El Sistema Canovista: Constitución de 1876 y Turnismo en la Restauración
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El sistema canovista: la Constitución de 1876 y el turno de partidos. La oposición al sistema.
El régimen de la Restauración se instauró tras el pronunciamiento de Martínez Campos en 1874, que restauró la monarquía borbónica en la figura de Alfonso XII bajo el liderazgo de Cánovas del Castillo. Su objetivo era garantizar la estabilidad política mediante un sistema liberal conservador que evitara los pronunciamientos militares y la conflictividad del periodo anterior.
Los pilares del sistema
El sistema se apoyaba en tres pilares fundamentales:
- La Monarquía: Institución central del Estado.
- La Constitución de 1876: Texto flexible que combinaba elementos moderados y progresistas.
- El Bipartidismo: Alternancia pactada entre las fuerzas políticas.
La Constitución de 1876 establecía una monarquía constitucional con soberanía compartida entre el rey y las Cortes, otorgando amplios poderes al monarca (nombramiento de gobiernos, disolución de Cortes, control del ejército). Las Cortes eran bicamerales (Congreso y Senado), se reconocían derechos individuales pero limitados por leyes, se establecía la confesionalidad católica del Estado y un sistema centralista.
El turno de partidos y el fraude electoral
La estabilidad del sistema se basó en el turno de partidos, protagonizado por el Partido Conservador (Cánovas) y el Partido Liberal (Sagasta), ambos dinásticos. La alternancia no dependía de elecciones libres, sino de acuerdos entre las élites políticas, garantizados mediante el caciquismo y el fraude electoral (encasillado y pucherazo), que manipulaban los resultados para asegurar el relevo pacífico en el poder.
Consolidación y reformas
Durante el reinado de Alfonso XII (1875-1885) se consolidó el sistema con la pacificación del país (fin de la Tercera Guerra Carlista y Paz de Zanjón en Cuba). Tras su muerte, la regencia de María Cristina (1885-1902) se aseguró mediante el Pacto del Pardo, que garantizó la continuidad del turnismo. En esta etapa se aprobaron reformas como el sufragio universal masculino (1890) y la Ley de Asociaciones, aunque sin democratizar realmente el sistema.
La oposición al sistema
La oposición al sistema fue amplia pero marginada:
- Carlistas: Mantuvieron su ideología tradicionalista.
- Republicanos: Estaban divididos y debilitados.
- Movimiento obrero: Socialistas y anarquistas crecieron pese a la represión.
- Nacionalismos periféricos: Surgieron en Cataluña y el País Vasco como respuesta al centralismo del sistema.
En definitiva, el sistema canovista logró estabilidad política a costa de limitar la participación democrática y excluir a amplios sectores sociales.