La Sanación del Corazón Humano a través de la Alianza Divina
Clasificado en Religión
Escrito el en
con un tamaño de 2,52 KB
La Herida Interior y la Distancia con Dios
La experiencia de que todos los seres humanos sufrimos interiormente, dejando en nosotros heridas y rupturas, es la sensación que percibimos cuando vivimos la distancia entre el bien que queremos hacer y el mal que terminamos cometiendo. Esa herida es intensa y dolorosa. En nuestro interior, muchas veces sufrimos por realizar lo que no queremos, pues existe una gran brecha entre nuestras aspiraciones y nuestras acciones.
Esta herida es la que desdibuja la imagen de Dios en nosotros, dificultando que podamos reconocernos como su reflejo. Muchas de nuestras heridas nos alejan de Él. A medida que pasa la vida y acumulamos experiencias, el sufrimiento por no sanar se incrementa; sin embargo, Dios nunca abandona al hombre y desea sanar, curar y salvar.
La Mano Tendida del Padre
Esta mano tendida del Padre hacia su criatura se realiza en la historia, convocando a un pueblo. Esta mano nos sostiene y nos sana a través de la comunidad:
- Abraham: El inicio de la respuesta al llamado divino.
- Moisés y los profetas: La guía constante en la historia de la salvación.
- Jesucristo: El hijo de sus entrañas, enviado cuando nos soltamos de su mano, inscribiendo en nuestros corazones una Alianza definitiva.
Así, Dios recorre las etapas de un pueblo que, educado por Él, se convierte en su pueblo elegido. Dios tiene un plan para que los hombres no se pierdan, y su hijo entrañable nunca nos suelta la mano.
La Muerte y Resurrección de Jesús: La Nueva Alianza
Para este plan, Dios establece una alianza por medio de Jesús de Nazaret, quien proclama el Reino con su palabra y sus signos, convocando a una comunidad y eligiendo a los Doce para participar de su misión.
El Germen de la Iglesia
En el Antiguo Testamento, Dios formó a su pueblo convocando a las doce tribus de Israel mediante la alianza con Moisés. Este plan continúa en el Nuevo Testamento con los doce Apóstoles:
- Tras la traición de Judas, se integra a Matías para completar el grupo.
- Los doce se convierten en el germen de la Iglesia.
La gran novedad entre el Antiguo y el Nuevo Pueblo radica en Jesús; aquí se sella una nueva alianza, donde la sangre de Jesucristo es el vínculo definitivo de nuestra salvación.