Sociedad Actual: Capitalismo, Consumo y Desigualdades
**2. En el ámbito económico**
**Capitalismo y consumismo**
El rasgo que mejor identifica a la sociedad actual es el capitalismo. Lo que la distingue de todas las sociedades anteriores es que se ha pasado de un mundo que se servía de un sistema económico para satisfacer sus necesidades a una sociedad capitalista o de mercado, en la que la propia sociedad económica, cuya finalidad no es satisfacer sino consumir.
En la medida en que la sociedad capitalista necesita una dinámica de desarrollo constante de la producción para poder revalorizar indefinidamente los capitales invertidos, surgirá la sociedad de consumo. Si la persona se limita a satisfacer sus necesidades, en un sistema cerrado, llegado cierto momento, el sistema económico se estancará.
La lógica del desarrollo capitalista exige entonces la generación constante de nuevas necesidades que permitan un crecimiento económico sostenido. Así, el sistema capitalista se transforma en sociedad de consumo. Sin embargo, el trabajo sigue apareciendo como un elemento fundamental para la persona, pues solo por medio del trabajo se puede participar en la sociedad de consumo, y no trabajar significa en muchos casos exclusión y marginación social.
**Desigualdades sociales**
La sociedad moderna se ha caracterizado por el alto grado de desarrollo y de bienestar que ha sido capaz de crear. La aplicación de la ciencia a la técnica ha revolucionado las técnicas productivas en la industria y en la agricultura. Nuevas semillas fruto de la ingeniería, nuevas especies más productivas, tanto vegetales como animales, han hecho posible, por primera vez en la historia, que la eliminación del hambre en el mundo sea algo más que una utopía. Por otro lado, las nuevas formas de producción y de distribución de los bienes y los servicios han alumbrado una sociedad de la opulencia y unos niveles de bienestar desconocidos en la historia de la humanidad. Pese al progreso y al desarrollo, sigue pendiente el que todo eso alcance por igual a todos los países, a todas las personas.
Tras la segunda guerra mundial, la constatación de la realidad de un mundo cada vez más polarizado entre países ricos, cada vez más ricos, y países pobres, cada vez más pobres, supuso una seria interpelación para la comunidad internacional en un contexto en el que la polarización entre países comunistas y capitalistas exigía respuestas rápidas por parte de estos últimos para no perder su influencia y control sobre la mayor parte de los países del tercer mundo.
Impulsados por estas consideraciones, se buscó abordar desde las organizaciones internacionales el problema del subdesarrollo, convirtiéndose en objeto de estudio y de atención, y su eliminación en objeto de actuación prioritaria.
**Principios morales**
Sabemos que la producción de bienes está destinada a cubrir de una forma especial las necesidades de todas las personas. Ahora vamos a analizar esta relación de destino.
La reflexión sobre la realidad:
La observación y la reflexión sobre este hecho muestra que las personas y las cosas se necesitan mutuamente. El mundo participa de la suerte y del trato que recibe el ser humano, y viceversa. Las cosas y el uso que cada uno haga de ellas marcan y orientan su propia posición frente a sí mismo y frente a los demás.
La interrelación persona-cosa:
Es dinámica. Las cosas se les presentan al hombre y a la mujer como posibilidad para lograr su perfeccionamiento y desarrollo. De aquí se desprende el derecho de todas las personas y todo pueblo tiene al uso de los bienes como exigencia natural. Es un derecho irrenunciable, anterior y superior a cualquier otro tipo de relación que se establezca entre las cosas y el ser humano.
La forma actual de esa realización:
De la misma manera que la dignidad de la persona no puede ser vulnerada por el consumo, el hombre y la mujer han de usar las cosas de forma racional y equilibrada. Solo así se puede garantizar moralmente que a todas y a cada una de las personas le llegue la oportuna parte de los bienes para su uso adecuado.
La justa distribución de los bienes de producción es una exigencia que la sociedad debe plantearse hoy con más fuerza que nunca. Las escalofriantes cifras de hambre en el mundo y las condiciones de vida inhumana a las que se encuentran condenados millones de seres