Transformaciones Históricas: Transporte, Sociedad y Capitalismo en la Revolución Industrial

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La Revolución de los Transportes y las Comunicaciones

La Revolución Industrial conllevó el auge del comercio y del transporte, ya que las industrias demandaban materias primas y los productos manufacturados tenían que llegar hasta los consumidores.

Las transformaciones incluyeron la construcción de canales y la mejora de las carreteras. Pero el cambio más radical fue el ferrocarril, con la aplicación de la máquina de vapor al transporte. Este avance se inició con la locomotora de Stephenson en 1830.

La máquina de vapor también se adaptó a la navegación para facilitar la navegación fluvial y el transporte a contracorriente.

En el ámbito de las comunicaciones, se desarrolló el sistema postal, y Morse inventó el Telégrafo Eléctrico. En 1844 se mandó el primer mensaje.

El Impacto de la Revolución Industrial en el Mundo

La primera fase de la Revolución Industrial se conoce como Primera Revolución Industrial. En 1850, Gran Bretaña y Bélgica estaban totalmente industrializados. La industrialización había alcanzado otras regiones, como Lombardía y Silesia, que no estaban totalmente industrializadas, o en España, donde solo estaba industrializada la zona de Cataluña, al igual que ocurría en algunas zonas del noroeste de Estados Unidos.

Repercusiones Globales a Mediados del Siglo XIX

A mediados del siglo XIX, las repercusiones de la Revolución Industrial se observaban en todo el mundo:

  • Migraciones: Las migraciones cambiaban la faz de la tierra. El éxodo rural llenaba las ciudades con población procedente de comarcas más atrasadas. La navegación a vapor favoreció que la gente emigrara a otros continentes.
  • Comercio Internacional: El comercio transformó la economía de los países no industrializados, que se convirtieron en proveedores de materias primas y consumidores de productos manufacturados.
  • Empobrecimiento de Colonias: Las colonias, como la India, se empobrecían al ser proveedoras de algodón y consumidoras de paños.
  • Dependencia Económica: El influjo de la industria británica afectó a países independientes, como las jóvenes naciones iberoamericanas, que se convirtieron en colonias económicas de la industria británica. Mientras tanto, los Estados Unidos se convirtieron en estados esclavistas (en el sur).
  • Graneros de Europa: Por otra parte, América, Australia y Rusia se convirtieron en graneros de Europa.

La Sociedad de Clases

La sociedad industrial se distingue de la estamental en que los grupos sociales que la componen no son cerrados, sino clases dinámicas en constante movimiento, definidas según un criterio fundamentalmente económico. Había dos clases sociales cuyos intereses eran muy diferentes: La Burguesía y El Proletariado.

La Burguesía

La burguesía estaba dedicada a los negocios y no se consideraba una clase ociosa, sino competitiva, emprendedora y dinámica, en constante lucha por ascender o mantener su puesto en la escala social. El modelo de burgués es el «self-made-man» (el hombre hecho a sí mismo).

Según la escuela económica liberal (representada por Adam Smith y David Ricardo), el orden natural de la sociedad era el burgués. Sin embargo, también existía la ley de igualdad de oportunidades para todos, que podía permitir que un obrero pasase a ser burgués.

El Proletariado

El proletariado estaba formado por los miembros de la clase obrera. La vida laboral empezaba en la infancia porque los salarios eran muy bajos y tenían que trabajar todos los miembros de la familia. El Estado garantizaba al burgués la «libertad» de negociar el precio del trabajo con el obrero, por lo que pagaban lo mínimo, y a veces no cubrían ni las necesidades mínimas de una familia. Además, las condiciones laborales eran degradantes y peligrosas.

El Sistema Capitalista

Las empresas industriales pronto fueron tan grandes que su coste obligó a formar compañías en las que participaban varios accionistas que, a través de la bolsa, invertían su dinero en adquirir el capital de la empresa. Esto los convertía en capitalistas.

Los productos se vendían en un mercado regido por la libre competencia, en el que los precios se fijaban por las leyes de la oferta y la demanda. Los accionistas se repartían todos los beneficios, mientras que los obreros solo cobraban un salario, que era el precio del trabajo y también se regía por la oferta y la demanda.

A este sistema le afectaba la reducción de la necesidad de mano de obra y el exceso de la oferta laboral.

La Ley de Hierro de los Salarios

Este sistema económico se guiaba por la Ley de Hierro de los Salarios, enunciada por el economista David Ricardo:

Cuanta más riqueza producida por la industria había en un país, más aumentaba su población, más se reducían los salarios, más pobres se harían los trabajadores y más beneficios se generaban para la burguesía.

El rasgo más característico de la Revolución Industrial fueron los medios de producción.