La Revolución de 1868 y la Constitución de 1869: Un Cambio de Régimen en España

Clasificado en Historia

Escrito el en español con un tamaño de 2,88 KB

La Revolución de 1868: El Fin del Reinado de Isabel II

El triunfo de la Gloriosa de 1868 acabó con el reinado de Isabel II. Anteriormente, España atravesaba una profunda crisis financiera e industrial. Sin embargo, el principal problema eran las crisis de subsistencia, debidas a la subida de los precios de los productos de primera necesidad. Después de la revuelta del Cuartel de San Gil, el general Narváez fue apartado del poder.

El Partido Progresista de Prim no se presentó a las elecciones y firmó el Pacto de Ostende en 1867 con el Partido Demócrata para acabar con el moderantismo y el reinado isabelino. A este pacto se unieron posteriormente los Unionistas de Serrano.

En septiembre de 1868, se produjo un alzamiento militar en Cádiz contra el gobierno de Isabel II, apoyado por Prim y Serrano. La reina envió un ejército; ambas fuerzas se enfrentaron en la Batalla de Alcolea. La revolución triunfó, el gobierno dimitió y la reina se fue al exilio.

Tras el éxito del levantamiento, se formaron juntas revolucionarias que demandaban:

  • Libertad
  • Soberanía nacional
  • Aconfesionalidad del Estado
  • Sufragio universal

Se nombró un Gobierno Provisional centrista, con Serrano como regente y Prim como presidente. Por último, se convocaron elecciones a Cortes Constituyentes para aprobar una nueva Constitución.

La Constitución de 1869 y el Sexenio Democrático

El nuevo Gobierno Provisional, presidido por Prim, promulgó una serie de decretos y convocó elecciones a Cortes Constituyentes mediante sufragio universal masculino en 1869. Estas elecciones dieron la victoria a la coalición gubernamental (Progresista, Unionista y un sector moderado).

La Constitución de 1869, de carácter liberal y democrático, estableció la soberanía nacional y un amplio conjunto de derechos y libertades. Las Cortes establecieron una regencia que recayó sobre Serrano, mientras que Prim fue jefe del Gobierno.

Uno de los objetivos de la Gloriosa era reorientar la política económica, la cual se caracterizó por la defensa del librecambismo y la apertura del mercado español a la entrada de capital extranjero.

Sin embargo, la forma de gobierno monárquica disgustó a los republicanos, campesinos y obreros que no veían mejorar su situación. El campesinado demandaba un mejor reparto de la tierra y los obreros, unas mejores condiciones salariales. Como consecuencia de esta crisis social y política, se eligió a un nuevo rey: Amadeo de Saboya.

Entradas relacionadas: