Sensibilidad y entendimiento Kant
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1. ¿Qué puedo saber? (Crítica de la razón pura)
Kant intenta resolver el conflicto entre el Racionalismo y el Empirismo, las dos corrientes principales de la filosofía moderna. El Racionalismo afirma que el conocimiento procede principalmente de la razón, mientras que el Empirismo sostiene que proviene de la experiencia. Kant propone una síntesis entre ambas: todo conocimiento comienza con la experiencia, pero no todo procede de ella, ya que la mente humana posee estructuras a priori que organizan lo que conocemos. Estas estructuras son las intuiciones puras de espacio y tiempo y las categorías del entendimiento. Kant distingue entre juicios analíticos (no aportan información nueva) y juicios sintéticos (aportan conocimiento nuevo), y entre juicios a priori (universales y necesarios) y a posteriori (dependen de la experiencia). Según Kant, la ciencia se basa en juicios sintéticos a priori, porque permiten ampliar el conocimiento y al mismo tiempo son universales. Sin embargo, estas estructuras solo pueden aplicarse al ámbito de la experiencia. Por ello, la metafísica no puede ser considerada una ciencia, ya que intenta aplicar esas categorías a realidades que no pueden experimentarse, como Dios, el alma o el más allá. Kant no niega su existencia, pero afirma que no pueden demostrarse científicamente.
2. ¿Qué debo hacer? (Crítica de la razón práctica)
Kant sostiene que existe una sola razón con dos funciones: la razón teórica, que se ocupa de conocer cómo es la realidad, y la razón práctica, que se ocupa de orientar la conducta y decirnos cómo debemos actuar. La moral pertenece a la razón práctica y se expresa mediante imperativos o mandamientos. Kant rechaza las éticas materiales porque son empíricas, hipotéticas y heterónomas: dependen de la experiencia, buscan un fin como la felicidad o el placer y sus normas vienen de factores externos a la razón. Frente a ellas propone una ética formal, que sea universal, racional y autónoma. Según Kant, una acción solo tiene valor moral cuando se realiza por deber, es decir, por respeto a la ley moral, y no por interés o por las consecuencias. Por eso distingue entre acciones contrarias al deber, conformes al deber y acciones por deber, siendo estas últimas las únicas verdaderamente morales. La ley moral se expresa en el imperativo categórico, que establece que debemos actuar de forma que nuestras acciones puedan convertirse en una ley universal, y que debemos tratar siempre a las personas como un fin en sí mismas y nunca solo como un medio, respetando su dignidad.