La Revolución Rusa y la Gran Depresión: Historia Económica y Social

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La Revolución Rusa

La economía rusa

La economía rusa se sostenía en una agricultura técnicamente muy atrasada y con baja producción, que a duras penas conseguía alimentar a toda la población. La moderna industrialización y el capitalismo solo habían penetrado en la parte más occidental del imperio.

La sociedad

En la cúspide de la sociedad se encontraba la nobleza, que ya no era propietaria de la mayor parte de la tierra, aunque sí de sus riquezas y de una vida lujosa. En el otro extremo se encontraban los campesinos, la gran mayoría de la población, que vivían en condiciones de extrema pobreza, sometidos a un duro trabajo, y la mayoría eran analfabetos. En medio de ambos se situaban los kulaks, medianos propietarios que se habían enriquecido acumulando tierras. La mayoría de los obreros trabajaban en grandes empresas, percibían salarios bajos y vivían en condiciones precarias. La débil industrialización provocaba que la clase obrera fuera numéricamente escasa y tuviera poca influencia en los ámbitos de poder.

La oposición al zarismo

Los primeros opositores eran conocidos como populistas, que rechazaban el zarismo y la construcción de un socialismo de base agraria. Entre ellos surgió el anarquismo. Una de las organizaciones era Tierra y Libertad, que propugnaba el reparto de la tierra entre los campesinos y defendía la acción directa contra la autocracia.

A principios del siglo XX se creó el Partido Socialista Revolucionario, que tenía una gran influencia sobre los campesinos porque defendía la necesidad de expropiar la tierra de los terratenientes.

El desarrollo del proletariado propició la discusión del marxismo y en 1898 se fundó el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso. Este partido se dividió en dos alas con dos puntos de vista: los bolcheviques, liderados por Vladímir Lenin, y los mencheviques. Los mencheviques constituían un partido de masas que se regía por las directrices de la Segunda Internacional, mientras que los bolcheviques propugnaban un nuevo tipo de partido más minoritario, con una organización rígida y centralizada, integrado por una élite de revolucionarios disciplinados dispuestos a tomar el poder por la fuerza.

La revolución de 1905

En enero de 1905 estalló el movimiento revolucionario en San Petersburgo. La nueva manifestación ante el Palacio de Invierno protestó contra el despotismo y la injusticia social, y demandó mejoras en las condiciones de vida de la población y la convocatoria de una Asamblea Constituyente elegida por el pueblo. La protesta fue reprimida por el ejército en lo que se conoció como el Domingo Sangriento.

La revolución obligó al zar a emprender algunas reformas económicas y políticas, que anunció en el Manifiesto de Octubre, en el que se comprometía a respetar las libertades públicas. El zar convocó la Duma y propuso la reforma agraria con el objetivo de mejorar la producción agrícola.

La creación de la Duma propició el surgimiento de dos partidos liberales de composición burguesa:

  • El Partido Octubrista, de sentido monárquico constitucional, que apoyaba las tímidas reformas propuestas por el zar.
  • El Partido Demócrata Constitucional, que representaba a las clases medias y proponía una Asamblea Constituyente elegida por sufragio universal que determinara la forma del Estado ruso.

La revolución de febrero de 1917

Fue provocada por la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial. El zar disolvió la Duma y el malestar político aumentó. La revolución comenzó con una gran manifestación en Petrogrado. En todo el país se formaron comités revolucionarios de obreros, campesinos y soldados (los soviets), que agrupaban a las fuerzas revolucionarias de oposición al zarismo.

El día 27 de febrero tuvo lugar una huelga general en la que se exigía la retirada de la guerra, la dimisión del zar y la mejora en las condiciones de vida. El zar abdicó y la Duma se hizo con el poder. El nuevo gobierno no atendió a las demandas de retirada de la guerra y decidió mantener los compromisos militares con los aliados. A pesar de las reformas prometidas, las condiciones de vida de la población no mejoraron.

Empezó entonces a existir un doble poder: por un lado, el Gobierno Provisional, apoyado por los sectores de la burguesía y el socialismo moderado, que aspiraba a convertir a Rusia en una república parlamentaria al estilo occidental; por otro, los soviets, que agrupaban a las fuerzas revolucionarias y exigían la retirada inmediata de la guerra, el reparto de las tierras entre los campesinos, la mejora de las condiciones salariales y laborales, etc. El Gobierno Provisional permitió el regreso a Rusia de los exiliados políticos del zarismo, entre ellos Lenin.

La revolución de octubre de 1917

Lenin defendía que la revolución tenía que convertirse en una revolución proletaria que acabara con el capitalismo y la burguesía, y otorgara el poder a obreros y campesinos (dictadura del proletariado). Lenin preparó la insurrección de los soviets y planificó la toma del poder por los bolcheviques. Para ello dedicó sus esfuerzos a las siguientes tareas: convencer a los bolcheviques de la necesidad de la insurrección armada, aumentar la influencia bolchevique en los soviets y planificar la insurrección armada.

El día 25 de octubre se inicia la toma del poder. Las fuerzas insurrectas se apoderaron de los lugares y servicios clave de la capital, para cumplir con el asalto al Palacio de Invierno, sede del Gobierno Provisional. La zona septentrional de Rusia estaba en manos de los bolcheviques, aunque aún quedaban muchos territorios que escapaban a su control.

El II Congreso de los Soviets destituyó al Gobierno Provisional y aprobó la formación de un Consejo de Comisarios del Pueblo, con mayoría bolchevique y dirigido por Lenin. El nuevo ejecutivo decretó las primeras medidas revolucionarias: abolición de la propiedad privada de la tierra y expropiación, a favor de los soviets, de los grandes latifundios; control obrero de las empresas de más de cinco trabajadores; nacionalización de la banca; supresión del ejército zarista y reconocimiento del derecho a la autodeterminación de los diversos pueblos del imperio.

El Tratado de Brest-Litovsk (1918) fue un decreto en el cual se establecía la paz con Alemania y se aceptaban todas las exigencias alemanas. En noviembre de 1917 se convocaron las elecciones previstas por el Gobierno Provisional para elegir la Asamblea Constituyente.

La guerra civil (1918-1921)

Dirigida por antiguos mandos del ejército zarista, los partidarios del antiguo orden acabaron yendo a menudo en contra de la Rusia roja revolucionaria, y se les llamó rusos blancos. Se inició entonces una guerra que se extendería a lo largo de tres años.

Para acabar frente a la guerra civil, los bolcheviques crearon el Ejército Rojo, cuyo artífice fue León Trotski, en julio de 1918. Nicolás II y su familia fueron ejecutados por los bolcheviques en Ekaterimburgo. En los primeros meses el Ejército Blanco tuvo algunas victorias, pero a partir de finales de 1918 el Ejército Rojo comenzó a dominar la situación.

El gobierno soviético estableció el comunismo de guerra, que implicaba un estricto control de la economía por el Estado y una rígida vigilancia sobre la población.

La URSS y la Tercera Internacional

Finalizada la guerra civil, en 1922 se creó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que comprendía distintas repúblicas autónomas. La URSS se constituyó en el centro del poder del nuevo Estado soviético. La dictadura del proletariado se transformó en la dictadura del Partido Comunista.

Lenin y Trotski abandonaron los partidos socialistas y fundaron partidos comunistas, que tenían que unir sus fuerzas en la nueva organización, la Tercera Internacional, que debía apoyar la revolución de los soviets y extenderla por Europa.

La Nueva Política Económica (NEP)

Debido a la escasez de la economía se creó la Nueva Política Económica (NEP), que permitía una economía mixta en la que los sectores socializados, controlados por el Estado, convivían con la economía de mercado y la pequeña propiedad privada.

La lucha por la sucesión de Lenin

En 1924 murió Lenin, el líder indiscutible de los bolcheviques. Esto desencadenó una lucha entre los dirigentes del Partido Bolchevique, que se desarrolló entre 1924 y 1928. El debate se polarizó en torno a dos figuras: Trotski y Stalin. En 1927 la contienda se agudizó y Stalin consiguió hacerse con el poder, encarcelar a Trotski y mandarlo al exilio.

El resultado fue el establecimiento de un poder autoritario, el reforzamiento del partido y de sus modelos centralistas de decisión, y la imposibilidad de cualquier vía de participación democrática. Stalin puso fin a la economía mixta, forzó la colectivización de la tierra, implantó la planificación de la economía dirigida por el Estado y estimuló el desarrollo industrial de Rusia, especialmente de la industria pesada.

El crac de 1929 y la Gran Depresión

La Primera Guerra Mundial tuvo graves consecuencias: Francia perdió más del 30 % de su riqueza nacional, Alemania cerca del 25 % y el Reino Unido el 32 %, mientras que el potencial agrícola europeo se redujo en un 30 % y el industrial en un 40 %. La guerra también puso fin a la estabilidad financiera. En muchos países europeos, los precios de los productos de primera necesidad habían aumentado hasta multiplicarse por tres, y sus monedas sufrieron un proceso de pérdida de valor.

Los locos años veinte

La gran expansión internacional de la economía estadounidense, junto con el aumento de la demanda interna, fomentó una etapa de prosperidad conocida como los locos años veinte. Este crecimiento económico se basaba en la mejora de la productividad, la disminución de los costes de producción y el uso de nuevos productos. En pocos años, la sobreproducción empezó a ser un problema para la economía estadounidense. En 1926, parte de las ganancias empezaron a dirigirse hacia la compra de acciones en la Bolsa.

El crac bursátil de 1929

Algunos inversores empezaron a poner sus acciones a la venta con la esperanza de seguir obteniendo buenos beneficios. Frente a la masiva oferta de títulos, las cotizaciones comenzaron a bajar. El resultado inevitable fue un efecto en cadena que hizo incrementar todavía más el número de acciones a la venta. En el llamado Jueves Negro de la historia financiera de Estados Unidos, el pánico se apoderó de los inversores: fue el crac de la Bolsa de Nueva York. La mayor oleada de ventas tuvo lugar el viernes 29 de octubre, el Martes Negro, cuando los bancos exigieron el pago de los préstamos, forzando las ventas a cualquier precio.

La Gran Depresión: de la crisis bursátil a la crisis generalizada

Una serie de factores contribuyeron a desencadenar la crisis económica generalizada:

  • En primer lugar, la sobreproducción industrial, cuyas primeras muestras eran ya evidentes antes del hundimiento de la Bolsa.
  • En segundo lugar, la crisis de liquidez como consecuencia del hundimiento bursátil. La falta de dinero llevó a que muchas empresas e individuos no pudieran pagar a sus acreedores, y estos a su vez a los suyos, por lo que se creó una espiral de endeudamiento. La necesidad de vender a cualquier precio los bienes productivos aceleró el descenso de los precios (deflación), lo que redujo todavía más las ganancias.
  • En tercer lugar, la caída del consumo, provocada por la reducción de la riqueza de los inversores, la disminución de la capacidad adquisitiva de los compradores y el temor al desempleo.

También hubo una crisis en la agricultura, agravada por las fuertes tormentas de polvo (Dust Bowl), que provocaron un período de sequía y el éxodo de cientos de miles de agricultores. Ante el temor de que los bancos quebraran, la población acudió masivamente a retirar los efectivos de sus cuentas, pero las entidades financieras no pudieron reponer los depósitos bancarios a sus titulares por falta de recursos monetarios. La crisis bancaria supuso la quiebra de más de 4000 bancos; millones de familias y miles de empresas perdieron todos sus depósitos. Para superar las dificultades, los bancos redujeron drásticamente la concesión de créditos a la industria y al consumo, lo cual agravó aún más la situación.

El patrón oro era un sistema monetario que fijaba el valor de la unidad monetaria en términos de una determinada cantidad de oro.

El New Deal de Roosevelt

El New Deal fue la nueva política que puso en práctica el presidente de Estados Unidos Franklin D. Roosevelt para superar la crisis económica y paliar sus efectos sociales. Su programa abogaba por la intervención pública, considerada en aquel momento como necesaria para salir de la depresión. Entre sus medidas destacan:

  • La creación de la Works Progress Administration (WPA), para fomentar la construcción de obras públicas que crearan empleo y aumentaran la demanda.
  • La National Recovery Administration (NRA), para impulsar acuerdos de precios entre empresas y evitar su quiebra.
  • La Ley de Ajuste Agrario (AAA), cuya finalidad era reducir la producción agraria y recuperar los precios.
  • Ayudas para el pago de hipotecas y la regulación del mercado hipotecario.
  • La nueva Ley de Relaciones Laborales, que reconoció la libertad de sindicación y el derecho a la negociación colectiva de los salarios.
  • La creación de un seguro de desempleo y subvenciones a los ancianos y personas dependientes.

Para impedir una nueva crisis especulativa y bancaria, se estableció un rígido control estatal sobre los bancos y se creó un seguro federal para garantizar los depósitos en caso de quiebra bancaria. También se formó la Comisión de Valores y Cambio, encargada de supervisar las emisiones de acciones y velar por el buen funcionamiento del mercado bursátil.

La propuesta keynesiana

Para el economista John Maynard Keynes, el problema principal era la falta de demanda y la caída de la inversión. Keynes sostenía que el Estado debía invertir aumentando el gasto público. Aunque ello generara déficit, lo que ahora se considera una gestión normal, dicho gasto aumentaría el empleo y, con ello, el consumo y la demanda. Y no solo por su importe, sino en una proporción mayor, porque al transformarse en salarios y compra de bienes genera nuevas demandas en otros sectores (multiplicador keynesiano). Argumentaba que la renta del Estado podía aumentar los ingresos fiscales de rebote, anulando a medio plazo el déficit público inicial.

Para incentivar la demanda, propuso la mejora de los salarios de los trabajadores y la reducción de la presión fiscal. Para estimular la inversión, defendía penalizar fiscalmente el ahorro y bajar los intereses, con el fin de facilitar el crédito a las empresas.

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