La Revolución Industrial en la España del Siglo XIX: Transformación y Desafíos Económicos
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La Revolución Industrial en la España del siglo XIX: El sistema de comunicaciones, el ferrocarril, proteccionismo y librecambismo, y la aparición de la banca moderna
La economía del siglo XIX se caracterizó por un crecimiento lento y un atraso respecto a otros países europeos. Hasta 1840 estuvo estancada; comenzando una recuperación que llevó a un lento crecimiento en el último tercio del siglo.
La Ausencia de una Revolución Agrícola
En todos los países avanzados de Europa, la Revolución Industrial requirió previamente una revolución agrícola, que en España no se produjo: los excedentes de la agricultura eran insuficientes para garantizar un crecimiento elevado de la población, la demanda campesina de bienes industriales fue muy reducida, y la transferencia de población de la agricultura a la industria fue insignificante.
El Proceso de Industrialización
España pretendió impulsar, como otros países europeos, el proceso de Revolución Industrial para transformar la vieja estructura económica, esencialmente agrícola, en otra nueva basada en el desarrollo de la industria y el comercio. Pero el resultado final quedó lejos de lo que se pretendía. La industrialización española fue tardía e incompleta; hasta mediados del siglo XIX era artesanal y local.
El despegue comenzó en la Década Moderada. En los cincuenta tuvo un periodo de crisis (desamortizaciones y subida del precio del algodón) y en el último cuarto inició la recuperación hasta 1898.
Sectores Industriales Clave
La Industria Textil
Hacia 1839, la industria textil catalana era el único sector que había iniciado la industrialización gracias al proteccionismo e innovaciones tecnológicas (máquinas de hilar, telares mecánicos a vapor y después selfactinas). La Ley de Relaciones Comerciales con las Antillas (1822) le favoreció; el desastre de 1898 la frenó hasta 1906.
La Industria Siderúrgica
La industria siderúrgica inició su desarrollo en Málaga (1830-1850). A mediados de siglo se desarrolló en Asturias (La Felguera) y en 1880 se desplazó a Vizcaya (capital mixto y sistema Bessemer), donde aparecieron dos empresas: Altos Hornos de Vizcaya y de Bilbao (fusionadas en 1902), teniendo la primacía del acero.
La Industria Minera
Otras industrias relevantes incluyeron la minera. Durante el Sexenio Democrático se aprobó una legislación minera para la desamortización del subsuelo español. Todos los yacimientos mineros pertenecían al Estado, que los vendió en pública subasta, la mitad de ellos a compañías extranjeras.
Factores del Atraso y Consecuencias
España quedó relegada a uno de los últimos puestos europeos debido a factores como la inexistencia de un mercado nacional y la escasez de capitales españoles. Las consecuencias principales fueron: el predominio de capital extranjero, una actividad limitada a la industria periférica (catalana y vasca) y una producción poco competitiva, lo que obligaba a recurrir al proteccionismo.