El Teatro de Federico García Lorca: Temas, Evolución y Obras Clave de un Genio Dramático
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El teatro de Federico García Lorca (1898-1936) alcanza una altura pareja a la de su obra poética y constituye una de las cumbres del teatro español y universal. Por debajo de su personalidad arrolladora, late ese hondo malestar, ese dolor de vivir que aparecerá en toda su obra.
Mundo Dramático: Temas Centrales
La temática profunda de las obras teatrales de Lorca asombra por su unidad, y no es distinta de la que vertebra su poesía. Lorca lleva a escena destinos trágicos, pasiones condenadas a la soledad o a la muerte, amores marcados por la esterilidad. En varias obras, bastantes, ello aparece encarnado en mujeres. Y lo que frustra a los personajes de Lorca se sitúa en un doble plano:
- Unas veces, en un plano metafísico: las fuerzas enemigas son el tiempo, la muerte.
- Otras veces, en un plano social: los prejuicios de casta, las convenciones, los yugos sociales son los que impiden la realización personal.
Los Comienzos del Teatro Lorquiano
Dividiremos la evolución del teatro lorquiano en tres momentos de desigual extensión:
- Los tanteos o experiencias de los años 20.
- La experiencia vanguardista de principios de los años 30.
- La etapa de plenitud de sus últimos años.
La trayectoria dramática de Lorca comienza con un ensayo juvenil que, estrenado en 1920, fue un fracaso: El maleficio de la mariposa. Compone luego varias piezas breves en las que se inspira por primera vez en el guiñol, como Títeres de Cachiporra (1922-23), que solo conocerán los íntimos del autor. Hasta ahora, se observa la progresión zigzagueante del teatro lorquiano. Ha estado experimentando formas y registros distintos: el teatro simbolista y modernista, el drama y la farsa, lo popular, lo guiñolesco... Fruto de ese encuentro entre crisis personal y estética surrealista serán las obras que él llamó «misterios» o «comedias imposibles».
Debemos partir de una profunda y doble crisis —vital y estética— que sufre Lorca tras su Romancero gitano (1928) y que se prolonga durante su estancia en Nueva York (1929-1930). La primera es El público, desconocida hasta hace poco y de la que solo se ha salvado un borrador no definitivo de 1930 (la versión definitiva posterior se ha perdido).
La Plenitud Dramática
Tras estos pasos por el camino de un teatro «imposible», Lorca dará un giro decisivo hacia un camino propio, cuya identidad radica en hermanar rigor estético y alcance popular. Son los años de «La Barraca», los años en que Lorca declara repetidamente su ansia de una comunicación más amplia y su orientación social.
En casi todas ellas, la mujer ocupa un puesto central. Recordemos una vez más a la Soledad Montoya del Romance de la pena negra, con su pasión por realizarse y su «pena limpia y siempre sola».
- Bodas de sangre (1933) se basa en un hecho real: una novia que escapa con su amante el mismo día de la boda. Se trata de una pasión que desborda barreras sociales y morales, pero que desembocará en la muerte. El estreno de la obra fue un éxito clamoroso.
- Yerma (1934) es el drama de la mujer condenada a la infecundidad, con todo su alcance simbólico. De un lado, el ansia insatisfecha de maternidad; de otro, la fidelidad al marido; es decir, el anhelo de realizarse frente a la sumisión a la moral recibida, con la arraigada idea de la honra.
- Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores (1935) es un «drama» o «poema granadino del novecientos» sobre la espera inútil del amor. Lorca se asoma ahora a la situación de la mujer en la burguesía urbana, a la soltería de las señoritas de provincias, antaño, y a su marchitarse como las flores. De nuevo, pues, la condena a la esterilidad, a la frustración. La obra combina lo patético con lo ridículo de modo magistral.
- Siguió La casa de Bernarda Alba (1936), auténtica culminación del teatro lorquiano. Tras la muerte de su segundo marido, Bernarda Alba impone a sus cinco hijas, como luto, una larga y rigurosa reclusión. Es una exageración de una costumbre real que sitúa a la obra en el plano de lo legendario, de lo simbólico, del mito.
Y, más allá, solo nos queda el borrador del acto I de una Comedia sin título, descubierto hace poco y que parece anunciar a un Lorca metido de lleno en la dialéctica revolucionaria.