Teoría de la abstracción: cómo conocemos los conceptos en Aristóteles y Santo Tomás
1.1 Teoría de la abstracción
(* Aristóteles, IV a.C.; * Santo Tomás de Aquino, XIII). La palabra «abstracción» significa «arrancamiento», y viene del latín abstractio, que a su vez viene del verbo abstrahere («arrancar de»). Como se ha dicho, la doctrina de la abstracción fue formulada por Aristóteles (IV a.C.), matizada y precisada por Santo Tomás de Aquino (XIII), y posteriormente seguida por otros muchos filósofos, entre los que podemos citar a Juan Duns Escoto (XIII-XIV) y Francisco Suárez (XVI-XVII).
Los conceptos universales son formados por el entendimiento mediante la abstracción a partir de los datos de la experiencia. El problema es el siguiente: los conceptos son algo inmaterial (como ya se ha dicho al final del capítulo anterior); por tanto, el entendimiento, para poder captarlos, ha de estar a su altura, es decir, ha de ser también inmaterial. Ahora bien, si el entendimiento es inmaterial, ¿cómo puede ser estimulado por las cosas que nos rodean, que son materiales?
La respuesta de Santo Tomás de Aquino
La respuesta de Santo Tomás de Aquino es que el conocimiento intelectual tiene lugar en cuatro pasos:
Los sentidos captan la realidad material, como puede ser la determinada prenda de vestir (por ejemplo, un sombrero), y se acuña en el alma la representación sensible (lo que hay en mi mente mientras veo o toco el sombrero). Esta imagen aún es extensa y material (tiene sentido distinguir entre la derecha, la izquierda, lo de arriba, lo de abajo, o decir si es redonda o alargada, etc.).
La imaginación y la memoria retienen luego la imagen de aquella prenda de vestir, aunque de forma menos nítida (es la imagen más borrosa que hay en mi mente cuando dejo de mirar el sombrero, pero lo estoy imaginando o recordando). También es extensa y material.
A continuación, sobre esto que me ha dado la sensibilidad, empieza a trabajar mi entendimiento. Ahora bien, como éste es inmaterial, sólo puede conocer lo inmaterial, y de momento lo que tiene delante es sólo material; por lo que es preciso primero «desmaterializarlo». Pero esto se resuelve por el entendimiento, que tiene dos funciones: una activa, el entendimiento agente, y otra pasiva, el entendimiento pasivo. El primero «arranca» la esencia, y el segundo la «conoce».
El entendimiento agente despoja mentalmente la imagen del sombrero de sus sustancias materiales e individualizantes, para dejar al descubierto únicamente la esencia de lo que es «sombrero»; o, si prescinde aún de más elementos, la esencia de lo que es «prenda de vestir» (puesto que la operación se puede hacer en varios niveles). Esta operación es la abstracción, y consiste en prescindir mentalmente de unas características y quedarse con otras, «arrancándolas» de aquellas.
El resultado de esta abstracción es ya del orden de lo inmaterial (no tiene sentido decir que la esencia de lo que es «prenda de vestir» sea redonda o rectangular, corta o larga, que serían las determinaciones que tendría la cosa material). A esta esencia de la cosa, preparada ya para ser conocida pero no conocida todavía, y ya inmaterial, la llama Santo Tomás especie impresa.
Finalmente se pone en marcha la segunda función del entendimiento, el entendimiento pasivo. Ahora ya tiene ante sí algo que está a su nivel, algo inmaterial, algo que puede conocer: la especie impresa producida por el entendimiento agente. Estimulado ya, el entendimiento pasivo se activa y produce la especie expresa o concepto, que es la esencia de la cosa («prenda de vestir»), pero ya conocida por el entendimiento y, por supuesto, también inmaterial.
Valoración de la doctrina
La doctrina aristotélico-tomista de la abstracción parece, a juicio de muchos, la más equilibrada solución al problema del origen de nuestros conceptos. Pero... cada uno está invitado a pensar el problema por su cuenta, y a buscar personalmente la solución.