Restauración, Trienio Liberal y Década Ominosa: La España de Fernando VII

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Introducción

Fernando VII fue liberado en 1813 por Napoleón tras la firma del Tratado de Valençay. Los liberales, que desconfiaban del monarca, organizaron que el rey viajara directamente a Madrid para jurar la Constitución de 1812 y aceptar el nuevo marco político. Por su parte, los absolutistas, la nobleza y el clero sabían que la vuelta del monarca era su oportunidad para restaurar el Antiguo Régimen. Finalmente, el reinado de Fernando VII reimplantó el absolutismo monárquico.

El Sexenio Absolutista (1814-1820)

Durante el Sexenio Absolutista, la nobleza y el clero demandaron la restauración del absolutismo a través del Manifiesto de los Persas (1814). Fernando VII traicionó sus promesas y anuló la Constitución y las leyes de Cádiz tras el Decreto de Valencia (1814), lo que supuso la vuelta al absolutismo y al Antiguo Régimen. El gobierno del país recayó en una “Camarilla” formada por hombres de confianza del rey.

La situación económica era pésima, con un país destruido y unas infraestructuras muy dañadas. En 1808 se produjo una quiebra financiera por la cual se declaró la bancarrota del Estado. Este contexto generó un clima de agitación social que daría lugar a distintas sublevaciones. El sector liberal del ejército no aceptó el retorno al absolutismo y, con ayuda de sociedades secretas, intentó restablecer la constitución mediante pronunciamientos como los de Espoz y Mina (1814) en Pamplona, Porlier en La Coruña (1815) o Lacy en Barcelona (1817). Finalmente, triunfó el encabezado por Riego el 1 de enero de 1820.

El Trienio Liberal (1820-1823)

Durante el Trienio Liberal, un sector del ejército se levantó contra el absolutismo del rey. La sublevación se produjo en Cabezas de San Juan (Sevilla) en 1820, dirigida por Rafael de Riego y Antonio Quiroga. Como consecuencia, Fernando VII tuvo que aceptar un gobierno de liberales moderados presidido por Argüelles, acatando la Constitución de 1812 y las reformas liberales.

Los absolutistas, sosteniendo que el rey no era libre, organizaron la Regencia de Urgell (1822), pero fueron disueltos por los liberales. Las nuevas medidas provocaron el descontento de los campesinos al establecer la monetización de las rentas, quienes se sumaron a la agitación antiliberal. La nobleza y el clero impulsaron la revuelta contra los gobernantes del Trienio. Se creó la Milicia Nacional, compuesta por voluntarios armados para defender la Constitución, en un periodo de gran agitación política con la formación de sociedades patrióticas y la publicación de periódicos de propaganda política. Las tensiones internas dividieron a los liberales en dos grupos:

  • Moderados: Defensores de los principios de Cádiz y partidarios de reformas que no perjudicaran a las élites sociales. Su máximo representante fue Martínez de la Rosa.
  • Exaltados: Planteaban reformas radicales favorables a las clases medias y populares. Su máxima figura fue Evaristo San Miguel.

El rey se apoyó en los moderados, mientras Fernando VII paralizaba cualquier intento de reforma, manteniendo un clima de agitación social que daría lugar a distintas sublevaciones por parte del sector liberal.

La Década Ominosa o Segunda Etapa Absolutista (1823-1833)

Fernando VII pidió ayuda en secreto a la Santa Alianza, la cual, reunida en el Congreso de Verona (1822), decidió intervenir. Francia fue la encargada de las operaciones militares y un ejército, “Los Cien Mil Hijos de San Luis”, dirigidos por el duque de Angulema, entró en España y restauró el absolutismo. Se creó un cuerpo militar absolutista denominado Voluntarios Realistas.

El problema del déficit económico se solucionó con un estricto control de gastos, estableciendo un presupuesto anual del Estado e intentando aumentar la demanda. El rey intentó un acercamiento a los liberales más moderados, lo que provocó la reacción de los absolutistas más radicales, quienes apoyaban a Carlos María Isidro (hermano del rey y sucesor). Esto derivó en la Revuelta de los Agraviados (1827).

La cuestión sucesoria: La Pragmática Sanción

Fernando VII, con su cuarta mujer, tuvo una niña: la princesa Isabel. Debido a la existencia de la Ley Sálica, el monarca publicó la Pragmática Sanción (1830), que permitía reinar a las mujeres. Los absolutistas que apoyaban a Carlos consiguieron temporalmente la derogación de la Pragmática Sanción y la vuelta a la Ley Sálica durante los Sucesos de la Granja (1832). Sin embargo, Fernando VII volvió a implantar la Pragmática Sanción y, a su muerte, las Cortes proclamaron heredera a Isabel.

Conclusión

Tras la muerte de Fernando VII en 1833, con Isabel contando solo 3 años de edad, la regencia quedó en manos de su madre María Cristina (1833-1840). Isabel reinó con la ayuda de los liberales. El mismo día de la muerte del monarca, Carlos María se proclamó rey mediante el Manifiesto de Abrantes, iniciándose así la Primera Guerra Carlista. Finalmente, Isabel II consolidaría definitivamente el sistema liberal en España.

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