La Segunda República Española: Del Bienio Reformista a la Guerra Civil

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La Segunda República Española: Del Bienio Reformista a la Guerra Civil

6. Elecciones de 1936, Frente Popular y Estallido de la Guerra Civil

6.1. La etapa final del Bienio Radical-Cedista

La Europa de 1933-1936 estuvo marcada por la continuación de la crisis económica mundial y por un ambiente de tensión creciente, violencia y radicalización política, con la crisis de las democracias y la consolidación de los estados totalitarios en el continente. En el caso de España, a finales de 1935 el gobierno radical-cedista de Alejandro Lerroux (presidente) y José María Gil-Robles (ministro de la Guerra) entró en crisis debido a las divisiones dentro del Partido Radical (escisión en 1934 de un grupo de radicales liderado por Martínez Barrio, contrario a la colaboración con la CEDA y funda Unión Republicana), a los desacuerdos entre los dos partidos de la coalición de gobierno (tras el nombramiento por parte de Gil-Robles de militares contrarios al espíritu republicano para puestos relevantes en el Ejército, como la Jefatura del Estado Mayor Central para Franco) y los escándalos de corrupción de Alejandro Lerroux y el Partido Radical, como el caso estraperlo (sobornos a cambio de la introducción de ruletas trucadas en casinos españoles) y el asunto Nombela (malversación de fondos públicos tras la pérdida de dos barcos en Guinea Ecuatorial). En diciembre de 1935, caídos en desgracia Lerroux y los ministros radicales, Gil Robles exigió la presidencia del gobierno para su partido, pero tropezó con la negativa de Alcalá-Zamora, contrario a la revisión constitucional pretendida por la CEDA, quien nombró un gobierno interino presidido por Manuel Portela Valladares que convocó nuevas elecciones generales para febrero de 1936.

6.2. El Frente Popular y las elecciones de febrero de 1936

El Frente Popular fue una coalición de partidos de izquierda que, siguiendo la táctica de la Tercera Internacional de favorecer la alianza de todos los grupos de izquierda para frenar el avance del fascismo, se presentaron unidos a las elecciones de febrero de 1936. Este Frente Popular juntó a partidos republicanos de izquierda como Unión Republicana (Martínez Barrio) e Izquierda Republicana (Azaña) con partidos socialistas (PSOE), comunistas (PCE y POUM) y nacionalistas (Esquerra Republicana de Cataluña). Además, contó con el apoyo tácito de los anarquistas (CNT), que, a diferencia de las elecciones anteriores, no pidieron la abstención. Su programa político se basaba en dos puntos: reinstaurar las reformas de los gobiernos del Bienio Reformista de 1931-1933 y conceder la amnistía a los encarcelados por la Revolución de Octubre de 1934. Frente a este bloque de izquierdas los partidos de derecha se agruparon en distintas coaliciones electorales, pero sin llegar a formar un frente homogéneo en todo el país. En unas provincias, esta alianza electoral unió a la CEDA (Gil-Robles) con fuerzas antirrepublicanas, como Renovación Española (Calvo Sotelo) o Comunión Tradicionalista (carlistas), mientras que en otras la CEDA se alió con partidos republicanos de centro-derecha como el Partido Radical o la Lliga catalana. Falange Española (José Antonio Primo de Rivera) quedó fuera de esta coalición. Las elecciones de febrero de 1936, celebradas en medio de un clima de polarización política, se saldaron con una ajustada victoria del Frente Popular (4,7 millones de votos), seguido a corta distancia por las derechas (4,5 millones de votos). No obstante, dado que el sistema electoral favorecía a las candidaturas más votadas, el Frente Popular obtuvo una amplia mayoría parlamentaria. Tras las elecciones, Azaña formó un gobierno integrado exclusivamente por republicanos de izquierdas, ya que el sector radical del PSOE, liderado por Largo Caballero, impidió la entrada de los socialistas en el Gobierno. En mayo, las Cortes cesaron a Alcalá-Zamora y nombraron a Azaña presidente de la República y a Santiago Casares Quiroga presidente del gobierno.

6.3. Las medidas del gobierno y el camino hacia la guerra

Entre febrero y julio de 1936 el Frente Popular aprobó numerosas medidas:

  1. Amnistía para los presos de la Revolución de Octubre de 1934 (Asturias y Cataluña).
  2. Restablecimiento de la Generalitat y del Estatuto de Autonomía de Cataluña y tramitación de nuevos estatutos de autonomía para Galicia y el País Vasco.
  3. Fuerte impulso de la reforma agraria y debate sobre la posibilidad de recuperación de los bienes comunales por parte de los municipios.
  4. Restauración de la legislación laboral de 1931-1933.
  5. Alejamiento de los centros de poder de los militares sospechosos de conjura (Franco a Canarias, Mola a Navarra y Goded a Baleares).

Todas estas medidas se aprobaron en medio de un clima de creciente radicalización política. En la izquierda, la vía revolucionaria de los anarquistas tenía cada vez más seguidores y en el PSOE la facción de Largo Caballero (que hablaba de “hacer la revolución violentamente” en caso de ser necesario) se impuso al socialismo más moderado de Indalecio Prieto, todo ello al tiempo que en las ciudades la CNT y la UGT organizaban centenares de huelgas y en el campo se multiplicaban las ocupaciones de fincas, como la del 25 de marzo, día en que 80.000 yunteros extremeños ocuparon pacíficamente 250.000 hectáreas de tierra. Los partidos de derecha, por su parte, rechazaban enérgicamente las reformas del Frente Popular, resaltando posturas como la de Calvo Sotelo, líder de Renovación Española, que proponía la intervención del Ejército para detener la expansión del movimiento obrero, una reivindicación compartida por numerosos alfonsinos, carlistas, falangistas y miembros de la CEDA. Ciertamente, desde inicios de marzo de 1936 un amplio sector del Ejército estaba preparando un golpe militar para acabar con el gobierno y terminar con lo que percibían como un peligroso deslizamiento hacia la revolución social y la desintegración nacional. Sus mayores apoyos provenían de los militares africanistas, curtidos por la experiencia de la cruenta guerra colonial en Marruecos, entre los que se encontraban el general Sanjurjo, exiliado en Portugal, y el general Mola, director técnico de la conjura. La ejecución del golpe de Estado fue aplazada en gran parte por las vacilaciones de Franco sobre sus posibilidades de éxito y su confianza en atajar la crisis por medios legales.

En la primavera de 1936, la creciente tensión política dio lugar a enfrentamientos de escuadrones falangistas y carlistas contra milicias de partidos y sindicatos de izquierdas que desembocaron en una oleada de violencia callejera con más de 250 víctimas mortales entre febrero y julio. En este contexto, el 12 de julio de 1936 un grupo de pistoleros falangistas asesinó al teniente José Castillo, de simpatías socialistas, y como represalia, al día siguiente varios guardias de asalto y milicianos socialistas detuvieron y asesinaron a Calvo Sotelo, un crimen que fue aprovechado por los militares conjurados para dar comienzo a la sublevación el 17 de julio, cuyo incierto resultado derivó en una larga y cruenta guerra civil con intervención extranjera.

8. Fases de la Guerra Civil (1936-1939) desde el punto de vista militar

8.1. Introducción

La Guerra Civil Española se inscribe en el contexto de la Europa de los años 30, un periodo muy convulso en el continente a raíz de los devastadores efectos de la crisis económica de 1929 y la progresiva radicalización de las posturas políticas, con la irrupción de los partidos de masas, el auge de las dictaduras y el triunfo de los totalitarismos en Italia, Alemania y la URSS. En esos años, tres modelos sociopolíticos pugnaban en Europa: el reformista, el revolucionario y el reaccionario, y en el caso de España ninguno de ellos era capaz de imponerse a los restantes a través del juego político. Este hecho, unido a la división del Ejército entre quienes defendían la República y quienes optaban por un cambio político, llevó a un grupo de militares conjurados, apoyados por los sectores más conservadores, a recurrir a la violencia para resolver el conflicto.

8.2. Inicios de la guerra y bandos enfrentados

La sublevación militar iniciada en Marruecos el 17 de julio de 1936 se extendió por casi todas las guarniciones peninsulares, insulares y coloniales de España. Cuatro días después, la rebelión había logrado implantar su dominio indiscutido sobre todas las colonias africanas, una amplia zona del oeste y centro peninsular, un reducido núcleo andaluz y los archipiélagos de Canarias y Baleares (salvo Menorca). Sin embargo, la rebelión había sido aplastada por un sector leal del Ejército con ayuda de milicias obreras armadas urgentemente en dos áreas aisladas entre sí: la zona centro-oriental peninsular (incluyendo las ciudades de Madrid, Barcelona y Valencia) y una estrecha franja norteña (desde el País Vasco hasta Asturias, salvo Oviedo). Ese golpe de estado fracasó pero tampoco fue derrotado, lo que provocó la conversión del golpe en una verdadera guerra civil de duración en principio incierta y de violencia creciente.

A partir de julio de 1936 España quedó dividida en dos bandos y dos zonas:

a) El bando sublevado o franquista recibió el apoyo de 8000 oficiales del Ejército y unos 140 000 hombres entre militares y guardias civiles y de asalto (incluidos los legionarios y regulares de Marruecos, que constituían la unidad más profesional y eficaz del Ejército español). Asimismo, contó con el apoyo de la Iglesia y de los sectores más conservadores (CEDA, alfonsinos, falangistas y carlistas), al tiempo que el Ejército tomaba las riendas del Estado. Transcurridos unos días desde el golpe militar, este bando había ocupado un 46 % del territorio y se había impuesto sobre la zona más rural, abundante en recursos agrícolas y ganaderos.

b) El bando republicano obtuvo el apoyo de 3500 oficiales y unos 116 000 hombres entre militares y fuerzas de seguridad (incluyendo 2/3 de la marina y de la aviación), así como de las fuerzas políticas y sindicales del Frente Popular (partidos republicanos de izquierda, socialistas, comunistas y nacionalistas), los anarquistas (CNT) y el PNV. En esta zona el Ejército se derrumbó como institución: surgieron milicias populares organizadas por partidos y sindicatos obreros, que en los meses siguientes se integraron en el Ejército Popular. A comienzos de la guerra, el bando republicano controlaba el 53 % del territorio, que suponía el área más extensa, poblada e industrializada, que incluía el oro del Banco de España y el 65 % de las oficinas bancarias.

8.3. Fases de la Guerra Civil (julio de 1936 - abril de 1939)

En líneas generales, el bando sublevado llevó la iniciativa en las operaciones militares, mientras que el bando leal a la República, salvo contadas excepciones, se limitó a una estrategia defensiva. Con el apoyo logístico y militar de Italia, Alemania y Portugal, las fuerzas sublevadas se hicieron progresivamente con el control del territorio en manos del Gobierno republicano, que recibió una ayuda exterior mucho más limitada (armamento y asesores soviéticos y voluntarios de las Brigadas Internacionales). Podemos dividir la guerra en cuatro fases:

  1. El avance hacia Madrid (julio de 1936 - marzo de 1937). La primera operación militar destacada fue el transporte de las tropas de Marruecos al sur de la Península (puente aéreo), dado el bloqueo del Estrecho de Gibraltar por parte de la Armada republicana. No obstante, el objetivo principal de los sublevados era Madrid: desde el Norte, los ejércitos del general Mola, que habían sublevado Navarra, avanzaron hacia la capital, siendo repelidos en la batalla de Guadarrama; y desde el Sur, las tropas del coronel Yagüe conquistaron la provincia de Badajoz, y más tarde, ya bajo la dirección del general Franco, liberaron el Alcázar de Toledo y se unieron a la ofensiva en Madrid. En el bando republicano, los generales Miaja y Rojo organizaron la defensa de la capital, liderando una movilización popular que contó con la ayuda del armamento soviético, las Brigadas Internacionales y la columna anarquista de Durruti. Junto a los combates en torno a Madrid (batalla de la Carretera de La Coruña, batalla del Jarama y batalla de Guadalajara) en esta etapa cabe destacar la toma de Irún y de Málaga por el bando sublevado.
  2. La ofensiva del Norte (abril - noviembre de 1937). Incapaz de conquistar Madrid, Franco cambió de estrategia y orientó el esfuerzo militar hacia la franja Norte, donde las tropas sublevadas bombardearon Guernica y tomaron el País Vasco, Cantabria y Asturias (Mola moriría en un accidente aéreo). Con el fin de aliviar la presión sobre el Norte, los republicanos lanzaron dos contraofensivas en Brunete (Madrid) y Belchite (Aragón), que terminaron en fracaso.
  3. La ofensiva del Este (diciembre de 1937 - noviembre de 1938). En enero de 1938 los republicanos ocuparon la ciudad de Teruel, que unas semanas más tarde fue reconquistada por las tropas franquistas. En abril, las tropas sublevadas tomaron Vinaroz (Castellón), dividiendo la zona republicana en dos: Cataluña y el centro-sur de la Península. En julio-noviembre tuvo lugar la última gran ofensiva republicana, la batalla del Ebro (120 000 bajas), con victoria de Franco.
  4. El final de la guerra (1939). En diciembre de 1938, las tropas franquistas avanzaron hacia Cataluña: en enero caía Barcelona y en febrero miles de republicanos marchaban al exilio a Francia. Mientras tanto, el presidente del Gobierno, Juan Negrín, llamaba a continuar la resistencia, pero el 5 de marzo el coronel Casado dio un golpe de Estado en Madrid para pactar una paz negociada con Franco, que este rechazaría, y el día 28 entregó la capital a los sublevados. La zona centro-este cayó poco después y el 1 de abril Franco anunció el final de la guerra.

5. El Bienio Reformista (1931-1933)

5.1. Introducción

El 14 de abril de 1931, fecha de la proclamación de la Segunda República, se formó un Gobierno Provisional, presidido por Niceto Alcalá Zamora, que convocó elecciones a Cortes Constituyentes para el día 28 de junio, las cuales dieron una amplia mayoría a la conjunción republicano-socialista configurada en el Pacto de San Sebastián. En los meses siguientes, este Gobierno Provisional aprobó un gran número de reformas, al tiempo que las Cortes redactaban y debatían la nueva Constitución, aprobada el 9 de diciembre, que no sería fruto del consenso entre todas las fuerzas políticas, sino que reflejaría los valores laicos e izquierdistas de la mayoría. Solo dos días más tarde, Alcalá-Zamora fue elegido presidente de la República y Manuel Azaña fue nombrado presidente de un nuevo Gobierno integrado por socialistas y republicanos de izquierdas que continuaría la política de reformas del Gobierno Provisional.

5.2. Las reformas

 

-Las reformas laborales, encabezadas por el ministro de Trabajo, Largo Caballero, tenían como objetivo mejorar las condiciones de vida de los trabajadores del campo y de la ciudad. Entre ellas destacan el establecimiento de la jornada laboral de 8 horas en el campo; la prolongación de los contratos de arrendamiento de la tierra; el laboreo forzoso de lastierras allá donde hubiera jornaleros en paro; la obligación de contratar a jornaleros del mismo pueblo frente a los de otros municipios; la Ley de Contratos de Trabajo, que reconocía y organizaba la negociación colectiva; la Ley de Jurados Mixtos, que favorecía a lostrabajadores en los acuerdos entre obreros y patronos; y la ampliación de los seguros de maternidad y accidentes de trabajo. 

-La reforma religiosa: Con el objetivo de establecer una clara separación Iglesia-Estado  y reducir la influencia de La Iglesia en la sociedad desarrolló una serie de leyes en  cumplimiento de los principios secularizadores de la constitución, como la ley de divorcio de  1932, la disolución de la Compañía de Jesús y la nacionalización de sus bienes y por la ley de  confesiones y congregaciones religiosas de 1933, el Estado dejaba de realizar aportaciones a la  Iglesia y ordenaba el cierre de los centros docentes religiosos. 


-La reforma educativa de los ministros de Instrucción Pública, Marcelino Domingo y Fernando de los Ríos, tenía como fin promover una educación pública, laica y unificada, libre de la influencia de la Iglesia, que pusiera fin a las altas tasas de analfabetismo del país (30-50 %). Entre sus medidas cabe destacar la implantación de una enseñanza primaria obligatoria, gratuita y mixta (sin separación de niños y niñas); la construcción de más de 10 000 escuelas; la contratación de cerca de 7000 maestros (mejora de su formación); y medidas laicistas como la  enseñanza voluntaria de religión, la prohibición de enseñar para las órdenes religiosas y la  eliminación de los crucifijos en las escuelas, decisiones que provocaron enfrentamientos con la  Iglesia y los sectores católicos. Porotro lado, destacaron las Misiones Pedagógicas (como La  

Barraca de García Lorca), en las que profesores, estudiantes, artistas e intelectuales recorrieron los pueblos de España para difundir la cultura en las áreas rurales (apertura de bibliotecas,  organización de lecturas, proyecciones de películas, sesiones musicales, exposiciones de arte y representaciones teatrales). 

-La reforma militar del ministro de la Guerra, Manuel Azaña, pretendía imponer la  supremacía del poder civil gubernamental para someter a los mandos del Ejército e impedir  nuevas intervenciones militares en los asuntos políticos y conseguir un Ejército más moderno y  eficaz. Para ello, adoptó medidas, tales como, exigir a los oficiales un juramento de fidelidad a la República; reducir el número de oficiales que aceptaron el retiro con el sueldo íntegro; anular 

los ascensos por méritos de guerra de la dictadura; derogar la Ley de Jurisdicciones de 1906  (tribunales militares para delitos contra la patria); cerrar la Academia Militar de Zaragoza (Franco); o crear la Guardia de Asalto, cuerpo policial fiel a la República. 

-La reforma agraria: dirigida por el ministro de Agricultura, Marcelino Domingo, tenía como fin hacer frente a las desigualdades económicas en el campo extremeño, andaluz y manchego a causa de la estructura de propiedad latifundista y la existencia de 1,5 millones de campesinossin tierra (jornaleros y yunteros).

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