La Separación entre el Derecho y la Moral: Desafíos del Totalitarismo y la Laicidad

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El Problema de la Separación entre el Derecho y la Moral y la Supuesta Neutralidad

Teóricamente, cualquier **sistema moral** podría ser jurídicamente obligatorio. Las conductas que en otros regímenes políticos más liberales se dejan depender de las convicciones morales del individuo, en esas sociedades totalitarias se imponen sin permitir la disidencia. La totalidad de la **conducta humana** se somete a la supervisión y al control del poder político, que no permite a nadie desviarse del programa de vida consagrado.

El **totalitarismo** consiste en someter a todos los miembros de la sociedad a un escrutinio público y en forzarlos a seguir un modelo de convivencia que se considera deseable por el poder. Por eso el totalitarismo es despótico. Y lo es, aun cuando se ejerza con el **consentimiento de la mayoría**.

La Intromisión del Derecho en la Sexualidad

Un caso especial de esta intromisión del derecho es el de la penalización de la exhibición pública de la sexualidad y de las prácticas u opciones sexuales consideradas heterodoxas, como la **homosexualidad**. En las sociedades tradicionales es común el delito de escándalo público. Las sociedades más liberales protegen la **libertad sexual** y castigan como delito los actos que atentan contra esa libertad.

Derecho y Religión: El Estado Confesional

Lo que ocurre con la moral puede ocurrir también con la religión. El **Estado confesional** tiene ese carácter totalitario. La confesionalidad del Estado es hoy en día una experiencia viva y actual. En Europa fue una experiencia histórica hasta que se produjo la separación entre la Iglesia y el Estado.

El Principio de Laicidad frente a la Confesionalidad

Frente a la confusión entre la Iglesia y el Estado, se alzó el principio de **laicidad**. El Estado se desliga de la religión y no toma partido por ninguna en concreto. El Estado se hace laico y aleja a la Iglesia del poder. No impone una religión como religión oficial. Respeta a los que profesan cualquier religión, así como el derecho a la **libertad de creencias**, pero el Estado no colabora con las Iglesias, ni apoya la educación religiosa, e incluso puede llegar a prohibir las manifestaciones de religiosidad en el espacio de las instituciones públicas comunes a todos los ciudadanos.

En el laicismo hay un cierto grado de intolerancia frente a las credes y las instituciones religiosas. El **Estado no confesional** establece una separación entre el derecho y la religión. La tolerancia hacia los que tienen creencias opuestas es moralmente obligada, y no una cuestión pragmática derivada de la necesidad de convivir. No es simplemente un modus vivendi, sino un principio que tiene un **valor moral**.

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