El Sexenio Revolucionario: Causas y Consecuencias
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El Sexenio Revolucionario (1868-1874): Causas de la Revolución
1. La Crisis Económica
El último período del reinado de Isabel II se caracterizó inicialmente por una fase de expansión económica que afectó a toda Europa. Sin embargo, esta situación cambió y se inició una crisis económica que constituyó la primera gran crisis del sistema capitalista a nivel internacional, así como una crisis de subsistencias.
Crisis financiera: Provocada por la bajada del valor de las acciones en bolsa a raíz de la crisis de los ferrocarriles. La construcción de la red ferroviaria supuso una gran inversión de capitales, pero al comenzar la explotación de las líneas, su rendimiento económico fue menor de lo esperado. El escaso desarrollo industrial español no generó suficiente demanda de transporte de mercancías y viajeros, lo que provocó el desplome del valor de las acciones. Los inversores exigieron subvenciones al gobierno, pero este carecía de fondos y le fue imposible obtener un préstamo. Esta situación provocó la crisis de entidades financieras, que cancelaron sus créditos y extendieron la alarma a las empresas.
Crisis industrial: Coincidió con la crisis financiera, sobre todo en Cataluña. La industria textil se abastecía con algodón importado de Estados Unidos, pero la Guerra de Secesión americana provocó un período de escasez de algodón. Muchas pequeñas industrias del sector algodonero no pudieron afrontar la subida de los precios.
Crisis de subsistencias (1866): Provocada por una serie de malas cosechas que resultaron en una escasez de trigo, alimento básico de la población española. Los precios comenzaron a subir. La combinación de ambas crisis, la agrícola y la industrial, agravó la situación. En el campo, el hambre generó un clima de fuerte violencia social. En las ciudades, la consecuencia fue una oleada de paro que provocó un descenso del nivel de vida de las clases trabajadoras.
2. El Deterioro Político
Ante la imposibilidad de llegar al poder por los mecanismos constitucionales, el Partido Progresista, dirigido por Prim, practicó una política de retraimiento: se negó a participar en las elecciones y defendió la conspiración como único medio para gobernar. En la misma posición se encontraba el Partido Demócrata. Ambos partidos firmaron el Pacto de Ostende en 1867 para unificar sus actuaciones y acabar con el moderantismo en el poder (Ostende: Partido Progresista + Partido Demócrata + Unionistas). El compromiso proponía el fin de la monarquía isabelina y dejaba la decisión sobre la nueva forma de gobierno, monarquía o república, en manos de unas Cortes Constituyentes que serían elegidas por sufragio universal.
Desgaste del gobierno moderado: La época de Isabel II entra en crisis debido al monopolio del poder por parte del Partido Moderado, excluyendo al Partido Progresista. El pueblo demandaba reformas que el Partido Moderado no estaba dispuesto a realizar.