Romanización de la Península Ibérica: Ciudades y Ciudadanía
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Romanización de la Península Ibérica
Ciudades y Ciudadanía
Concepto de Romanización
Según la Historiografía Tradicional, la romanización supone el inicio de un cambio cultural progresivo hacia los usos y costumbres de Roma, aunque de forma impuesta. Con la romanización desaparecerían, ya desde época temprana, las culturas vernáculas y el proceso, siguiendo entre otros un texto de Estrabón donde se habla de que los turdetanos han rechazado su cultura, se acabaría para finales de la República e inicio del Imperio, aunque hubiera pervivencias indígenas.
Sin embargo, la Historiografía actual ha criticado este simplismo tradicional y ha descrito un complejo proceso de interacción cultural, de cambios de tradiciones y realidades previas empujadas por la potencia dominante. Del resultado de esta interacción surgirían realidades híbridas debido a que hay distintos fenómenos de convergencia y adaptación con múltiples raíces y protagonistas, y donde están poniéndose en contacto realidades sociales indígenas y organizaciones propias del mundo romano. De esta interacción saldría una sociedad peninsular particular en sus diversas regiones. La clave está en situar estos fenómenos en el plano estructural que les corresponde: la existencia y el desarrollo de las formas de vida ciudadanas. La vida ciudadana era la estructura básica que Roma necesitaba para poder apoyar su dominio y permitía mantener la dinámica anterior, con lo que se procedía fácilmente a la integración en el mundo romano. Roma no sabría actuar sin estas ciudades ya que son, como se ve, la base real de sus conquistas.
Ciudad y Ciudadanía. Expansión
Roma tiene en principio un modelo de ciudad y ciudadanía propios del mundo clásico, el de la ciudad-estado. Sin embargo, en el proceso de la conquista, Roma pasa de una ciudad-estado a un Imperio Territorial. El factor clave de consolidación de este cambio tan importante es la ciudadanía, ya que es el grupo de ciudadanos el que participa en la vida política y la dirige en base a la posesión de unos derechos y de unos deberes. Estos ciudadanos tendrían dos tipos de derechos:
- Iura Publica: El derecho activo, derecho a ser elegido para magistraturas y participar en la gestión de los asuntos de la comunidad y el derecho pasivo, derecho a votar y participar en las asambleas.
- Iura Privata: El derecho a la propiedad, al dominium, así pues, sólo el ciudadano puede ser propietario; derecho al matrimonio y a formar una familia extensa como paterfamilias, con la capacidad incluso de poder juzgar a sus miembros.
Sin embargo, esto se va a redefinir con la conquista ya que la ciudadanía se expande a otros territorios de una forma controlada mediante las colonias de ciudadanos romanos, que normalmente eran individuos concretos de otras comunidades que habían prestado una serie de servicios a Roma o habían hecho posible ganar aquella comunidad para la causa romana. Pero esta gente no tendría los mismos derechos que los ciudadanos romanos, sino que tendría un derecho latino, el cual les reportaba sólo ciertos beneficios ya que no tenían ni derecho al connubium ni a la participación en los asuntos públicos, aunque sí al comercio y la posibilidad de moverse libremente por los territorios romanos.