Transformaciones Globales: Imperialismo y Proyectos Nacionales en América Latina (Siglo XIX)

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El Imperialismo: Una Nueva Era de Dominación Global

Las potencias coloniales de los siglos XVI al XVIII basaban su poder en la ocupación de lugares y puertos estratégicos desde donde enviaban la producción a la metrópoli. A finales del siglo XIX, aparece un nuevo colonialismo llamado imperialismo, que consiste en el control político y económico de todo el territorio colonizado. En pocos años se crearon grandes imperios coloniales. El imperialismo fue el resultado de una combinación de factores:

El Neocolonialismo y la Justificación Ideológica

En el siglo XIX, muchos sectores de las naciones europeas estaban convencidos de la superioridad europea sobre otros pueblos. Para dichos sectores, la cultura occidental, la racionalidad de la ciencia, las formas de vida y de organización política se consideraban mejores que las de los pueblos africanos y asiáticos, que vivían de otra manera y entendían la vida de otra forma. Europa era sinónimo de civilización y de progreso, y el resto de sociedades eran vistas como salvajes, atrasadas y bárbaras.

Los gobiernos e inversionistas europeos explotaron los recursos naturales de aquellas posesiones de ultramar, construyeron caminos y puentes, e industrializaron algunas regiones de las colonias. Sin embargo, todas las inversiones de las metrópolis en aquellos territorios tenían que ser pagadas por las propias poblaciones nativas. Poco a poco, las colonias se endeudaron y se empobrecieron profundamente.

Los nativos de esos territorios quedaron marginados y obligados a vivir en condiciones miserables; al mismo tiempo, los colonos blancos se aliaron a las élites locales y se convirtieron en el grupo dominante.

Proyectos Nacionales en América Latina Post-Independencia

Intentos de Unidad Hispanoamericana

Frente al expansionismo estadounidense, se destacaron algunos intentos en las primeras décadas del siglo XIX por construir la unidad política entre los países hispanoamericanos. Personajes como Simón Bolívar promovieron la necesidad de la unidad política de América. Opinaban que los distintos pueblos estaban unidos por elementos como la historia, la lengua, la religión y el origen étnico, lo cual, en el ideario bolivariano, les daría fortaleza para hacer frente al enemigo común.

El imperativo de la unidad respondía también a causas externas. En América se temían intentos de reconquista española. En 1829, tropas españolas salidas de Cuba intentaron reconquistar México, hecho que fracasó rotundamente.

A causa de la herencia común entre los pueblos hispanoamericanos, se hicieron varios esfuerzos para lograr la unidad política. Después de varias negociaciones, en 1826 se firmó en Panamá el Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua entre Colombia, México, Perú y Centroamérica. Sin embargo, los enfrentamientos entre distintos grupos en el interior de los países, las rivalidades regionales y las diferencias ideológicas no contribuyeron a alcanzar tal objetivo.

De igual forma, el objetivo bolivariano de la Gran Colombia, que unificaba a la antigua Capitanía General de Venezuela y el Virreinato de Nueva Granada, duró tan solo 11 años. El fraccionamiento interno se debió, entre otras cosas, a la poca atención que el gobierno central prestó a los departamentos de la periferia.

Las Monarquías Americanas Post-Independencia

Durante la primera mitad del siglo XIX se experimentaron distintas formas de gobierno en Hispanoamérica. La más destacada fue la república, pues garantizaba los derechos políticos de los ciudadanos.

Sin embargo, además de la república, también hubo intentos de instaurar monarquías. En México se proclamó el sistema monárquico con Agustín de Iturbide (1822-1823), y la segunda con Maximiliano de Habsburgo (1864-1867). En ambos casos, el intento no prosperó. En Brasil, tras su independencia, se proclamó un imperio a cargo del monarca Pedro I, quien gobernó varias décadas.

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