Simbolismo y Tradición en el Libro de Buen Amor de Juan Ruiz
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Tradición Jurídica y el Debate entre Griegos y Romanos
Las leyes (fueros, fazañas, etc.) se transmiten por tradición desde los visigodos. Además, el texto se encontraría sellado, firmado y fechado, porque el escritor posee conocimientos de derecho. En el relato, los griegos son presentados como sabios que interpretan escritos, mientras que los romanos son vistos como incultos que no merecen que los griegos les otorguen las leyes. Para conseguir dichas leyes, se lleva a cabo un debate mediante la oratoria (al estilo de la escuela), pero el lenguaje se cifra y se convierte en un sistema de signos, lo cual podría ser un guiño a la vida en los monasterios.
Asimismo, el debate enfrenta lo escrito frente a lo oral, siguiendo una estructura o rito específico: levanta, comenta, se sienta. Lo más relevante es la interpretación de la historia, pues debe entenderse correctamente; de lo contrario, puede generar problemas. Un ejemplo es el relato donde el pícaro no se rebaja y crea confusión. Por último, debemos comprender que el texto está cristianizado, ya que griegos y romanos no comenzaron a aceptar esta religión hasta el siglo IV. Por tanto, la historia es ficticia.
Contexto Eclesiástico y Lingüístico
En referencia a los monjes, se observa un decretal histórico que prohibía a los religiosos tener mancebas a su cargo. Esto se debe a que los clérigos tenían hijos y convivían con mujeres, "rompiendo" así la ley religiosa.
Aspectos Filológicos
- Vocabulario: Se identifican cultismos léxicos, galicismos, pechar («pagar»), cedrero («juglar»), así como refranes y dichos en relación con las «viejas sabias».
- Gramática: Destaca el uso de la primera y tercera persona, lo cual recuerda al Cantar de mio Cid. Las coplas están compuestas con rigor intelectual, algo que puede probarse.
- Fonética: Las consonantes sordas intervocálicas tienden a sonorizarse y la acentuación suele producirse al final de la palabra.
La Troba Cazurra
Este constituye el primer capítulo amoroso. El Arcipreste introduce a un filósofo como base firme para su discurso. Después, se presenta el juego del amor cortés, donde se aprecia la relación entre los términos bélicos y la conquista, vinculándose con obras como Cárcel de amor. La amada conoce los artificios del amor gracias a una educación privilegiada, siendo considerada una «dueña de dueñas»; por este motivo, resulta inalcanzable. Por su parte, el autor demuestra conocimientos sobre otras religiones y aborda el amor cortés centrándose en el arte de hablar.
- Vocabulario específico: parlera («persona que engaña con palabras»), billete («carta o papel de amor») y leda («felices», estado en el que deben estar las mujeres). Existe un campo semántico definido en torno a las dueñas.
El Amor a Dios y la Discreción
En esta sección encontramos refranes, frases hechas e interrelaciones entre elementos dobles. Lo más importante son las faltas cometidas al hablar mal de la mujer anteriormente amada y la importancia de guardar secretos. La reserva se debe a que la mayoría de las mujeres cortejadas eran casadas; por ello, se emplean retratos generales para evitar que las figuras sean reconocidas. Además, el hombre debe mostrar servidumbre, actuando como «vasallo» de la amada.
Cruz y el Mensajero
Se observa un juego constante con el nombre de la amada, Cruz, a lo largo de la composición. Su profesión, panadera, se asocia con una mala fama y posee connotaciones sexuales mediante el acto de «amasar». El Arcipreste se arrepiente de haber enviado a su mensajero, aunque se burla de su propia mala suerte. Al actuar, el Arcipreste opta por una vía rápida o senda. Aquí aparece la figura del «andaluz», que utilizaba este recurso al existir solo un paso principal entre Castilla y Andalucía: Despeñaperros. Por otro lado, el amor se representa como una caza. El mensajero aparece como un «cazador de conejos» (conejero: perro de caza), siendo el conejo una referencia sexual hacia la mujer.
La Influencia de la Astrología
La astrología era un conocimiento proveniente de los árabes que se estudiaba con diversos instrumentos. Se analizaban las propiedades de los astros sobre las personas, como los nacimientos basados en el signo (similares a los horóscopos actuales). Esto influía profundamente en la sociedad, generando un dilema con la creencia religiosa, ya que Dios debe estar por encima de todo. La Iglesia consentía esta «fe» siempre que la religión oficial se mantuviera en una posición superior. Los astrólogos son considerados sabios por conocer la ciencia de los cielos. Por ejemplo, en el Auto de los Reyes Magos, los magos son sabios por interpretar las estrellas. Por su parte, Juan Ruiz aclara que no es astrólogo ni experto en el firmamento.