Samuel Beckett y Esperando a Godot: vida, personajes y significado del teatro del absurdo

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Samuel Beckett

Samuel Beckett, irlandés afincado en Francia (de hecho, escribe en francés), es un caso especial en el que un gran escritor es, al mismo tiempo, una persona de indiscutible coherencia moral: repartió la dotación económica del Premio Nobel (1969) entre los más necesitados.

Esperando a Godot: obra y contexto

Su obra Esperando a Godot es una síntesis de las tendencias vanguardistas y el mejor antecedente posible de las corrientes del teatro del absurdo y del existencialismo. La obra es un experimento radical sobre la falta de sentido del lenguaje y de la existencia humana.

Personajes principales

  • Vladimir (evoca Rusia)
  • Estragón (evoca Francia, España)
  • Pozzo (evoca Italia)
  • Lucky (evoca Inglaterra)

Sinopsis

En ella intervienen cuatro personajes, cuyos nombres evocan diferentes nacionalidades de la civilización occidental europea: Vladimir (Rusia), Estragón (Francia, España), Pozzo (Italia) y Lucky (Inglaterra). Al principio, un escenario desnudo, que supera el simbolismo más extremo, plantea una banalización del mito de Sísifo: la repetición constante de una actividad inútil y sin sentido.

(Camino en el campo, con un árbol) (Anochecer) (Estragón, sentado en el suelo, intenta descalzarse. Se esfuerza haciéndolo con ambas manos, fatigosamente. Se detiene, agotado, descansa, jadea, vuelve a empezar. Repite los mismos gestos) (Entra Vladimir)

Estos dos personajes, algo así como mendigos vagabundos (pero con bombín), esperan a un tal Godot (posible deformación afrancesada de la palabra God, 'Dios') y tratan de entretenerse hablando. Su diálogo es extraño, aunque no exactamente absurdo. Entre otras cosas, hablan de Cristo y de la Biblia y algunas de sus referencias parecen religiosas (claro que con una religiosidad cercana a la de Kafka).

Ambos dan a entender que el tal Godot los puede salvar y Vladimir reduce la promesa del paraíso a un símbolo bien doméstico: Esta noche quizá durmamos en su casa, en un lugar seco y caliente, con el estómago lleno, sobre un jergón. Vale la pena esperar.

Más tarde aparecen en escena otros dos personajes estrafalarios, Pozzo y Lucky, el primero de los cuales arrastra al segundo con una cuerda y lo lleva cargado con una enorme maleta y una silla. Pozzo dice que quiere librarse de Lucky, pero añade:

Todo se va volviendo cada vez más extraño y más incoherente: los personajes pierden sus objetos, emplean palabras desconocidas, se nombran de varias maneras, hasta que Lucky arrea una formidable patada a Estragón.

Para entretenerse, Pozzo obliga a Lucky a que haga unos zapateos ridículos y a que piense en voz alta un discurso casi automatizado, sin puntuación, gramaticalmente mal construido (va a ser su única intervención hablada), pero que, curiosamente, empieza así:

Al final de este primer acto aparece un muchacho, enviado por Godot, para decir que esa noche no aparecerá.

El segundo acto empieza al día siguiente en el mismo escenario (sólo ha cambiado el árbol, que se ha llenado de hojas). Vladimir y Estragón siguen hablando para pasar el tiempo hasta que aparecen otra vez Pozzo y Lucky. El primero se ha quedado ciego, se ha caído y pide ayuda. Vladimir es partidario de socorrerle, pese a las reticencias de Estragón, que quiere aprovecharse de la situación, y se vuelve representante insospechado de un humanismo universal:

A partir de ese momento se convierte en una especie de filósofo que justifica el sentido religioso del hombre como una forma de soportar la vida sin desesperarse.

A todo esto sigue una serie de caídas y de estallidos inútiles de violencia gratuita: Vladimir y Estragón pegan a Pozzo y a Lucky hasta que éstos últimos se marchan tambaleándose, cayéndose y levantándose.

Vladimir y Estragón vuelven a quedarse solos. Aparece el enviado de Godot, que les dice que este tampoco vendrá hoy, tras lo cual intentan ahorcarse pero no tienen cuerda suficiente. Volverán mañana con una soga más larga. La obra acaba con los personajes diciendo que se van y una escueta acotación: (No se mueven).

Comentarios finales

Esperando a Godot sigue siendo una pieza esencial para comprender el teatro contemporáneo: su economía de recursos, la descomposición del lenguaje y la representación de la espera como experiencia humana universal la convierten en un texto abierto a múltiples lecturas—religiosas, filosóficas y estéticas—sin concesiones a soluciones fáciles.