El sistema político de la Restauración: Caciquismo y Turnismo

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El Sistema Político de la Restauración

El Caciquismo

El caciquismo se basaba en un intercambio de favores: votos a cambio de prebendas. El cacique, figura clave de este sistema, conseguía los votos mediante la presión a la gente del pueblo o a sus empleados. Dos prácticas definían el caciquismo: el encasillamiento (colocar un diputado por distrito y asegurar su victoria) y el pucherazo (imposición del candidato mediante la compra de votos, influencia en los votantes, manipulación de votos, etc.). El resultado era la victoria del partido previsto, impidiendo la representación significativa de partidos no dinásticos (republicanos, socialistas, nacionalistas) y limitando sus posibilidades de alcanzar el poder.

Este sistema se sustentaba en el desinterés popular por la política, el atraso económico, la dependencia entre campesinos y terratenientes, y el elevado analfabetismo.

Los Partidos Políticos

Los partidos políticos de la Restauración diferían notablemente de los actuales. Conformados por pocos miembros, se limitaban al Partido Conservador y al Partido Liberal, excluyendo a terceros partidos para mantener el control del sistema. Existían otros partidos fuera del sistema, pero con escasa representación parlamentaria.

Partido Conservador

Heredero de moderados y unionistas, este partido participó en las Cortes Constituyentes de 1869. Tras pasar a la oposición en 1871 y practicar el retraimiento parlamentario durante la Primera República, se consolida como Partido Conservador en 1884 bajo el liderazgo de Cánovas del Castillo, quien, como jefe de gobierno, colocó a sus militantes en puestos clave de la administración.

Partido Liberal-Fusionista

Originado en el Partido Constitucional durante el reinado de Amadeo I de Saboya, este partido aglutinó a unionistas de izquierda (con Serrano) y progresistas (con Sagasta). Sagasta impulsó un nuevo régimen para lograr la victoria sobre el carlismo y la insurrección cubana. La fusión de diferentes corrientes se concretó con un programa común en defensa del progreso y la libertad.

Los liberales fusionistas accedieron al poder en 1881, dando inicio al turnismo. Su programa político defendía los derechos individuales, el sufragio universal, la responsabilidad judicial de las autoridades, la introducción del jurado, la iniciativa constitucional y la competencia de unas Cortes convocadas con ese fin.

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