El Significado de la Resurrección de Jesús y su Impacto en los Discípulos
El Enigma de Jesús: De la Cruz a la Resurrección
Los discípulos han descubierto que Jesús, a pesar de haber terminado en una cruz, es el Cristo esperado por el pueblo y, todavía más, es el Señor de la vida y de la muerte, porque en él ha comenzado ya la resurrección, la liberación total y definitiva de los hombres.
La transformación de los discípulos
Los discípulos, que se resistían a aceptar el mensaje de Jesús, comienzan ahora a anunciar el Evangelio con una convicción total. Aquellos hombres cobardes, que no habían sido capaces de mantenerse junto a Jesús en el momento de la crucifixión, comienzan a arriesgar su vida por defender la causa del crucificado.
El llamado a la evangelización
Los discípulos viven el encuentro con el Resucitado como una llamada a anunciar el Evangelio. Los encuentros de los once con él terminan en una misión clara: anunciar la Buena Noticia.
La legitimación divina de Jesús
La muerte de Jesús en la cruz, abandonado por todos y condenado en nombre de la ley, dejaba en claro que Jesús era un falso profeta, aparentemente abandonado también por Dios. Sin embargo, al resucitarlo, Dios le ha dado la razón y ha legitimado y confirmado, con su gesto vivificador, el mensaje y la actuación de Jesús. Este tenía razón: Dios estaba con él. Los discípulos comprenden que en la vida y el mensaje de este hombre se encierra algo único e incomparable, que es necesario anunciar a todos los hombres.
El cumplimiento de las promesas
Si Jesús ha sido resucitado por Dios, los discípulos comprenden que no deben seguir esperando a ningún otro Mesías; las promesas de Dios han encontrado ya su cumplimiento en Jesús. La muerte nos iguala a todos y, si Jesús ha muerto, quiere decir que es un hombre como todos nosotros; pero si resucitó, demuestra que tiene una relación única con Dios y posee algo que no se puede encontrar en los demás.
La presencia viva del Resucitado
- Más allá de la destrucción: La muerte de Jesús no ha sido su destrucción, sino su paso a la vida del Padre. Jesús estuvo muerto, pero ahora está vivo.
- Intercesión constante: Los cristianos ya no se sienten solos; los creyentes saben que, junto al Padre, tienen a Cristo intercediendo y preocupándose por todos los hombres.
- Compañía en el camino: El Señor no solo vive ahora para los hombres, sino entre los hombres. Los discípulos viven animados por la presencia viva del Resucitado. Él camina con nosotros como jefe que nos lleva a la vida.
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