El Sexenio Democrático en España: Revolución, Monarquía y la Primera República

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1. El Sexenio Democrático: La Revolución Gloriosa, la Constitución de 1869 y la Monarquía de Amadeo de Saboya

a) Causas y gestación de la Revolución

A partir de 1860, la expansión industrial y económica frenó. La crisis económica estalló en 1866. Fue la primera gran crisis del sistema capitalista a nivel internacional y se manifestó de diversas formas:

  • Una crisis de subsistencia.
  • Una crisis financiera provocada por la bajada de los valores en bolsa y originada por la crisis de los ferrocarriles.
  • Una crisis industrial debida a la escasez de algodón en el sector textil.

El paro aumentó, provocando un descenso del nivel de vida. El hambre y la desesperación se extendieron, haciendo crecer la tensión y la conflictividad social. Un ejemplo fue el motín de los oficiales del cuartel de San Gil en junio de 1866, donde fusilaron a los oficiales que participaron en la rebelión.

El gobierno, monopolizado por los moderados, no mostró intención de proceder con la reforma de un sistema que marginaba del juego político. El aumento de la corrupción y el progresivo desprestigio de la reina contribuían a enrarecer el ambiente. En 1866, el Partido Progresista y el Partido Demócrata firmaron el Pacto de Ostende. A este se unieron republicanos y demócratas, planteándose como objetivo destronar a los Borbones y convocar Cortes Constituyentes mediante sufragio universal. A finales de 1866, tras la muerte de O’Donnell, los unionistas se sumaron al pacto.

b) Estallido y triunfo revolucionario

El 19 de septiembre de 1868, el almirante Topete se pronunció en Cádiz. El general Prim, líder del Partido Progresista, exiliado en Londres, y el general Serrano, líder de la Unión Liberal, desterrado en Canarias, se reunieron con los sublevados y apoyaron el golpe. Los militares sublevados firmaron un manifiesto conjunto titulado España con Honra. En él se exhortaba a todos los españoles a acudir a las armas en defensa de la justicia, negando la obediencia al gobierno de Madrid. Isabel II envió contra los sublevados un ejército leal que fue derrotado por el general Serrano en Alcolea. Ante el avance de los revolucionarios, Isabel II se vio forzada a huir a Francia.

Para el triunfo de la revolución, fue muy importante el apoyo de los sectores populares a los sublevados. En muchas ciudades españolas se constituyeron juntas revolucionarias que reclamaban:

  • Libertad.
  • La separación de la Iglesia y el Estado.
  • La supresión de las quintas.
  • El sufragio universal.
  • La abolición de los consumos.
  • La convocatoria a Cortes Constituyentes.
  • El reparto de la propiedad.
  • Incluso la proclamación de la República.

2. El Gobierno Provisional y la Constitución de 1869

Tras el triunfo de la revolución, se creó un Gobierno Provisional, presidido por el general Serrano e integrado por unionistas y progresistas. Laureano Figuerola, ministro de Hacienda, desarrolló una importante labor económica. La peseta, por ejemplo, contribuyó a consolidar el mercado nacional. Se favoreció la entrada de capital extranjero en la minería y se implantó el Arancel de Figuerola en 1869, que liberalizó la llegada de algunas mercancías. En octubre de 1868, se inició la Primera Guerra de Independencia de Cuba, conocida como el «Grito de Yara». La guerra duró 10 años, hasta la Paz de Zanjón (1878).

El Gobierno proclamó las libertades de imprenta y enseñanza, de reunión y asociación, estableció el sufragio universal masculino y convocó Cortes Constituyentes. En las elecciones a Cortes Constituyentes de enero de 1869, los grupos unionistas y progresistas obtuvieron la mayoría, triunfando los republicanos en los núcleos urbanos. Elaboraron la Constitución de 1869, que fue aprobada en junio de 1869, siendo la primera democrática de la historia de España.

Características de la Constitución de 1869:

  • España se configuraba como una monarquía parlamentaria.
  • Se proclamaba la soberanía nacional, de la que emanaban todos los poderes, incluso la legitimidad monárquica.
  • Las Cortes tenían dos cámaras: el Congreso de los Diputados y el Senado, elegidas ambas por sufragio universal masculino.
  • El poder ejecutivo recaía en el rey, que lo ejercía a través de sus ministros, responsables ante las Cortes.
  • El monarca solo se limitaba a sancionar y promulgar las leyes.
  • Dentro del poder judicial, destacaba la implantación del sistema de oposición para el ingreso en la carrera judicial y se implantó el juicio por jurados.
  • Se reconocían amplias libertades individuales.
  • Se favorecía la descentralización del Estado.
  • Se reconocía la libertad de culto, aunque el Estado se comprometía a sostener el culto católico. Se dio paso a la secularización de la vida pública mediante leyes posteriores, como la Ley del Matrimonio y la Ley de Cementerios.
  • Las provincias de ultramar de Cuba y Puerto Rico gozaban de los mismos derechos que las peninsulares. Filipinas quedaba gobernada por una ley especial.

El 19 de octubre de 1869, el ministro de Hacienda del Gobierno Provisional del general Serrano, Laureano Figuerola, firmó el decreto por el que se implantaba la peseta como moneda nacional, sustituyendo al escudo. Las Cortes establecieron una regencia que recayó en Francisco Serrano (Unión Liberal), mientras que Juan Prim (Partido Progresista) era designado presidente del Gobierno.

La búsqueda de un nuevo rey dividió a la coalición revolucionaria, pues cada partido pretendía nombrar a un candidato que favoreciese sus intereses. Los unionistas querían al duque de Montpensier, casado con la hermana de Isabel II, quien había intrigado y suministrado fondos a los revolucionarios, pero tuvo la oposición de Napoleón III. Demócratas y progresistas miraban hacia don Fernando de Coburgo. Esta candidatura podía constituir en el futuro la base de una hipotética unión liberal, pero no era bien vista por Inglaterra ni por Francia. El mismo candidato renunció por razones de edad. Prim se esforzó por traer al archiduque Leopoldo, pero surgió la oposición del emperador francés, quien alegaba el peligro que correría el equilibrio europeo en el caso de ser aceptado el candidato alemán. Se intentó proponer al general Espartero, pero rehusó alegando su edad y su cansancio político. Las negociaciones con el monarca italiano Víctor Manuel dieron su fruto y el segundo hijo de este, Amadeo, aceptó la corona española. El 16 de octubre de 1870 tuvieron lugar las votaciones en las Cortes, y fue la candidatura de Amadeo la que logró imponerse. Amadeo aceptó la corona española de forma oficial el 4 de diciembre de 1870.

3. La Monarquía de Amadeo I de Saboya (1871-1873)

Amadeo I de Saboya era miembro de una estirpe real vinculada al constitucionalismo y con prestigio en el resto de Europa. Su padre, Víctor Manuel II, rey de Piamonte, era un extranjero que desconocía España y su idioma. La llegada del nuevo monarca, en los primeros días de enero de 1871, estuvo marcada por el asesinato de Prim. De este modo, Amadeo perdía su principal apoyo y conexión con la realidad política española (la monarquía nacía huérfana).

Amadeo I, en un principio, contó con el respaldo de los constitucionalistas, unionistas y otros progresistas. Intentó desempeñar su tarea desde el respeto a su papel como rey constitucional, pero encontró una fuerte oposición que se fue acrecentando con el paso del tiempo: por un lado, estaban los republicanos y gran parte de los sectores populares, reticentes al sistema monárquico; por otro lado, estaban los carlistas, partidarios de un trono en manos de Carlos VII, lo que terminó conduciendo al estallido de la Tercera Guerra Carlista.

Cánovas del Castillo, líder de los moderados, comenzó a formar un partido alfonsino para defender los derechos sucesorios del hijo de Isabel II. Presentó a la monarquía borbónica como única garantía de estabilidad. Fue recabando el apoyo de:

  • Los unionistas y sectores de los progresistas.
  • La Iglesia.
  • La gran burguesía de los negocios.

Amadeo I reinó en un clima de constante inestabilidad política y social:

  • Tercera Guerra Carlista (1872-1876): Focalizada en la zona vasco-navarra y catalana.
  • Movimiento obrero: La clase obrera, influida por los ideales internacionalistas, respaldó insurrecciones en las que reclamaban un sistema republicano federal.

La situación de inestabilidad interna y externa llevó al general Serrano a pedir al rey en junio de 1872 la suspensión de las garantías constitucionales, a lo que Amadeo se opuso. Amadeo I renunció al trono el 11 de febrero de 1873 y regresó a Italia.

4. La Primera República Española: Un Ensayo Fallido (1873-1874)

La última etapa política del Sexenio Democrático fue la Primera República Española. No alcanzó un año de duración y tuvo cuatro presidentes, desde febrero de 1873 hasta su derrocamiento en enero de 1874.

4.1. La Proclamación de la Primera República

Tras la abdicación de Amadeo I, el Congreso de los Diputados y el Senado, reunidos en Asamblea Nacional, proclamaron la República por amplia mayoría el 11 de febrero de 1873. Las Cortes sometieron a votación un sistema republicano para España. Pronto se establecieron algunos de sus principales símbolos y su bandera.

Los escasos republicanos pertenecían a las clases medias urbanas; las clases trabajadoras optaron por dar su apoyo al movimiento obrero anarquista. La debilidad del régimen republicano provocó una enorme inestabilidad política. Cuatro presidentes de la República se sucedieron en el breve lapso de un año: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar.

El Partido Republicano surgió como una escisión del Partido Demócrata en 1868. Su principal problema fue la propia definición del Estado, con un enfrentamiento entre federalistas y unitarios.

1) Los Federalistas:

Liderados por Francisco Pi y Margall, tenían como ideario político:

  • El Estado debía formarse mediante pactos libres entre los pueblos o regiones históricas.
  • Separación total entre Iglesia y Estado (laicismo).
  • Se oponían a la intervención del ejército en la política.
  • Partidarios de la ampliación de derechos democráticos y de un avanzado programa social.
  • Defendían el intervencionismo del Estado en la regulación de las condiciones laborales.

No obstante, estaban divididos en dos tendencias o facciones: transigentes o benévolos e intransigentes:

  • Los benévolos consideraban que el federalismo debía establecerse «de arriba abajo».
  • Los intransigentes defendían que los distintos territorios podían declararse independientes para pactar libremente su unión a una República Federal, es decir, que el Estado federal debía construirse «de abajo arriba».

2) Los Unitarios:

Encabezados por Emilio Castelar, se caracterizaban por:

  • Partidarios de un modelo de República unitaria, sin descentralización.
  • Defensa de posiciones mucho más conservadoras desde el punto de vista político y social.

Después de ser constituida la República, fue elegido presidente Estanislao Figueras. Convocó Cortes Constituyentes con el objetivo de elaborar una Constitución, pero su mandato estuvo marcado por la división interna del republicanismo y el estallido de dos conflictos bélicos:

  • La nueva Guerra Civil Carlista: Carlos VII, nieto de Carlos María Isidro, encabezó una nueva insurrección carlista en el País Vasco y Navarra. Los carlistas llegaron a establecer un gobierno en Estella, Navarra.
  • La Guerra de Cuba: En 1868 se inició en las islas caribeñas una insurrección anticolonial que derivó en lo que los cubanos denominan «Guerra Larga». Tuvieron que pasar 10 años hasta que las autoridades españolas consiguieron pacificar la isla con la firma de la Paz de Zanjón en 1878.

El triunfo de los republicanos federales en las elecciones a Cortes llevó a la proclamación de la República Federal y fue propuesto como presidente el catalán Pi y Margall. Durante su mandato, se presentó un proyecto de Constitución Federal, pero apenas se aprobaron algunos artículos como consecuencia del enfrentamiento entre las distintas fuerzas políticas que se debatían entre el federalismo y el unitarismo.

A la actitud centralista de los republicanos unitarios y el enfrentamiento del Gobierno con monárquicos, carlistas y proletarios, se unió la impaciencia de los seguidores de Pi y Margall, que se anticiparon a la proclamación del Estado federal y declararon la autonomía, constituyéndose en cantones semejantes a los suizos. Fue el comienzo de la Revolución Cantonal (12 de julio de 1873 - enero de 1874), con pequeños territorios regionales declarándose independientes y sublevándose contra el Gobierno republicano de Madrid.

Pi y Margall, al no poder alcanzar la aprobación del proyecto de Constitución y viéndose desbordado por la Revolución Cantonal, dimitió el 18 de julio. Tras un breve mandato de Salmerón, quien dimitió por problemas de conciencia al no querer firmar penas de muerte a los revolucionarios, le sucedió Emilio Castelar (7 de septiembre de 1873 - 3 de enero de 1874), republicano unitario y más conservador en cuestiones sociales.

Castelar intentó conducir la República de acuerdo con el principio de autoridad. La Constitución Federal de 1873 fue un proyecto de Constitución que no llegó a ser aprobada por las Cortes. Castelar suspendió las Cortes hasta el mes de enero de 1874, gobernando por decreto y con casi plenos poderes. Logró sofocar las últimas resistencias cantonalistas.

Mientras tanto, los problemas bélicos se acentuaban:

  • El carlismo se consolidó en sus posiciones con la victoria en la batalla de Montejurra, la ocupación de Estella y Eibar, y un nuevo asedio de Bilbao.
  • La guerra de Cuba prosiguió con los rebeldes afianzados en sus posiciones por las dificultades en la metrópoli.

4.2. El Fracaso de la Primera República

Las sesiones de las Cortes se reanudaron el 2 de enero de 1874. El presidente Castelar fue derrotado por la Asamblea por 120 votos contra 100, lo que provocó su dimisión. El 3 de enero de 1874, mientras se votaba para elegir un nuevo presidente, un golpe de Estado, dirigido por el general Manuel Pavía, disolvió las Cortes republicanas. Fue motivado por el miedo de los grupos conservadores a que se nombrase un presidente federalista y el régimen republicano diese nuevamente un giro hacia la izquierda. Apenas hubo resistencia política, lo que indicaba la debilidad del régimen y la falta de apoyos.

Se nombró un Gobierno de concentración, dirigido por el general Francisco Serrano, con el apoyo de los radicales. Serrano gobernó de acuerdo con la Constitución de 1869, pero con poderes dictatoriales y bajo un régimen republicano:

  • Se autoproclamó presidente vitalicio de la República.
  • Suspendió las garantías constitucionales.
  • El cantonalismo fue sometido tras la entrada de las tropas gubernamentales en el último foco de resistencia cantonalista.
  • El ejército actuó contra el carlismo, levantando el cerco de Bilbao, aunque no pudo conseguir la derrota definitiva del carlismo.

Mientras tanto, Antonio Cánovas del Castillo fue promoviendo un movimiento favorable a la Restauración de la monarquía borbónica en torno al príncipe Alfonso de Borbón, hijo de Isabel II. Los militares se fueron pasando al partido alfonsino, porque necesitaban un rey que legitimase la causa. Cánovas consiguió la abdicación de Isabel II. El 1 de diciembre de 1874, el príncipe Alfonso firmó el llamado Manifiesto de Sandhurst, elaborado por Cánovas del Castillo. En él se garantizaba el orden social, al tiempo que expresaba su voluntad de aceptar buena parte de las transformaciones producidas durante el Sexenio Democrático.

A finales del mes de diciembre de 1874, los generales Martínez Campos y Jovellar se pronunciaron en Sagunto a favor de la monarquía borbónica. El Gobierno no opuso resistencia y dimitió. Cánovas formó entonces un gabinete de regencia y comunicó a Alfonso XII su proclamación como rey de España.

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