Sociedad y Clases Populares en la España del Siglo XIX: Artesanos, Campesinos y Proletarios

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Las Clases Populares en la España del Siglo XIX

3.1. Artesanos y Grupos Urbanos

La pervivencia del mundo urbano y tradicional continuó siendo muy importante en la España del siglo XIX. En las ciudades se mantenía un fuerte sector artesanal. El censo de 1860 agrupaba a cerca de 666 mil individuos en oficios artesanales y otras 536 mil personas más trabajaban como ayudantes o aprendices en talleres. El crecimiento urbano y la nueva estructura del Estado Liberal comportaron la concentración en las ciudades de una serie de trabajadores de servicios. Este conjunto de trabajadores bordeaba el límite entre las clases medias y las populares. Eran asalariados, pero en ocasiones imitaban las pautas sociales y culturales de aquellos con los que se relacionaban en su trabajo diario. Entre las clases más humildes, predominaban las mujeres empleadas en el trabajo doméstico, seguidas de los mozos y los autónomos. La mayor parte de los muchachos de servicio habían abandonado su pueblo natal para vivir en la ciudad. Otras mujeres trabajaban como costureras, amas de casa, etcétera.

3.2. La Evolución del Campesinado

La reforma agraria liberal concentró la propiedad de la tierra aún más que durante el Antiguo Régimen. Al no existir un proceso de industrialización profundo, no hubo emigración a las ciudades. En 1860 existían unos 2,6 millones de jornaleros y a finales de siglo la pobre situación campesina no mejoró. Ahora bien, sobre este panorama nacional, en la España del siglo XIX existían grandes diferencias regionales. En Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura, los antiguos señores no solo conservaron sus tierras, sino que salieron reforzados por la consolidación de la propiedad. En cambio, en Cataluña y Valencia muchos arrendatarios accedieron a la propiedad. En ocasiones, el pequeño propietario debía completar sus escasos ingresos como jornalero en determinadas épocas del año. Asimismo, algunos jornaleros poseían una pequeña parcela. En el siglo XIX, la mayoría de los campesinos vio frustradas sus aspiraciones como consecuencia del "hambre de tierras". Asimismo, en esa población recaía el mayor peso del analfabetismo y la marginación. A finales de siglo, la tasa de analfabetismo era del 68%. La situación mejoró relativamente entre 1830 y 1870. De este modo, el aumento de la conflictividad social dio lugar a un proceso de emigración hacia las ciudades a partir de la década de 1860.

3.3. La Aparición del Proletariado

La aparición de la industria moderna comportó una organización del trabajo diferente a la del Antiguo Régimen, que se caracterizó por la utilización de mano de obra asalariada. Con el avance del siglo, los obreros fabriles aumentaron en el País Vasco y Asturias. En la década de 1830, la industria catalana tenía unos 20 mil obreros; en otras regiones, las industrias contaban con unos 14 mil. En el censo de 1860, los obreros industriales en España eran alrededor de 485 mil y los mineros 23 mil. Las reglas que regulaban este nuevo tipo de trabajo eran en todas partes muy similares y no tenían nada que ver con las conocidas hasta entonces. El patrón, propietario de un establecimiento industrial, empleaba a los obreros a cambio de un salario. La jornada laboral no estaba regulada, era de 12 a 14 horas durante 6 días a la semana. Una férrea disciplina laboral en las empresas impedía cualquier contestación. Los salarios apenas daban para comer, y las enfermedades se propagaban rápidamente.