La Sátira Romana y el Epigrama: Estudio de Juvenal y Marcial
La Sátira y el Epigrama: Juvenal y Marcial
La Sátira: Definición y Origen Romano
El término sátira, en primer lugar, define representaciones que contenían diálogo, música y danza; constituyendo también un escalón en la evolución del teatro. Por otro lado, también se refiere a un ataque irónico contra personas, costumbres e instituciones (este último significado es el que conserva hoy en día).
La sátira como género literario fue el único género que los romanos no tomaron de los griegos. Sus principales representantes fueron:
- Lucilio
- Horacio
- Persio
- Juvenal
Juvenal: El Poeta de la Indignación
Juvenal hizo carrera militar y recibió una sólida formación retórica. Su juventud y gran parte de su madurez transcurrieron durante el mal reinado de Domiciano, tirano que estableció un régimen de terror que marcó profundamente al poeta.
En el año 96 muere Domiciano y se inicia con Nerva y sus sucesores una época de restauración política, social y moral. Es entonces cuando Juvenal, ya de mediana edad, comienza a publicar sus dieciséis sátiras. Él mismo reconoce que lo obligaron a escribir sátiras la indignación ante tanta corrupción que dominaba la sociedad de su tiempo.
Obras Destacadas de Juvenal
Destacan especialmente:
- La Sátira III, que contiene una pintoresca descripción de la vida de Roma con sus ruidos, aglomeraciones y peligros.
- La Sátira VI, en la que arremete contra los vicios de las mujeres.
Juvenal manejaba el verso con gran soltura y tenía gran habilidad para simplificar los pensamientos en frases lapidarias como: Mens Sana In Corpore Sano.
El Epigrama: Evolución y Marcial
Origen y Desarrollo del Epigrama
El epigrama tuvo su origen en Grecia. En sus comienzos fue una breve inscripción sobre el sepulcro en memoria del difunto. Más tarde, se usó para designar composiciones poéticas cortas de tema amoroso, y en una última etapa sustituye su contenido amoroso por la crítica social (Epigrama Satírico).
Marcial: El Maestro del Epigrama
Los Epigramas de Marcial contienen toda la vida de Roma de su época. Habla de los hombres con sus defectos y virtudes, sin disimulos, por ese motivo en ocasiones resultaba algo crudo o «verde».
Su actitud es más de cansancio que de indignación ante los vicios y defectos de la sociedad; busca provocar más la risa o la burla que la reprobación. Las personas a las que se refieren sus epigramas son casi todas imaginarias. Uno de sus versos más populares fue: Se dice el pecado, pero no el pecador.