La Revolución Rusa: Del Zarismo al Gobierno Provisional
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La Rusia Zarista a comienzos del siglo XX
A comienzos del siglo XX, Rusia era un imperio que se extendía hasta el océano Pacífico. Su sistema político era autocrático, pues el zar concentraba todo el poder y lo ejercía de forma autoritaria apoyado en la Iglesia ortodoxa, en el ejército y en una amplia burocracia. La economía era fundamentalmente agraria y la industrialización era muy escasa y localizada en algunos focos como Moscú.
La sociedad presentaba graves desequilibrios: la propiedad de la tierra estaba en manos de la aristocracia y solo existía un reducido número de pequeños propietarios, de modo que la mayor parte de la población eran campesinos con unas condiciones de vida miserables. El naciente proletariado industrial carecía también de los derechos elementales.
El descontento por esta situación había originado el nacimiento de corrientes de oposición al zarismo, entre ellas destacaban los liberales, los cadetes, los marxistas, los bolcheviques y los mencheviques. En el año 1905 se había producido una primera tentativa revolucionaria.
La Revolución de Febrero y el Gobierno Provisional
La evolución desfavorable para Rusia de la Primera Guerra Mundial incrementó el descontento contra el régimen del zar. Los revolucionarios impulsaron la organización de soviets, comités de obreros, soldados y campesinos que demandaban el final de la guerra y profundas reformas.
La revolución estalló en San Petersburgo en febrero de 1917. Nicolás II abdicó y se formó un Gobierno Provisional presidido por el príncipe Lvov, que convocó elecciones para constituir una Duma o Parlamento. En los meses siguientes, un nuevo Gobierno dirigido por Kérenski trató de consolidar una república liberal y democrática.
La lentitud del Gobierno provocó el descontento de los grupos populares. Los bolcheviques ganaron un creciente apoyo en los soviets, sobre todo desde que Lenin publicó sus Tesis de abril en las que prometía una paz inmediata, la distribución de tierras entre el campesinado, la colectivización de las fábricas y el respeto a las nacionalidades.
Lenin entregó el poder a un antiguo colaborador del zar, el general Kornílov. Este intentó dar un golpe de estado que fue frenado gracias a los bolcheviques.