Simbolismo y Estilo en el Arte Románico y Gótico: Características y Evolución

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El Arte Románico: Expresión y Simbolismo

En el arte románico, la estricta sujeción al tema se logra mediante modelos facilitados a los artistas, lo que explica la repetición en las representaciones temáticas. Estas representaciones buscan destacar la conciencia viva del pecado, el temor a la condenación y la necesidad de arrepentimiento. Para lograrlo, se intensifica la expresividad.

El gran desarrollo del tema del Juicio Final refleja el horror a la condenación que se pretende inculcar. La representación de los pecados adopta formas repelentes; la lujuria, por ejemplo, se representa generalmente como una mujer con una calavera o con sapos y culebras en el vientre. Se recurre a la estética de lo feo, y para representar al demonio se utilizan formas animales, a veces con un aspecto incluso ridículo.

Lo simbólico es fundamental en el románico, aunque muchas figuras tienen un propósito meramente ornamental. También existen temas con una función de simple delectación. En este período, se desarrollan tipos figurativos que perdurarán durante siglos, como el Cristo crucificado y la Virgen entronizada.

El Cristo románico se representa siempre sujeto por cuatro clavos, con los brazos perpendiculares al cuerpo formando un ángulo recto. No lleva una corona de espinas ni una corona real, sino que puede estar vestido con una túnica larga o un amplio faldón con pliegues simétricos y rígidos. Este Cristo no muestra sufrimiento; sin embargo, en las representaciones más cercanas al gótico, los brazos se inclinan.

Características Principales de la Escultura Románica

  • Frontalidad rigurosa.
  • Figuras aisladas, incluso en escenas.
  • Ausencia de retratos; rostros homogéneos.
  • Desproporción de cabezas, manos y pies en relación con el cuerpo.
  • Tratamiento sencillo en peinados y vestimenta, con telas pegadas al cuerpo y pliegues concéntricos y redondeados.
  • Pies que no se apoyan en el suelo, dando la impresión de que la figura está suspendida.
  • Ojos grandes y abiertos, sin expresividad.
  • Ley de adaptación al marco, especialmente en los tímpanos de medio punto, donde las figuras no sobrepasan el marco, resultando en posiciones forzadas.
  • Tendencia a representar detalles anecdóticos.

Gótico Flamígero y Elementos Arquitectónicos

FLAMÍGERO: El Gótico flamígero, de los siglos XV y principios del XVI, es un periodo eminentemente decorativo del Gótico. Se emplean el arco conopial y el carpanel, además del apuntado tradicional del estilo. Las bóvedas de crucería estrelladas con terceletes y las de abanico, así como los ventanales decorados con tracería de formas curvilíneas en S, como llamas, dan nombre al estilo.

GIROLA: Galería semicircular, prolongación de las naves laterales, que rodea la parte trasera del presbiterio de una iglesia.

LONJA: Edificio o recinto donde se realizan transacciones comerciales, presente desde el Gótico como monumento civil.

PINÁCULO: Remate piramidal, muy puntiagudo, con tracería, ganchos y otros detalles de embellecimiento, situado sobre los estribos exteriores de los monumentos del Estilo Gótico, siglos XIII al XV. Su función es tanto decorativa como constructiva, contribuyendo a desviar parte de los empujes oblicuos desde los arbotantes a los contrafuertes.

RETABLO: El retablo evoluciona durante el Gótico, siglos XIII al XV, pasando de una tabla a dos (“díptico”), tres (“tríptico”) o muchas (“políptico”). Las tablas laterales son abatibles para cerrar el conjunto, y su cara exterior se pinta con tonos grises (“grisallas”) que simulan esculturas. La creación de estos retablos supuso una gran novedad; la pintura se independiza del muro y se hace más humana y anecdótica, favoreciendo la composición e incluso la devoción popular. Hasta mediados del siglo XIV, el retablo consistía en tablas pintadas con sentido ilustrativo y descriptivo de la vida del santo titular.