de Sedán, se proclamó el Segundo Imperio Alemán y Guillermo I fue proclamado káiser (emperador).
La Europa de Finales del Siglo XIX
En el último tercio del siglo XIX, Europa parecía haber alcanzado una cierta estabilidad política y de fronteras. Sin embargo, en el Imperio Austriaco y el Imperio Turco persistían graves problemas nacionales, ya que algunos pueblos aspiraban a la independencia. En Europa occidental, la lucha política se centraba en el avance de la democracia, la ampliación de las libertades y el reconocimiento de los derechos sociales.