Revolución Francesa: Convención, Directorio e Imperio Napoleónico

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La Convención (1792-1795)

Después de unas elecciones en septiembre, se creó un nuevo parlamento: la Convención, que abolió la monarquía y proclamó la república. Uno de los debates más encendidos enfrentó a los girondinos, más moderados, con los jacobinos. El proceso abierto al rey culminó con la presión de los jacobinos, quienes consiguieron que el monarca fuera juzgado y condenado a muerte. En 1793, Luis XVI fue guillotinado, lo que propició la creación de una coalición internacional formada por Austria, Prusia, Gran Bretaña, Holanda y España.

En 1793, Robespierre llegó al poder. Los jacobinos habían conseguido desplazar del gobierno a los girondinos. El período más exaltado de la revolución fue la Convención Jacobina. Se proclamó una nueva constitución con un carácter más democrático y social que la anterior, basada en la soberanía popular y el sufragio universal. Al mismo tiempo, se dictaron toda una serie de reformas sociales que afectaban a la propiedad de la tierra, los salarios mínimos y el precio de los artículos de primera necesidad, recogiendo así algunas de las demandas de las clases populares más radicales.

Robespierre decretó una serie de medidas excepcionales que pretendían eliminar a los enemigos de la revolución, el "despotismo de la libertad", una sangrienta política represiva que se conoce como el Terror.

El Directorio (1795-1799)

Se produjo lo que se conoce como la Reacción Termidoriana. La burguesía moderada, con el apoyo del ejército, puso fin a la experiencia de la república igualitaria y jacobina. Robespierre y sus principales partidarios fueron detenidos y acabaron en la guillotina. La Convención pasó a manos de dirigentes conservadores que anularon la legislación democrática y decretaron la Constitución del Año III, con el sufragio censitario y un poder ejecutivo encabezado por un Directorio.

El Directorio fue la última etapa de la revolución y estuvo marcado por un giro conservador apoyado por la burguesía propietaria. Los éxitos militares en el exterior hicieron que el ejército cobrara protagonismo político y se convirtiera en la principal garantía de la conservación del orden social. Uno de los generales más destacados fue Napoleón Bonaparte, protagonista del golpe de estado que dio por terminado el proceso revolucionario.

La Construcción del Imperio Napoleónico

El golpe de estado de noviembre de 1799 instauró un Consulado. Napoleón tenía que compartir el poder ejecutivo con otros dos cónsules. En 1802, el joven y ambicioso general ya se había convertido en cónsul único y vitalicio. El Consulado era en la práctica una dictadura personal.

El primer artículo de la constitución confiaba todos los poderes de la república a un emperador que tomaba el título de "Emperador de los Franceses". El 2 de diciembre de ese año, en presencia del Papa Pío VII, Napoleón I se coronó a sí mismo en la Catedral de Notre Dame. Comenzó una serie de reformas administrativas que pretendían mantener algunos de los principios del liberalismo moderado. El culto católico volvió a tener reconocimiento y el apoyo del estado. Se promulgó el Código Civil, el Código de Comercio y el Código Penal, que reconocían las principales reivindicaciones de la burguesía: las libertades individuales básicas, la igualdad ante la ley, la defensa del derecho de propiedad, etc. Establecían la igualdad fiscal, la educación primaria universal y la centralización administrativa, sentando las bases de la organización del estado francés contemporáneo.

El Imperio Napoleónico extendió sus fronteras por toda Europa, después de las victorias contra los austriacos, los prusianos y los rusos, y de la invasión de España y Portugal.

La Derrota Napoleónica

Terminó con la derrota sufrida en Waterloo frente a un ejército internacional formado por tropas inglesas, prusianas, austriacas y rusas. Napoleón fue desterrado a la isla Santa Elena, donde murió.

La Huella de la Revolución Francesa

La Revolución Francesa fue un proceso de cambios radical e inauguró el vocabulario político moderno. El liberalismo, la revolución social, la burguesía, la democracia, la dictadura, los derechos humanos, las libertades individuales o la ciudadanía son conceptos fundamentales que surgieron.