La Revolución Liberal en España: Conflictos y Transformaciones del Siglo XIX
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La Revolución Liberal
La Guerra Carlista
Tras la muerte de Fernando VII, los sectores absolutistas apoyaron a Carlos María Isidro. Por el contrario, para defender los derechos sucesorios de su hija, la reina regente María Cristina buscó el apoyo de los liberales. Este conflicto desencadenó una guerra civil entre carlistas e isabelinos.
- Carlistas: Defensores del Antiguo Régimen y el absolutismo.
- Isabelinos: Partidarios de la defensa del trono, apoyados por la burguesía, las clases populares urbanas y el campesinado.
La guerra se prolongó durante siete años, concentrándose las fuerzas carlistas principalmente en el País Vasco, Navarra, Cataluña, Aragón y Valencia. Finalmente, el Convenio de Vergara puso fin a la contienda, aunque el carlismo persistió como movimiento a lo largo de todo el siglo.
Las reformas progresistas
Los liberales se hallaban divididos en dos facciones: los moderados y los progresistas, quienes buscaban desmantelar la estructura del Antiguo Régimen. En plena guerra, María Cristina impulsó la formación de un gobierno liberal, optando finalmente por los progresistas.
Bajo el liderazgo de Mendizábal, se implantó un régimen liberal mediante un conjunto de leyes clave:
- Disolución del régimen señorial.
- Desvinculación de la propiedad.
- Desamortización de las propiedades del clero y los ayuntamientos.
- Liberalización de la propiedad agraria.
- Supresión de las aduanas interiores y extinción de los gremios, facilitando el libre ejercicio de la industria y el comercio.
Este proceso culminó con la Constitución de 1837, que reconocía la soberanía nacional y los derechos individuales, aunque aceptaba el papel moderador de la Corona.
La Regencia de Espartero
Tras un periodo donde los moderados accedieron al gobierno intentando frenar el proceso revolucionario, surgió un fuerte movimiento de oposición contra la regente, quien se vio obligada a dimitir en 1840. El general Espartero fue nombrado regente, pero su gestión generó rechazo, forzando su dimisión en 1843. Ante esta situación, las Cortes adelantaron la mayoría de edad de Isabel II, proclamándola reina.