San Carlo alle Quattro Fontane: La Obra Maestra del Barroco de Borromini
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Ficha Técnica: San Carlo alle Quattro Fontane
- Nombre: San Carlos de las Cuatro Fuentes (San Carlo alle Quattro Fontane).
- Autor: Francesco Borromini (1599 – 1667).
- Estilo: Barroco.
- Cronología: Iglesia (1638-1641); Fachada (1665-1667).
- Localización: Roma, Italia.
- Materiales: Ladrillo y estuco.
Análisis Formal: El Exterior
Borromini dividió la fachada en dos pisos y, para dar mayor unidad al conjunto, combinó en ambos columnas normales y de orden gigante. El resto de los elementos dispuestos en la fachada parecen empeñados en romper este esquema de unidad, potenciando ritmos ondulantes y ascendentes que dotan al conjunto de un gran dinamismo.
El entablamento inferior destaca por su horizontalidad y su carácter unitario, mientras que el entablamento superior está segmentado a causa del medallón, cuya forma le da un impulso ascendente a la fachada. Asimismo, las columnas gigantes, al ser tan altas y estar tan próximas, potencian el impulso vertical.
Que hay movimiento es evidente; basta con fijarse en los entrantes cóncavos y convexos que forman las tres partes verticales en las que podemos dividir la fachada. Por otro lado, la decoración y la fantasía alcanzan cuotas inigualables: los capiteles, de estilo corintio, inclinan sus volutas hacia fuera, en vez de hacia dentro, como sería lo convencional.
Análisis Iconográfico y Contexto
San Carlos de las Cuatro Fuentes fue el primer proyecto exclusivo de Borromini. Los padres trinitarios le encargaron el conjunto formado por el convento, la iglesia y el claustro. Se trataba de un solar irregular, extremadamente complicado por su pequeñez y su orientación peculiar en una esquina con cuatro fuentes, que dan nombre a la iglesia. Como resultado de esta obra, Borromini se convirtió en un arquitecto reconocido, especialmente apreciado por las órdenes religiosas.
El Autor: Francesco Borromini
Borromini concebía los edificios como un conjunto orgánico de fuerzas en tensión. Su estilo se caracterizaba por una técnica angustiada, atormentada e insatisfecha. Utilizaba la perspectiva para engrandecer espacios muy reducidos y jugaba hasta los límites con la curva, la contracurva, la elipse y los espacios cóncavos y convexos, siempre al servicio del movimiento.