La Teoría de la Reminiscencia: El Camino Platónico hacia el Conocimiento
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La Teoría de la Reminiscencia: El Despertar del Saber
Por lo tanto, lo único que debe hacerse es despertar, hacer emerger lo que ya está en nosotros. Aprender y conocer no es nada más que evocar o recordar estas ideas.
Esta concepción platónica implica una visión muy positiva respecto a las posibilidades humanas de conocimiento. Supone que los humanos tenemos la capacidad interior suficiente para deshacernos de las cadenas de la ignorancia e iniciar el camino de ascenso hacia el conocimiento. Esta concepción se basa en un optimismo epistemológico.
El Diálogo de Menón: La Demostración Socrática
En el diálogo “Menón”, Platón trata de demostrar su afirmación: “no hay enseñanza, sino reminiscencia”. Así, Sócrates pide a Menón que llame a uno de sus esclavos; es decir, un hombre privado de la educación y la enseñanza más elementales.
Sócrates, aunque es consciente de que el esclavo no sabe nada de matemáticas, dibuja un cuadrado y pide al esclavo que encuentre un segundo cuadrado de superficie doble. En un primer intento, el esclavo multiplica por dos la longitud de un lado y, partiendo de este, genera el nuevo cuadrado.
La Epistemología: Opinión frente a Ciencia
El conocimiento de la razón discursiva y el de la razón intuitiva constituyen el conocimiento, la ciencia. Los diferentes grados de conocimiento que les corresponden son:
- Opinión (Doxa): Sería el conocimiento propio del mundo de las cosas cambiantes. Se basa en la experiencia o sensibilidad y, por eso, según Platón, no constituye auténtico conocimiento, solo creencia.
- Ciencia (Episteme): Es, en cambio, el auténtico saber, porque es conocimiento racional del mundo ideal o inteligible.
Al ser las ideas realidades universales, eternas, perfectas e incorruptibles, se convierten, también, en objetos de conocimiento universal y seguro. Reminiscencia: conocer es recordar.
El Abismo entre lo Sensible y lo Inteligible
Entre las cosas sensibles y su correspondiente idea hay un abismo. Pero si la idea, a diferencia de la cosa, es universal, perfecta y eterna, nosotros, en nuestra alma, desde siempre, tenemos como dormidas o en estado latente, huellas o señales de estas ideas.