La Segunda República Española: causas, proclamación y la Constitución de 1931
Causas que llevaron a la proclamación de la Segunda República y su relación con la crisis económica mundial de los años 30
La Segunda República constituye una de las etapas más cruciales y controvertidas de la historia contemporánea de España. Su proclamación fue consecuencia del agotamiento irreversible que había venido protagonizando la Restauración, sistema político iniciado por Cánovas en el marco de la Restauración borbónica. El periodo abarca de 1931 a 1936, en el contexto previo a la Guerra Civil.
Causas
- Corrupción (evasión fiscal, Expediente Picasso, fraudes).
- Derrumbe del partido turnismo.
- Desigualdades sociales: precariedad laboral y miseria rural en el sur.
- Ineficacia de la Restauración (crisis de 1917 y desastre de Annual).
- Crecimiento de la oposición: nacionalismo, republicanos y PSOE.
- Descrédito de la monarquía tras la dictadura de Primo de Rivera.
- Desarrollo económico y urbanización: crecimiento de una población más movilizada y libre del caciquismo.
Detonantes
En 1930, durante la dictadura, la causa inmediata de la caída de la monarquía y la proclamación de la República fueron las elecciones municipales del 12 de abril de 1931. En ellas triunfó la conjunción republicano-socialista en la mayor parte de las provincias y grandes ciudades españolas, donde el poder caciquil era mucho menor.
Estas elecciones se enfocaron como un plebiscito entre los partidos firmantes del Pacto de San Sebastián (republicanos, socialistas y nacionalistas catalanes) y demostraron el aplastante apoyo popular a los republicanos en las principales ciudades españolas. Las elecciones, con las que se pretendía retomar la monarquía de la Restauración, constituyeron un masivo plebiscito contra la monarquía. Todas las fuerzas políticas lo interpretaron como un rechazo a la monarquía, por lo que Alfonso XIII decidió abandonar España. Esto supuso el fin de la dictablanda.
El 14 de abril de 1931 se proclama la Segunda República.
Condicionantes
Ya en la Segunda República se produjo una gran división de la sociedad y la crisis global del crack del 29. Los efectos de la crisis sobre la economía española fueron parciales y tardíos, dado el escaso desarrollo de la economía española y su alto grado de proteccionismo.
Sin embargo, se contrajo el comercio exterior y dejaron de llegar inversiones extranjeras. Por otro lado, se redujo la emigración y regresaron parte de los españoles que perdieron sus trabajos en el extranjero. Todos estos factores hicieron aumentar el paro y, por tanto, la conflictividad social.
El entusiasmo inicial se transformó en descontento, frustración y división de los partidos republicanos. España no fue ajena al contexto internacional. Todo ello dará lugar a una radicalización ideológica que se reflejará en las dos Españas.
Características sociales de la Constitución de 1931
Tras la renuncia de Alfonso XIII se proclama la Segunda República, y se produce un vacío de poder cubierto por un gobierno provisional integrado por un grupo muy heterogéneo.
En junio de 1931 se celebraron elecciones a Cortes Constituyentes. Obtuvo la mayoría la coalición de republicanos y socialistas. El primer cometido de estas Cortes era elaborar un nuevo texto constitucional.
La Constitución de 1931 fue el reflejo de un pensamiento democrático y avanzado, y buscaba una redistribución de la riqueza y la creación de un Estado del bienestar que alcanzara a toda la sociedad, yendo más allá de la defensa de la doctrina liberal de constituciones anteriores. El proyecto fue el resultado de un compromiso entre socialistas y republicanos de izquierdas para establecer una república democrática y no confesional.
Recogía una amplia declaración de derechos y libertades, como el derecho al voto de las mujeres, el establecimiento del matrimonio civil y el divorcio, y el derecho a una educación primaria obligatoria, laica y gratuita. Se respetaba la propiedad privada, aunque se asumía el principio de que la riqueza del país quedaba subordinada a los intereses generales.
Establecía una radical división de poderes. Las Cortes tenían una única cámara, el Congreso de los Diputados, con amplia capacidad legislativa y de control del gobierno. La jefatura del Estado se atribuyó al presidente de la República. La justicia se basaba en la independencia profesional de los tribunales. Algunas provincias podían configurarse en regiones autónomas.
Se daba la separación Iglesia-Estado, eliminando la financiación estatal de la misma. Además, en defensa de la República, permitía al ejecutivo limitar los derechos y libertades necesarios frente a extremismos.
Fue una constitución democrática y progresista, reformista en el ámbito social; sin embargo, no consiguió el consenso de todos los españoles, sobre todo por el tratamiento que se hizo de la cuestión religiosa.