Sistema educativo como subsistema social

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Función política.
La educación cumple en las sociedades modernas una función reguladora de los espacios y los
tiempos en el conjunto social. La educación se presenta como un rito indiscutible para los niños y los
jóvenes. La asistencia a la escuela es una obligación. Numerosos países penalizan la no-escolarización.
Es un rito de transición de la infancia y la adolescencia para el trabajo y la adultez.
La escolarización sirve de lugar de aparcamiento de los niños y jóvenes, mientras que la
generación adulta puede incorporarse a la vida activa y social. La huelga en la escuela es la mayor
violencia que se le puede infligir a la sociedad.
Dewey sostuvo que para que una democracia perdurase, el sistema educativo debía enseñar
ciertos conocimientos sobre la sociedad y sobre sus condiciones, e inculcar ciertas cualidades que
indujesen a los ciudadanos a querer y ser capaces de participar en el gobierno del país.
Otra función política que ejerce la educación formalizada se puede observar en la educación y
capacitación de los cuadros dirigentes y de la élite del poder. En la mayoría de los países sus dirigentes
y élites se educan en colegios determinados y específicos: “Oxford”, “Cambridge”, “Sorbona” ,
“College de France”, etc. ...
La misma observación cabe hacerla respecto a la formación del cuerpo de profesores y mandos
técnicos.


Función Selectiva.
El sistema educativo trata de conocer todas las cualidades y capacidades humanas del país con
el fin de rentabilizarlas al máximo. Mediante el establecimiento de un pool de idoneidad, trata de
medir la magnitud de las reservas intelectuales y realizar una distribución adecuada para conseguir la
máxima productividad de las mismas.
El sistema educativo capacita y distribuye a los individuos, según sus propias cualidades, para
ocupar los puestos bien diversificados y jerarquizados que tienen las sociedades modernas. Se
convierte, de este modo, en el aparato seleccionador y asignador de los puestos sociales y
ocupacionales.
El sistema educativo desde esta perspectiva, es un buen servidor del bien común al planificar y
repartir racionalmente los recursos humanos de un país, conforme a las exigencias de la sociedad que
demanda, pues asigna a cada uno para el lugar más adecuado a sus capacidades y sus merecimientos.
Sin duda que esta función, hasta cierto punto, es necesaria en una sociedad organizada a la luz
y dictáMenes de un progreso sostenido y, por ello, representa en sí misma una garantía de preparación
de sus ciudadanos. Lo que sucede y este es el punto de reflexión, es que la mayor parte de las escuelas
se han subido al tren de la eficacia, cobrando una gran importancia la selección de los mejores
talentos y a la vez eclipsando otras dimensiones mucho más importantes, como son las formativas en
valores, que quedan supeditadas de hecho a la función meritocrática del currículum.

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