Rusia y el Mundo en la Primera Mitad del Siglo XX: Transformaciones y Conflictos
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Rusia a comienzos del siglo XX
Desde el punto de vista económico, Rusia era un país esencialmente agrario. En los años 1890 inició una industrialización limitada a algunas regiones (San Petersburgo, Moscú, Polonia, los Urales) y actividades (minería, industria pesada).
La sociedad rusa era tremendamente desigual. Frente a la poderosa minoría dominante (nobleza terrateniente, burocracia estatal, clero ortodoxo), la mayoría campesina vivía en la miseria. La burguesía y las clases medias eran muy débiles. El aún escaso proletariado fabril sufría condiciones muy duras de vida y trabajo.
El territorio del Imperio ruso, el Estado más extenso del planeta, estaba habitado por más de 140 millones de habitantes, repartidos entre un gran número de pueblos (rusos, ucranianos, polacos, fineses, georgianos, armenios, tártaros...).
Desde el punto de vista político, Rusia era una autocracia. El poder se concentraba en las manos del zar, los derechos individuales no estaban garantizados y no existían instituciones representativas. Desde 1894 ocupaba el trono imperial el zar Nicolás II.
La oposición política al zarismo, fuertemente perseguida, incluía diversas opciones:
- Los liberales, apoyados por sectores de la nobleza, de la burguesía y de las clases medias, aspiraban a instaurar en Rusia un régimen constitucional según el modelo de las monarquías de la Europa occidental. Los representaba el Partido Constitucional Demócrata (kadet), fundado en 1905.
- Los populistas, defensores del campesinado y de la comunidad rural, se organizaron en el Partido Socialista Revolucionario (eserita), creado en 1902.
- Los marxistas, que consideraban al proletariado fabril como la verdadera fuerza revolucionaria, formaron en 1898 el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso. En 1903, se dividió en dos sectores enfrentados: los mencheviques, reformistas, eran partidarios de colaborar con la burguesía en el desarrollo del capitalismo y en la construcción de un régimen liberal antes de la construcción del socialismo; y los bolcheviques, liderados por Lenin, rechazaban la colaboración con la burguesía y apostaban por la revolución socialista y la implantación de la dictadura del proletariado.
La revolución de 1905
En 1905, la crisis económica, los conflictos sociales y la derrota en la guerra contra Japón sacudieron los cimientos del régimen zarista.
La masacre del Domingo Sangriento (9 de enero de 1905), perpetrada por la guardia imperial ante el Palacio de Invierno en San Petersburgo sobre una manifestación obrera pacífica que pretendía hacer llegar al zar sus peticiones, desencadenó huelgas y protestas por todo el territorio ruso. Los motines en algunas unidades militares agravaron la situación. En muchas localidades se crearon los primeros soviets, consejos locales formados por representantes de obreros, soldados y campesinos.
Ante la gravedad de la situación, Nicolás II prometió reformas (Manifiesto de Octubre). Pero, restablecido el orden, el zar incumpliría muchos de sus compromisos: la Duma (parlamento) tuvo escasos poderes, las libertades fueron sometidas a fuertes restricciones, la situación de los sectores populares no mejoró.
Las revoluciones de 1917
Las Revoluciones de 1917 en Rusia marcaron un cambio radical en la estructura política y social del país:
Revolución de Febrero
Después de la derrota militar y el desabastecimiento causados por la Gran Guerra, estallaron huelgas y protestas.
La incompetencia de los mandos militares y la situación precaria de las ciudades subrayaron la debilidad del régimen, especialmente con la influencia negativa de Rasputín.
El 2 de marzo, el zar Nicolás II abdicó, poniendo fin a la autocracia. Surgieron dos poderes paralelos: el Gobierno Provisional y los soviets.
Ascenso de los bolcheviques
El Gobierno Provisional prometió reformas, pero su decisión de mantener la guerra y la falta de acción social debilitaron su posición.
Los bolcheviques, liderados por Lenin, propusieron una paz inmediata y la toma del poder por los soviets.
En agosto, los bolcheviques frustraron un golpe conservador, aumentando su popularidad.
Revolución de Octubre
El 25 de octubre de 1917, una insurrección armada bolchevique organizada por Trotsky en Petrogrado derrocó al Gobierno Provisional.
El poder fue asumido por un Consejo de Comisarios del Pueblo (Sovnarkom) presidido por Lenin, formado por bolcheviques (Trotsky, Stalin) y apoyado por los soviets. Sus primeros decretos pretendían cimentar el apoyo al gobierno revolucionario:
- El decreto sobre la tierra confiscaba las propiedades de los grandes terratenientes para repartirlas entre los campesinos.
- El decreto sobre el control obrero entregaba la dirección de las fábricas a comités elegidos por los trabajadores. Se estableció también el control estatal sobre la banca, los ferrocarriles y el comercio exterior.
- El decreto sobre las nacionalidades reconocía el derecho a la libre determinación de los pueblos de Rusia.
- El decreto sobre la paz hacía un llamamiento general al fin de la guerra y comenzaron enseguida las negociaciones con las potencias centrales. Al cese de hostilidades siguió la firma del Tratado de Brest-Litovsk (1918), que puso fin a la participación rusa en la guerra a cambio de grandes cesiones territoriales. En noviembre de 1917 se celebraron las elecciones previstas a la Asamblea Constituyente. Los eseritas, que mantenían un amplio apoyo entre el campesinado, fueron la opción más votada. Los bolcheviques reaccionaron disolviéndola por la fuerza de las armas.
Comenzó enseguida la persecución contra los opositores: kadets, mencheviques, eseritas... El Partido Comunista, denominación adoptada por los bolcheviques en marzo de 1918, impuso una dictadura. En julio de 1918, el Congreso de los Soviets, aprobó la Constitución de la República Socialista Federativa Soviética Rusa (RSFSR), nombre oficial del nuevo Estado.
El nacimiento de la URSS (1918-1924)
La guerra civil
Entre 1918 y 1921, Rusia vivió un cruento enfrentamiento entre las fuerzas bolcheviques, el Ejército Rojo organizado por Trotsky, y las fuerzas contrarrevolucionarias de los llamados ejércitos blancos, apoyados por las potencias aliadas (Francia, Gran Bretaña, EE.UU., Japón).
La guerra acrecentó las tendencias dictatoriales del régimen soviético. En la economía se impuso el comunismo de guerra, que implicó la completa estatalización de la industria y los servicios e impuso la requisa forzosa de los excedentes campesinos. El Ejército Rojo ganó la guerra pero el país quedó sumido en la miseria: la producción se hundió, el hambre provocó más de 5.000.000 de muertos, el descontento se generalizó. En marzo de 1921, la revuelta de los marineros de la base naval de Kronstadt puso de relieve los riesgos de la situación para el gobierno bolchevique.
La victoria en la guerra civil permitió la recuperación de algunos de los territorios perdidos en 1918 (Ucrania, Bielorrusia, el Cáucaso...). Estos fueron organizados como repúblicas soviéticas según el modelo ruso. En 1922, sus representantes firmaron el Tratado de creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). En 1924, se aprobó su primera Constitución.
La Nueva Política Económica (NEP)
Tras el fracaso del comunismo de guerra, Lenin propuso una Nueva Política Económica (NEP) en 1921. Se autorizaron las pequeñas empresas privadas en la industria y en el comercio, el libre comercio interior y las inversiones extranjeras. La requisa de los excedentes campesinos fue sustituida por el pago de un impuesto en especie proporcional a la cosecha.
Los resultados económicos de la NEP fueron muy positivos: se recuperaron la producción, sobre todo la agrícola, y los intercambios y mejoró el nivel de vida de la población. Pero también crecieron las desigualdades sociales. Esto alentó dentro del Partido Comunista el debate ideológico entre los defensores de la NEP (Bujarin) y sus detractores, que, como Trotsky, la consideraban un paso atrás en la construcción del socialismo.
La época estalinista (1924-1953)
La muerte de Lenin (1924) desató una dura pugna por el poder protagonizada por Trotsky y Stalin. El primero contaba con el prestigio ganado durante la revolución y la guerra civil y con la favorable opinión de Lenin.
En 1927, Stalin era el dueño de la situación. Trotsky fue expulsado del gobierno soviético y del partido (1927), tuvo que dejar la URSS (1929) y, finalmente, fue asesinado en su exilio mexicano por un agente estalinista (1940).
Una dictadura totalitaria
En el ámbito político se implantó un régimen totalitario que afectó a todos los aspectos de la vida soviética. El Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), logró un control completo de los órganos del Estado. El liderazgo de Stalin fue reforzado hasta el paroxismo: por una parte, la propaganda oficial lo convirtió en objeto de un desmedido culto a la personalidad; por la otra, se desarrolló un amplio y eficaz aparato represivo que eliminó a todo sospechoso de oposición al liderazgo de Stalin en los órganos del Estado, del Ejército Rojo y del mismo Partido. Las llamadas purgas significaron la ejecución, prisión o deportación a los campos de trabajo del Gulag de muchos. Se estima que, hasta 1938, 10 millones de personas sufrieron, de un modo u otro, las represalias del régimen. Un ambiente de terror, sospecha y delación se extendió a toda la sociedad soviética.
Colectivización e industrialización
Con la misma falta de escrúpulos, el régimen estalinista impulsó la colectivización forzosa y la industrialización del país. En 1928 la NEP fue abandonada. La propiedad privada de los medios de producción fue abolida. Las tierras fueron colectivizadas y las explotaciones campesinas sustituidas por grandes koljoses (granjas colectivas) o sovjoses (granjas estatales). La resistencia del campesinado a la colectivización fue reprimida sin contemplaciones. La caída de la producción agraria y el hambre, que solo en Ucrania provocó más de 3 millones de muertos en 1932-1933, no detuvieron el proyecto estalinista.
Todas las empresas fueron estatalizadas y se impuso la planificación centralizada. Desde 1928, el Estado fijó los objetivos de producción a través de los planes quinquenales. La industria pesada (siderurgia, energía, maquinaria), destinada a incrementar la capacidad productiva del país, fue claramente privilegiada respecto a la producción de bienes de consumo y la agricultura. La capacidad de consumo de la población se resintió.
A costa de enormes sacrificios para la mayoría de la población, la URSS se convirtió en una gran potencia a finales de la década de 1930: las producciones energética e industrial habían crecido espectacularmente, se construyeron grandes obras públicas, el Estado soviético contaba con un poderoso ejército... Nació también una nueva clase dirigente, la nomenklatura, constituida por los cuadros del Estado, del Partido y de los organismos económicos, opuesta a cualquier cambio significativo en el sistema creado por Stalin, incluso después de su muerte en 1953.
Los problemas de las economías capitalistas en el período de entreguerras
La Gran Guerra transformó radicalmente el sistema económico internacional vigente hasta 1914. Europa perdió su posición como centro financiero e industrial del planeta en favor de EE.UU. Durante el conflicto, EE.UU. suministró a los aliados materias primas, alimentos y manufacturas. Llegó a acumular más de la mitad de las reservas mundiales de oro y el dólar se convirtió en la principal moneda de reserva. Su producción industrial superó el 40% de la del planeta. Wall Street se convirtió en el principal mercado financiero del mundo.
Mientras, las economías europeas tuvieron serias dificultades para afrontar la reconstrucción tras la guerra. Paro e inflación fueron problemas generales en todo el continente y alcanzaron dimensiones especialmente preocupantes en Alemania. El pago de las cuantiosas reparaciones de guerra impuestas por el Tratado de Versalles contribuyó decisivamente a la hiperinflación de 1923. Desde 1924, las economías europeas comenzaron una insegura recuperación económica que dependió en gran medida del capital estadounidense (préstamos, inversiones).
La prosperidad norteamericana
Frente a los problemas europeos, EE.UU. experimentó una década de continua expansión económica. La prosperidad de los felices años veinte se basó en la generalización de las innovaciones de la Segunda Revolución Industrial: taylorismo, producción en serie, cadena de montaje, concentración empresarial...
- La superproducción: la oferta de productos agrícolas y de algunas manufacturas llegó a superar su demanda. Durante la guerra, los agricultores norteamericanos, animados por la subida de precios, se endeudaron para mejorar sus explotaciones y aumentar la producción. Terminado el conflicto, la demanda europea cayó y el mercado norteamericano no pudo absorber toda la oferta. Los precios cayeron y, con ellos, los ingresos agrarios.
Del crac de 1929 a la Gran Depresión
A comienzos de 1929, la tendencia alcista de las cotizaciones de Wall Street dio síntomas de agotamiento y el desasosiego de los inversores creció. El jueves negro, 13.000.000 de acciones salieron a la venta y no encontraron comprador.
Se desencadenó el pánico. Muchos inversores trataban de recuperar cuanto antes su dinero vendiendo sus títulos, lo que agravaba la caída. Con el crac de la bolsa, muchos perdieron lo invertido y tampoco tenían con qué devolver los préstamos contraídos.
Los bancos más comprometidos en la financiación de la burbuja especulativa afrontaron enormes dificultades y muchos de ellos tuvieron que cerrar sus puertas. Sus clientes perdieron sus depósitos. Angustiados, muchos ahorradores corrieron por su dinero. La retirada masiva de depósitos desencadenó una oleada de quiebras bancarias.
Los países más dependientes de sus préstamos e inversiones, como Alemania y Austria, se vieron gravemente afectados.
- La caída del consumo provocó una reducción de las importaciones norteamericanas. Aquellos países que, como los latinoamericanos, le suministraban materias primas y alimentos, lo sufrirían especialmente.
Las respuestas a la crisis. El New Deal
El gobierno del presidente republicano H. Hoover (1929-1933) confiaba en que la dinámica del propio mercado acabaría solucionándolo todo. Pero sus declaraciones de que “la prosperidad está a la vuelta de la esquina” eran negadas por la terca realidad.
En las elecciones presidenciales de 1932, el candidato demócrata F. D. Roosevelt obtuvo una gran victoria sobre Hoover con un programa llamado New Deal. Este se iba a traducir en un nivel de intervención del Estado en la economía norteamericana desconocido hasta ese momento:
- La reestructuración del sistema financiero para facilitar la recuperación de la confianza en los bancos y en la bolsa.
- Las ayudas para reducir los excedentes agrarios para favorecer la recuperación de los precios y de las rentas de los agricultores.
- El apoyo a las empresas industriales para facilitar la racionalización y modernización de la producción.
- La promoción de obras públicas (carreteras, embalses, viviendas, repoblación forestal) para crear empleo y estimular la demanda de productos industriales.
- La política laboral, destinada a mejorar las condiciones de trabajo (reducción de jornada, fijación de un salario mínimo, reconocimiento de los sindicatos), fue acompañada de medidas de protección social (seguro de desempleo, pensiones de jubilación) que pretendían incrementar la capacidad de consumo de la población.
Los fascismos
La ideología fascista
Los fascismos son muy diversos y estuvieron siempre más preocupados por la acción que por la reflexión teórica. Aún así, pueden identificarse algunos rasgos ideológicos compartidos:
- El rechazo de la herencia de la Ilustración. Los fascismos desprecian el racionalismo, el individualismo y el materialismo y las ideologías asociadas a estos valores. Por eso se declaran antiliberales, antidemócratas, antisocialistas y anticapitalistas a un tiempo.
- El ultranacionalismo. Para los fascistas la nación es un organismo con un destino colectivo, anterior y superior a los individuos que lo forman. La grandeza de la nación propia debía corresponderse con una posición superior en el mundo. De ahí que los fascismos tiendan al militarismo y al expansionismo. En la definición de la nación, la raza tiene un papel fundamental. Por eso, el racismo -más o menos extremo- es otro rasgo característico de los fascismos.
- El totalitarismo. El Estado, como expresión de la nación, debe imponerse sobre los individuos para el bien y la grandeza de aquella. Por eso, debía controlar todas las esferas de la vida social: política, economía, cultura...
- La glorificación de la jerarquía y del liderazgo. Para los fascistas, la desigualdad es un hecho natural y necesario. La sociedad debe ser dirigida autoritariamente por una élite, el partido único fascista. A su frente, un líder carismático (Duce, Führer, Conducator, Caudillo), único e infalible, interpreta la voluntad y el destino de la nación. Del pueblo solo se espera la obediencia y la aclamación.
- La exaltación de valores asociados a la irracionalidad, a la fuerza, a la violencia y al militarismo (fanatismo, intolerancia, obediencia ciega, camaradería). La violencia se considera positiva y necesaria para someter o eliminar a los enemigos internos (opositores políticos, minorías étnicas) o externos (otros Estados, el comunismo, el capitalismo, el judaísmo internacional) de la nación.
- La importancia de los mitos, símbolos y ritos. Los fascismos se dotaron de un ceremonial espectacular (mítines, concentraciones masivas, desfiles) donde los símbolos (saludo romano, banderas, uniformes, himnos, etc.) y el culto al líder eran fundamentales.
Las bases sociales de los fascismos
Los fascismos se caracterizaron por una base social interclasista. El núcleo de las primeras organizaciones fascistas estuvo formado por excombatientes, militares afectados por la brutal experiencia de la guerra y por una difícil adaptación a la vida civil. A ellos se sumaron intelectuales y jóvenes que veían en la democracia liberal algo viejo, ineficaz y decadente.
Se incorporaron más tarde sectores de las clases medias urbanas (pequeños empresarios, artesanos, profesionales liberales, funcionarios, empleados) y del pequeño y mediano campesinado propietario, afectados por las dificultades económicas, amenazados por el peligro de la proletarización y atemorizados por la amenaza de una inminente revolución.
En algunos países también llegó a integrar sectores obreros que rechazaban el internacionalismo y las opciones entonces hegemónicas en el movimiento obrero (socialdemócratas y comunistas).
Contaron también con un creciente apoyo de empresarios y terratenientes, que vieron en la violencia fascista un poderoso instrumento de lucha contra el movimiento obrero organizado.