Transformaciones Políticas en América Latina: Violencia, Revolución y Autoritarismo
Clasificado en Historia
Escrito el en
español con un tamaño de 50,6 KB
Violencia, Revolución y Descolonización
Las Oleadas de la Violencia: Conceptos y Debates
Volvemos a la Historia porque esta habla del presente, aunque para ello utilice el pasado. Las preguntas que nos hacemos nosotros hoy son radicalmente diferentes a las de épocas anteriores; las inquietudes y visiones son distintas a momentos tan “cercanos” como los años de juventud de nuestros padres. El presente cambia, y eso afecta a la visión que encontramos del pasado. El planteamiento del pasado está cambiando cada momento, por eso desde el estudio de la historia en un presente proyectamos al futuro y a las nuevas visiones del pasado. Hay una serie de traumas vivos en sociedades como la española o la argentina, traumas vigentes hoy en día, por lo que es necesario recurrir al pasado cada día y revisitar esos años para darles nuevas perspectivas.
Los años 50-70 fueron años de cambio radical, en cuanto al contexto político, con nuevos países y actores, cambios en las sociedades, etc. En definitiva: el mundo que se configura tras la IIGM es radicalmente distinto al de los años 30. En esos años atendemos al desarrollo de las clases medias, se abandona el campo y la sociedad se configura en torno a la ciudad, acontece el baby boom. Todos los ismos más marcados de hoy en día se generaron a finales de los años 60: ecologismo, feminismo... En estos años se dan cambios estructurales de matiz radical. En estos momentos actuales está en cuestión el mundo que se configura en los años 60, con temas vigentes como el cambio climático, la inmigración o los refugiados de guerra. El mundo que se configura entonces (en esos años entre los 50 y los 70) es el que llega a día de hoy. Estudiar y pensar un mundo de cambios radicales es un pasado de gran interés para entender cómo está cambiando el mundo hoy en día.
Algunos ejemplos de acontecimientos y personajes importantes para entender este momento serían:
- Adolfo Kaminsky: falsifica documentos durante la IIGM, llamado el gran falsificador del siglo XX, además de fotógrafo. Durante la guerra se unió a redes de resistencia en Francia haciendo documentos para familias judías y sacarlos de la circulación. Esas redes de resistencia, tras la guerra, van a tener otras funciones, y a Kaminsky lo quiere reclutar el ejército francés, pero no le gusta lo que hacen en Indochina los franceses y se pone de lado de los indochinos y de los argelinos, en contra del ejército francés, incluido así en redes antifascistas que evolucionarán a redes anticolonialistas y antiimperialistas. Kaminsky representa el paso del antifascismo al anticolonialismo; personajes como él nos hablan del paso crucial de los años 40 a los años 60.
- Bandung, 1955: gran conferencia de presidentes de países descolonizados que se están empezando a reunir fuera de la lógica este-oeste, con propuestas de proyectos políticos propios para el “tercer mundo”.
- Los editores: tienen un papel sumamente importante en este momento, con personajes editores de izquierdas como Feltrinelli, que editaban y publicaban las obras que ninguna otra editorial daba paso por sus ideales, comenzando este italiano con la publicación de dos obras importantes que juegan como manifiesto: Il flagelo della svastica y Nehru, Autobiografía. También editores como los franceses con la editorial Les Éditions de Minuit, fundada por Jean Bruller, que publica obras como Une question, de Henri Alleg, que pone en cuestión por primera vez las torturas del ejército francés en la Guerra de Argelia. Los editores en estos años son fundamentales para la circulación de obras antifascistas, enfrentándose a juicios e incluso penas de cárcel, siendo las editoriales uno de los cauces más importantes en la difusión de ideas.
Antifascismo, anticolonialismo, antiimperialismo y revolución son conceptos claves para entender el transcurso de los años 60. Todos los procesos que están pasando en el planeta en estos años comienzan a tener conexiones, sobre todo en la línea de esos cuatro conceptos, siendo este el primer momento en el que el mundo se comienza a configurar en clave globalizadora, pudiendo hablar del mundo en clave global. Los conceptos más importantes de los que trataremos serán los siguientes:
- En Europa serán el Antifascismo y la Nueva Izquierda (Congreso Bandung, 1955).
- En África-Asia es el Anticolonialismo y Tercermundismo (Cairo 1957 / Belgrado 1961).
- Y en América Latina tenemos Antiimperialismo y Revolución (La Habana 1966).
Sociedades y Cambio Estructural (1945-1960)
El año 56 es un año absolutamente crucial, habiendo estallado en el 55 la Guerra de Argelia. Stalin fallece en el 53 y en el año 56 se produce el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, donde empieza a quebrarse el movimiento comunista internacional. En Hungría en este año se produce una respuesta al movimiento comunista internacional, con una práctica de silencio y no crítica, con una contrarrevolución y penetración imperialista. Los Partidos Comunistas en Europa en el 56 siguen siendo estalinistas, al igual que la URSS hasta el XX Congreso. El cambio de mentalidad dentro del partido da paso a una serie de consecuencias que se manifiestan en todo el comunismo internacional, como es la pérdida de militancia, una brutal escisión (sobre todo en el sector juvenil) y, en definitiva, un cambio estructural en la disposición de los partidos. E.P. Thompson escribe “Through the smoke of Budapest” en noviembre de 1956 y se conforma la llamada Nueva Izquierda (New Left), con un pensamiento marxista diferente, y unas nuevas izquierdas que van a ser fundamentales en los movimientos pacíficos a partir de este momento: movimiento feminista y antipatriarcal, movimiento antinuclear, etc.
El cambio fue en todos los sentidos: económico, social, geopolítico (global) y político (estratégico).
Desarrollo Económico
El desarrollo económico durante este período se caracterizó por un rol activo del Estado en la planificación económica, donde la industrialización por sustitución de importaciones (ISI) impulsó el crecimiento del sector público. Este proceso favoreció la expansión de las clases medias y de la clase trabajadora industrial, promoviendo cambios en los sistemas productivos, la elevación de los salarios y una mejora en los niveles de vida de estas clases sociales. Paralelamente, se produjo una expansión de sus estructuras organizativas y de representación, con la integración sistémica de los sindicatos como gestores clave en la incorporación de los obreros a la sociedad de consumo. Además, se observó una rutinización de la protesta y la negociación, lo que implicó una pérdida del carácter antisistémico del movimiento obrero.
Transformaciones Sociales
Por otro lado, las transformaciones sociales de este período se caracterizaron por la ampliación de los sistemas educativos públicos, lo que permitió un amplio desarrollo de las universidades, especialmente orientado a las clases medias. Estas mismas clases lograron acceder al consumo de masas, consolidándose como un grupo social clave. Paralelamente, se produjo un notable crecimiento de las grandes urbes debido a la migración del campo a la ciudad, lo que trajo consigo la exclusión del campesinado de los grandes pactos sociales, marcando una profunda reorganización de la estructura social.
Cambio Político y Geopolítico
El cambio estructural en la política durante este período estuvo marcado por la consolidación de la hegemonía de los Estados Unidos. Esto se reflejó en la penetración de capitales y la expansión del mercado a productos manufacturados, así como en el control geoestratégico a través del TIAR (1947) y mecanismos de cooperación militar, y el control geopolítico mediante la OEA (1948). La prioridad de garantizar intereses estratégicos sobre la democracia quedó evidenciada en casos como Guatemala (1954) y República Dominicana (1965), donde los Estados Unidos actuaron como gendarmes del orden establecido. Estas dinámicas dieron lugar al auge del discurso antiimperialista.
Por otro lado, se produjo una integración progresiva de los actores políticos, donde los partidos socialdemócratas jugaron un rol clave, y los partidos comunistas adoptaron un giro significativo. Estos actores comenzaron a seguir la línea de la coexistencia pacífica, aceptaron el multipartidismo y lograron cuotas progresivas de poder mediante elecciones, renunciando así a la revolución socialista. Además, el internacionalismo progresista quedó subordinado a los intereses estratégicos de la Unión Soviética.
Paradigmas
¿Qué es un paradigma? La RAE lo define como una teoría o conjunto de teorías cuyo núcleo central se acepta sin cuestionar y que suministra la base y modelo para resolver problemas y avanzar en el conocimiento. Las claves de un paradigma son las ideas originales, aunque basadas en la evolución y acumulación de conocimiento científico, pero lo bastante incompletas como para dejar problemas para ser resueltos. Con respecto a esta cuestión es interesante consultar la obra de Thomas D. Kuhn La estructura de las revoluciones científicas, donde refiere la idea de los paradigmas. Son ideas fundamentales que rigen pero que están simplemente enunciadas, dejando paso a nuevas perspectivas con respecto a las mismas.
Las dos grandes ideas en disputa desde los años 50 hasta los años 90 en América Latina son la idea de seguridad y la idea de revolución, un paralelismo en concepto, siendo estas las dos grandes partes centrales de la materia. Estos se tratan de paradigmas político-ideológicos, pues las ideas de seguridad y revolución nos ayudan a interpretar la evolución sociopolítica de América Latina desde 1945. En cuanto a los paradigmas académicos contamos con la idea de oleada, que nos ayuda a interpretar la movilización revolucionaria transnacional desde 1959, para entender por qué a finales de los 50-60 las personas quieren hacer las mismas cosas, llevar a cabo los mismos procesos.
La Violencia Política en las Sociedades Contemporáneas
Las Revoluciones y luchas populares del siglo XIX serán las independencias, así como revoluciones liberales/conservadoras con un papel de las clases subalternas a través de la organización de movimientos de clase, mientras que el factor cultural más relevante será la introducción de ideologías de clase. En los años 60 y 70, en una situación económica de crisis con gobiernos incapaces, la gente toma las calles (situación mejor a la del corralito de Argentina del 2001: grave crisis económica y gobiernos totalmente inestables). La variable que pesa en el momento de llevar a cabo una revolución son las ideas: “No hay revolución por el pan; la revolución la proponen las ideas”. Sin idea de lo que se quiere conseguir, a lo que se puede llegar, no son posibles las revoluciones, da igual el grave contexto económico, político o social en el que se encuentre una sociedad que si faltan las ideas y proyectos de futuro la revolución no se va a llevar a cabo.
La sociedad latinoamericana no es especialmente violenta, pese a los conflictos que se desenvuelven en el siglo XIX. Las independencias de los países latinoamericanos fueron, en cierta medida, no violentas porque la Corona Española no reclamó esas colonias, pues el dominio del territorio en ese momento no era efectivo en un plano político y militar, sino social, y son precisamente esas clases sociales criollas las que impulsan esa independencia de la Península.
Las revoluciones y luchas populares del siglo XX estuvieron marcadas por diversos procesos de transformación social y política. Entre las revoluciones violentas, destaca la Revolución Mexicana de 1910, mientras que otros países experimentaron transformaciones políticas consideradas “revolucionarias”, como Guatemala en 1945, Bolivia en 1952 y Venezuela en 1968. Además, este período estuvo plagado de luchas, insurrecciones y golpes de Estado que reflejaron la tensión social y política de la época. Un aspecto clave en estos procesos fue el rol del factor cultural, que influyó tanto en las demandas populares como en las transformaciones logradas, así como en la manifestación misma de la violencia.
Durante el siglo XX tenemos transformaciones revolucionarias, insurrecciones y golpes, pero la mayoría de estos no fueron violentos hasta los años 70, donde sí hablamos de otro tipo de violencia. América Latina en general carga con el estereotipo de violenta, en parte muy fomentado por los medios de comunicación y las tasas de criminalidad, pero realmente no contó con una historia más violenta que la de Europa. La continuidad de la violencia es una constante en Europa mayor que en cualquier continente.
La Revolución Cubana de 1959 representó un momento de corte en la historia de América Latina, partiendo de tradiciones previas pero renovando profundamente el factor cultural. Este proceso implicó un cambio significativo en el concepto de revolución, que pasó a articularse como un proyecto político y social transformador. Sus consecuencias fueron trascendentales, ya que redefinió y radicalizó las luchas políticas en América Latina, influyendo en los movimientos sociales y revolucionarios hasta los años 90.
La Revolución Cubana ni siquiera fue una revolución violenta, el régimen cae porque estaba podrido, empujando la guerrilla algo que iba a caer. Hubo batallas y muertes, pero no es una revolución sangrienta, contando El Salvador con conflictos mayores durante los años posteriores. La importancia de Cuba va a ser cultural, de las ideas que difunde en la región, que acaban influyendo en conflictos europeos como la Guerra de Argelia (1954-1962) o la Revolución húngara de 1956 (no 1964), y cambiando la historia latinoamericana, sobre todo en lo político, hasta los años 90.
Para estudiar la violencia en América Latina post 1959 debemos entender que hasta los años 90 no había muchas herramientas: perspectiva histórica, método, modos de aproximación, propuesta metodológica de fondo, etc. Todo se basaba en la descripción y los testimonios, girando todo en torno a la idea de terrorismo.
La propuesta analítica y los marcos de referencia para estudiar las movilizaciones revolucionarias latinoamericanas integran dos enfoques fundamentales:
- El primero se centra en la violencia política internacional, abordada a través de los estudios sobre "terrorismo". En este contexto, las movilizaciones revolucionarias latinoamericanas son analizadas en perspectiva internacional, destacando el marco teórico de Rapoport y las oleadas de violencia política. Este enfoque permite identificar relaciones, procesos de difusión y elementos comunes que interpelan diferentes realidades históricas.
- El segundo enfoque considera las teorías sobre movilizaciones sociales, con énfasis en el estudio de los procesos políticos, la teoría de la movilización de recursos y el aporte de la psicología social, especialmente en relación con el factor cultural como elemento clave en la activación de las movilizaciones.
Se subraya la necesidad de construir una propuesta teórica-metodológica y analítica nueva, de carácter multidisciplinar, que adapte herramientas de otras disciplinas. Además, resulta imprescindible una definición clara del objeto de estudio, centrado en la violencia política, diferenciándola del terrorismo.
La base interpretativa de esta propuesta se sustenta en cuatro elementos clave:
- La consideración de las movilizaciones como procesos políticos.
- La importancia de las estructuras organizativas destinadas a la movilización de recursos.
- La existencia de un claro componente de movilización social.
- El factor cultural como clave para comprender el mundo que activa estas movilizaciones.
Las Oleadas de Violencia Política
A finales de los años 60, ya sea en Europa, América Latina, EEUU o África, están pasando un montón de procesos parecidos. La lógica principal del concepto de “oleada” es que si muchas cosas similares pasan simultáneamente en muchos lugares, alguna relación deben tener.
¿Qué es una oleada? Se trata de un ciclo de actividad que tiene lugar en un período determinado, caracterizado por fases de expansión y contracción. Su característica fundamental es su dimensión internacional, ya que actividades similares ocurren en diferentes países, guiadas por una energía común predominante que da forma tanto a las características de los grupos participantes como a sus relaciones mutuas. Tal como señala Rapoport (2004) en su obra Modern Terror. The Four Waves, una oleada se inicia con un elemento detonante decisivo que marca el comienzo del ciclo. La duración de este ciclo es aproximadamente de una generación, lo que implica un análisis cultural y generacional clave para entender sus dinámicas. Además, los avances tecnológicos y las comunicaciones juegan un rol fundamental en cada oleada, favoreciendo la expansión de sus ideales. Los procesos de difusión y aprendizaje entre las diferentes oleadas refuerzan y enriquecen este ciclo, destacando el papel de la documentación generada, la cual permite perpetuar las ideologías y acciones vinculadas a la oleada. Finalmente, los promotores ideológico-políticos tienen una influencia crucial en la conformación y difusión de una identidad colectiva revolucionaria, orientando los esfuerzos y valores de los participantes en cada ciclo.
Rapoport diferencia cuatro oleadas de violencia política:
- Anarquista (1880-1910)
- Anticolonialista (1920-1968)
- Nueva Izquierda (1968-1970)
- Religiosa-Yihadista (1980-2010)
Otros autores como González Calleja o Rey-Martín consideran una quinta oleada que tiene lugar en la década de los 20-30 del siglo XX a la que nombran como Oleada Nacionalista, década que Rapoport encuadra en la Oleada Anticolonial. Cada uno de estos ciclos duran aproximadamente una generación, con un máximo de 50 años de duración, pero las temporalidades de cada caso pueden ser más amplias. El impulso que motiva ese ciclo es una idea central, que da paso a esa nueva oleada durante un período de tiempo más o menos largo, pero hay que tener en cuenta que los grupos ya creados en estas oleadas en ciertos casos siguen existiendo con el fin de estas, pero tienen que hacer frente a problemas como la desmovilización. La oleada anticolonial tiene que ver con la lógica post IGM en el proceso de construcción y configuración de los nuevos territorios, el fin de la lógica imperialista decimonónica, etc., que da pie a las demandas anticoloniales que nacen aquí y duran hasta finales de los 60, provocando esta oleada una serie de reivindicaciones independentistas que en muchos casos acabó en la proclamación de independencia de varios países y que dieron paso a la conformación de la oleada de la Nueva Izquierda.
Características por Oleada según Rapoport:
- 1880-1920 (Anarquista): Detonante: asesinato del Zar Alejandro II (1881). Estrategias dominantes: terrorismo individual y propaganda por los hechos. Ethos predominante: anarquismo. Avances tecnológicos clave: dinamita, medios de comunicación, tren.
- 1920-1960 (Anticolonialismo): Detonante: final de la Primera Guerra Mundial (IGM). Estrategia dominante: terrorismo. Ethos: liberación nacional. No se destacan avances tecnológicos específicos.
- 1959-1996 (Nueva Izquierda): Detonante: Revolución Cubana. Estrategias dominantes: guerrilla y terrorismo urbano. Ethos: revolución. Avance tecnológico clave: el avión.
- Desde 1979 en adelante (Religioso-Yihadista): Detonante: derrocamiento del Sha en Persia. Estrategia dominante: terrorismo suicida. Ethos: religión. Avance tecnológico clave: Internet.
Mientras que el primer movimiento es de ámbito europeo y el segundo también, así como asiático y africano; los dos últimos llegaron a una escala global.
La Oleada de Nueva Izquierda (1959-1996)
El ciclo de nueva izquierda comienza como oleada de violencia política. Esta supone el nacimiento de la Nueva Izquierda política, pero no quiere decir que esta sea solo revolucionaria: fue muy variada y sí hubo una parte que optó por la violencia política. Ni siquiera toda la Nueva Izquierda latinoamericana fue violenta, ni la violencia estuvo exenta en Europa. En esta coinciden excomunistas, trotskistas, antiimperialistas, anticolonialistas, maoístas, etc. Esta tiene que ver con la renovación de esas viejas izquierdas y su renovación que derivará en movimientos como el estudiantil, el ecologismo, el feminismo, etc. Su período de actividad comienza en la época de los 60 y finaliza a lo largo de los 90 (generación). Esta oleada fue internacional, con manifestaciones en América Latina, Europa, EEUU o Asia. El ciclo en América Latina tiene fases de expansión y contracción, con años ciclo y años valle.
Se cumple la lógica de Rapoport en la que todos estos grupos tienen una lógica compartida en cuanto a la ideología, pues el objetivo genérico de todos los grupos es seguir la senda cubana, siendo esta además el detonante de esta oleada. Es importante también el rol tecnológico en aspectos como la difusión de ideas, el contacto entre las partes del grupo y las relaciones entre estos. En esta difusión circulan las ideas, pero también los modos de organizarse, la forma de hacer las cosas, los pasos a seguir, etc. Es clave entender esta difusión porque entonces nos resultaría imposible entender por qué en puntos distintos del globo los grupos de la Nueva Izquierda llevan a cabo los mismos procesos con técnicas e ideas similares si no comprendemos el papel de los medios de difusión de técnicas, proclamas, reivindicaciones, etc. Los procesos de difusión de esta oleada son:
- Recepción de conocimiento previo.
- Diseminación de repertorios, ideas y marcos culturales.
- La existencia de difusores y conectores ideológico-políticos y organizativos.
Cuba es el detonante en el nacimiento de una “nueva izquierda”. Cuba se posiciona como catalizador de descontentos continentales: derrocó la dictadura, se enfrentó a EEUU y se declaró marxista leninista. Cuba impacta en el imaginario latinoamericano de un modo muy profundo: el éxito cubano de la revolución y la resistencia a las presiones de EEUU fue un “soplo de aire fresco” para los jóvenes militantes de esta nueva izquierda que en los 50 se integraron en los partidos comunistas latinoamericanos. En este momento estos jóvenes se ven desbordados por el éxito cubano y el establecimiento de un régimen socialista, un régimen que se mantiene pese a las agresiones continentales de EEUU, en una geografía tan próxima y con un pasado común al resto de países latinoamericanos. Jóvenes universitarios pertenecientes a las clases medias que en unos cuantos meses consiguen llevar a cabo una revolución victoriosa sin baños de sangre y con todo en su contra, siendo el mismo perfil que el de estos jóvenes afiliados a los PC de América Latina.
Es en este momento en el que cambian los debates y también los actores. Encontramos nuevas ideas con las que se interpreta la realidad; cambia el posicionamiento de los actores con respecto a esa “nueva” realidad; y cambia el modo de actuar de los actores en esa realidad. También se adopta una nueva visión de la revolución: la vía electoral, la democracia burguesa y el rol de la violencia son conceptos de debate en este momento, cuestionando las vías electorales para llegar a la revolución y el rol de la violencia en la consecución de ese futuro revolucionario. Estos años son un ciclo de internacionalización de la movilización, pero también de la represión en un intento de evitar nuevas revoluciones. Cambian los debates y cambian los actores, así como también cambian las ideas con las que se interpretaba la realidad, el posicionamiento de los actores respecto a esa “nueva” realidad y el modo de actuar de los actores en esa realidad.
Cuba cuestiona todo aquello que hasta ese momento se pensaba en torno a la revolución, a la construcción de los estados, al rol de la violencia, etc. Atenta contra la visión comunista del mundo y, sobre todo, con la visión de la revolución: no hay proceso electoral, no hay relación con el sistema, no hay obreros, no hay ciudades, no se crean las condiciones poco a poco, sino a lo largo de la lucha. Es decir, Cuba cuestiona las ideas troncales que estructuraban, definían y daban identidad a las izquierdas latinoamericanas. Esta atenta contra el dominio político, ideológico y social de la izquierda comunista; contra su visión de la revolución. Desafía las ideas establecidas:
- Revolución hecha por unos pocos hombres.
- Revolución sin contar con el Partido de clase.
- No a través de la lucha político-ideológica ni dentro del sistema.
- En el campo y con campesinos; no en ciudades ni con obreros.
- Violencia como creadora de condiciones revolucionarias.
- Renuncian a la etapa democrático-burguesa y saltan en breve tiempo al socialismo.
Cuba desafía de manera radical toda la lógica revolucionaria de los comunistas hasta este momento, es un terremoto en la historia y en las sociedades latinoamericanas. Surge un nuevo debate, que eufemísticamente se le llama “las vías” de la revolución. A partir de este momento se entiende la revolución como fórmula para el cambio: “hacer la guerrilla”, es decir, si no cogías las armas no eras revolucionario. Esto implica una propuesta de transformación (proyecto político), voluntad para ella (factor cultural), y método para llevarla a cabo (acción armada). Desde 1959 los dos primeros factores se daban por supuestos. Había, por lo tanto, que aplicarse al tercero, el método.
“Los principios básicos de una revolución socialista están dados y experimentados en países como Cuba y no hay más que discutir. Basta adherir a esos principios y señalar con hechos el camino insurreccional para lograr su aplicación”
R. Sendric, Treinta preguntas a un tupamaro, 1967.
Cuba y su revolución alcanzaron grandes logros:
- Actualizó la herencia revolucionaria latinoamericana y rehabilitó la violencia como arma política justificada. Sus logros la hicieron alternativa atractiva rápidamente.
- Detonante para el desarrollo de conciencia subversiva: reconocimiento de un cambio social tan imperativo como viable.
- Ofreció doctrina coherente y práctica para la revolución. Textos fundamentales: Guevara, Regis Debray y Fidel Castro.
- Propuso la creación de “nuevos” seres humanos: el “hombre nuevo” guevarista.
A partir de mayo del 68 la gente comienza a movilizarse, y en las gráficas de creación de grupos en la oleada de nueva izquierda encontramos un claro pico en este año tanto en Latinoamérica como en Europa. Las vías sobre qué camino tomar a partir de ese pico del 68 son relativamente escasas: dejar la lucha, continuar la movilización, militar para conseguir los objetivos por otras vías (que a partir de este momento sería la clandestinidad como método para hacer frente a esa sistemática represión de los participantes de cualquier tipo de lucha militante), o continuar las movilizaciones luchando por otras causas que, en un primer momento, parecen más “particulares” (feminismo, ecologismo, anticolonialismo, etc.). Lo que vemos es que en todo el planeta aparecen grupos que coinciden con esa lógica violenta, con fases de expansión y contracción, pero contando con una creación continua desde el 68 hasta el final de esta oleada de nueva izquierda, a finales de los 90.
Cualquier movilización exitosa promueve que las personas que tengan inquietudes similares pasen a la lucha, un ejemplo de esto sería la independencia de los Balcanes de la URSS, o la primavera árabe con el primer paso dado por Túnez. A raíz del ejemplo de Cuba, en Latinoamérica surgen una serie de grupos armados a lo largo del continente que quieren replicar el modelo cubano. Hay en este caso dos fases de expansión (1959; año de la Revolución Cubana; y 1968, con mayo del 68 y la muerte del Che) y una fase de contracción (a principios de los años 70). Como otros años importantes vemos un último impulso a finales de los años 70 con el éxito de la Revolución de Nicaragua como detonante de una nueva creación de estos grupos.
Vemos así que, si bien en esta oleada en Latinoamérica el impulso inicial es Cuba, a lo largo del proceso encontramos otros detonantes similares que fomentan la continuación de esta oleada hasta finales de los 90: muerte del Che, mayo del 68, triunfo de la Revolución Nicaragüense, la Guerra de Vietnam, etc. Lo innegable de este asunto es el brutal impacto que tuvo la Revolución Cubana en el resto de los países latinoamericanos, tanto con masivas movilizaciones en los dos años de lucha dentro de la isla como, sobre todo, tras el triunfo de la misma. A esto ayuda el que todos los impulsos de la revolución sirvieron de ruta a seguir por el resto de los países del mundo, impulsando Fidel una propaganda revolucionaria sirviéndose del propio ejemplo cubano.
Las pautas para entender el por qué caen o no los regímenes tienen que ver con la fortaleza de su sistema, el cómo es su organización y otros factores claves. Sobre esta lógica, el ejemplo de El Salvador, con una guerra durísima, con miles de bajas y heridos, pero no se consumó la revolución. En Cuba y en Nicaragua, con un proceso mucho menos violento, triunfó la revolución. Para esto es fundamental el tipo de régimen: en Cuba y en Nicaragua hay líderes personalistas (Batista y Somoza), mientras que en El Salvador la dictadura es corporativa, son las fuerzas armadas quienes ejercen la dictadura, por lo que no basta con vencer a una cabeza, sino a toda una red militar.
Fases de la Oleada de Nueva Izquierda en América Latina:
- Entre 1959 y 1967, la característica principal es la movilización influenciada por el éxito de la Revolución Cubana. La estrategia dominante en este período es insurreccional y foquista. Los casos principales incluyen Guatemala, Venezuela, Perú y Nicaragua, mientras que los casos secundarios abarcan Paraguay, Honduras, Panamá, República Dominicana, Ecuador y Argentina. Los casos singulares son México y Colombia.
- Entre 1966 y 1976, el período está marcado por experiencias urbanas. La estrategia dominante se centra en la guerrilla urbana. Los casos principales incluyen Uruguay (Tupamaros), Argentina (ERP) y Brasil (CLN). No se mencionan casos secundarios específicos en este intervalo, mientras que el caso singular destacado es Chile.
- Entre 1970 y 1996, las organizaciones político-militares y la coordinación entre ejércitos rurales se convierten en la característica principal. La estrategia dominante incluye la lucha urbana, la lucha social y las guerrillas. Los casos principales abarcan El Salvador y Guatemala, mientras que Nicaragua aparece como caso secundario. Los casos singulares en este período son Colombia y Perú, destacando la presencia del PCP-SL.
Las variables clave que influyen en el desarrollo de una oleada revolucionaria incluyen la relación con el detonante, el bagaje político y cultural de los promotores revolucionarios, y las coyunturas nacionales específicas. En cuanto a las posiciones adoptadas, se pueden distinguir tres enfoques principales: la imitación racional de un modelo triunfante, la adaptación racional del modelo tras los fracasos iniciales y la coyuntura nacional propia, y el aprendizaje racional a partir de las experiencias previas y de un análisis más coherente de la situación nacional específica. Entre las claves esenciales se encuentran el bagaje político y cultural de los promotores revolucionarios, las especificidades nacionales de cada contexto y, finalmente, la ausencia de un tipo de organización predefinido que rija el proceso.
Autoritarismo
El autoritarismo constituye una idea central en el análisis de cómo la crisis de 1929/1930 se resolvió en diferentes países, ya que dicha resolución marca el devenir político de esos países durante el resto del siglo XX "corto" (hasta los años 90). El marco temporal para este análisis abarca de 1930 a 1990, con una centralidad ideológica que impregna todas las opciones políticas: el nacionalismo. En este contexto, los nuevos paradigmas emergen bajo dos enfoques clave: el autoritarismo y la revolución. Además, existen ideas subsidiarias que complementan estos enfoques, tales como el orden-catolicismo y la liberación-dependencia, que influyen profundamente en las dinámicas políticas y sociales de la época.
Quiebre radical y transformaciones políticas que crea el 1929: el modo en el que se resuelve la crisis en los primeros años de los 30 marca todo el devenir del siglo XX, con un período que se cierra en el ciclo de las democracias y transiciones de los años 80. La cuestión nacional en SAL se entiende de modo diferente al de otros lugares, esta cuestión nacional tiene un perfil propio. La cuestión nacional atraviesa todo en estos años, en general, para todos los países: cuestión descolonizadora... La cuestión autoritaria es central en los discursos políticos tras 1929.
Los paradigmas y doctrinas en conflicto relacionados con la seguridad nacional tienen sus precedentes en una serie de eventos clave que dieron forma a la política interamericana durante la Guerra Fría. En 1947, se firmó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) en Río de Janeiro, seguido en 1948 por la IX Conferencia Panamericana, donde se creó la Organización de Estados Americanos (OEA). En 1951, las resoluciones de la OEA comenzaron a enfocarse en el fortalecimiento de la seguridad interna de los países, y se tipificó el comunismo como un "delito". En 1954, la X Conferencia Interamericana en Caracas reconoció al comunismo como un peligro para la paz en América. Posteriormente, en 1957, se implementó el Plan Militar para la Defensa del Continente Americano contra una agresión del bloque comunista soviético, a través de la Junta Interamericana de Defensa. Desde 1960, la creación de diversas estructuras de coordinación entre las fuerzas armadas, como el Colegio Interamericano de Defensa y la Conferencia de Jefes del Estado Mayor, consolidaron la respuesta continental ante la amenaza percibida del comunismo.
EEUU tiene dos acciones fundamentales: una geopolítica y una militar. El primer paso fue el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) en 1947 (no 1957), reunión propulsada por EEUU y llevada a cabo en Río de Janeiro. En este momento EEUU firma bilateralmente con cada país: este puede participar, pero procura acuerdos bilaterales, vínculos verticales con cada país. Este da formación, ayuda a su estructura, vende armas (hace un gran negocio), etc., es decir, pasa a ser el suministrador de los ejércitos latinoamericanos, lo que supone ser un dirigente del Estado fundamental. La lógica de los años 50 es evitar una invasión externa (de la URSS), sin embargo, a partir de 1959 el enemigo ya no es externo, sino interno.
A partir de 1947 EEUU pasa a ser el hermano mayor de los países latinoamericanos, pero cuando llegue la Revolución Cubana y el momento posterior ya está asentada la maquinaria pesada de los vínculos con EEUU. En el año 48, en la IX Conferencia Panamericana, reuniones de la diplomacia de todo el continente además de EEUU, se pretende crear la Organización de los Estados Americanos, donde todos son iguales, pero uno va a ser más igual. En esta se aplica una lógica de estructura interna del continente, llevando a cabo ese ideal panamericanista. En los primeros años vemos que esta organización adopta un tinte claramente anticomunista y defensa de una serie de ideas supuestamente democráticas y antiliberales (no se condenó a ningún régimen autoritario, pero sí a Cuba en el 62 cuando establece relaciones con la URSS).
Esta organización será importante en la creación de un discurso sobre América Latina, sobre las relaciones internacionales y la imagen de estos países para el resto del mundo. Los grandes partidos comunistas latinoamericanos, que eran ilegales, eran Chile, Argentina y Uruguay; pero si atendemos a los números nos daremos cuenta de que el Partido Comunista en Latinoamérica nunca fue un enemigo real para la permanencia de los regímenes: el comunismo como “peligro” era un discurso propio únicamente. En el 57 se pone un Plan Militar para la Defensa del Continente Americano contra una Agresión del Bloque Comunista Soviético con la creación de una nueva institución: la Junta Interamericana de Defensa. Esta es una estructura fundamental pues permitía establecer vínculos defensivos entre los países. A partir de aquí se crean nuevas estructuras que tienen como objetivo engrasar esas relaciones y organización de las Fuerzas Armadas, sobre todo desde los 60.
La cronología de este proceso comienza con el fin de la Segunda Guerra Mundial (IIGM), momento en el cual América Latina se ve influenciada por la Revolución Cubana. Las ideas clave que guían este periodo son la dicotomía entre amenaza y beneficio, la influencia de la URSS y la idea de una revolución mundial, así como la concepción del "mal menor" frente a la expansión del comunismo. Las características de este proceso son diversas: es una doctrina no escrita, propia de su contexto histórico durante la Guerra Fría, su desarrollo es continuado a lo largo del tiempo y vincula a Estados Unidos con otros ejércitos nacionales, articulando relaciones estratégicas. Este proceso se concreta en la formación de alianzas y en las prácticas que derivan de las mismas, consolidando una respuesta continental frente a los desafíos de la época.
Para unos la idea de democracia a lo largo de los 60 entra en un descrédito absoluto: democracia de unos pocos para unos pocos, por lo que ¿para qué vamos a conservarla? Para la derecha la democracia es útil si los puestos los detentan ciertas personas y no vale si no va acompañada de orden y de seguridad, excluyendo a una parte de la población y reprimiendo a la otra. Para unos el comienzo de este descrédito acaba en la idea de la revolución y para otros en los regímenes autoritarios. América Latina es importante para EEUU en muchos sentidos: fundamental para la seguridad territorial en su concepto, le vende petróleo, le supone un gran mercado la venta de armas, etc. La democracia es de interés hasta que deja de serlo, y al final un golpe de estado es un mal menor en la lógica política del momento, pues sigue vigente ese peligro de la amenaza comunista (vemos una construcción del discurso justificativa).
Doctrinas de Seguridad y Contrainsurgencia
Los referentes doctrinarios principales son la Doctrina de Seguridad Hemisférica de EEUU y la Doctrina Contrainsurgente de Francia.
La Doctrina de Seguridad Hemisférica llevada a cabo por EEUU es esa lógica de defensa contra una supuesta amenaza externa en clave invasiva, englobando a todo el hemisferio en la misma lógica y sacando beneficio de las preparaciones para ello (armamento, petróleo, etc.). La Doctrina Contrainsurgente es todo ese cúmulo de prácticas en las que los franceses se han doctorado (represión) en Indochina y Argelia. Veremos en Argentina militares franceses que instruyen a los militares argentinos en esas prácticas. El cambio clave es la conformación paulatina desde 1947 de un enemigo interno: el “comunista” y el paso de la agresión exterior a la interior: el pueblo como enemigo.
Es crucial el cambio en la mentalidad en la sociedad, pues durante años se crea la imagen de un peligro, el “comunista”, algo que se conforma en las sociedades latinoamericanas con la venta constante de productos culturales e imágenes que van en relación al discurso de esa amenaza comunista. A la sociedad se le inculcan valores, imágenes y, sobre todo, miedo. El “comunista” -la imagen que se crea de estos-, la creación de un enemigo permite que, si luego a este le pasan cosas, ¿quién se va a poner de su lado? Este funciona como un chivo expiatorio para la sociedad y permite mediante la justificación la represión de las personas identificándolas con ese enemigo, que está totalmente ligado al miedo que previamente se ha inculcado a la sociedad.
Se deriva la idea de "Todos comunistas” y de la formación para combatir a ese enemigo interno, asegurar el sistema para evitar el comunismo creándose dictaduras de Seguridad Nacional.
Dictaduras y Conflictos en la Década de 1930:
Dictaduras de la década de 1930 serían:
- Argentina (1930)
- Bolivia (1936)
- Brasil (1930, 1937)
- Chile (1932)
- Colombia
- Costa Rica
- Cuba
- Ecuador (1931, 1935, 1937)
- El Salvador (1930)
- Guatemala (1930)
- Honduras
- México
- Nicaragua (1936)
- Panamá
- Paraguay (1936)
- Perú (1930)
- Puerto Rico
- República Dominicana (1930)
- Uruguay (1933, 1938)
- Venezuela (desde 1908)
Pese a esto contamos con insurrecciones en:
- Brasil (1930, 1932, 1935)
- Argentina (1932)
- Ecuador (1932)
- El Salvador (1932)
- Perú (1932)
- Uruguay (1935)
Los golpes a partir de los 60 los dan las estructuras de las Fuerzas Armadas, siendo los golpes anteriores hasta ese momento militares que antes ostentaron ese poder, pero dependientes de las élites. Hay una gran diferencia entre militarismo y militares, habiendo militarismo sin militares y militares sin militarismo, siendo esta última la lógica de las dictaduras de los años 30: la gestión de los gobiernos está en manos de civiles a pesar de la presencia de algún que otro militar. A partir de los 30 es la primera vez que los militares empiezan a acceder al poder, a través de su prestigio militar pasan al plano político, y con ese prestigio jugaban su papel entre las élites para entrar en política. Este proceso termina en los años 60 cuando cambia la lógica y vemos un militarismo sin militares que dan paso a las Dictaduras de Seguridad Nacional.
El contexto de estas dictaduras es la crisis del capitalismo, del liberalismo, la democracia y los valores previos. Se consideraba que ciertas ideas ya no daban respuesta, sobre todo los valores de la democracia liberal, que servirá como chivo expiatorio de todos los problemas de los países latinoamericanos. Estos son años de fuerte disputa ideológica con un despegue reaccionario de las derechas, que abrevan de Europa en Fascismo, Falangismo, Nazismo a la vez que un fuerte corporativismo y catolicismo ultramontano.
El objetivo es una sociedad de orden, disciplina, jerarquía y obediencia, todos valores que se oponen al desorden liberal e ideologías disolventes de los inmigrantes europeos. Estos inmigrantes europeos trajeron al continente las ideas del socialismo y el sindicalismo obrero desde Europa, por lo que contra ellos se está construyendo un discurso. Se recurre a una construcción identitaria que tiene como base esa idea de orden, pero, sobre todo, la cuestión nacional. El orden fundado en la nueva “ideología nacional” es de base colonial y conservadora, considerada local frente al liberalismo o las izquierdas. Comienza además un nacionalismo caracterizado por fundir militarismo y clericalismo; autoritario y reaccionario. Desde los años 30 y sobre todo en los 40 se mezclan todos estos elementos entre lo militar y lo religioso-clerical. Es en este momento en el que la izquierda latinoamericana da un giro hacia lo nacional.
El protagonismo es ahora de los militares:
- 8 golpes triunfadores en los primeros treinta.
- 4 militares electos: México (1934-1940, no 1949), Venezuela (1935-1945, no 1949), Paraguay (1939-1940, no 1948) y Uruguay (1938-1942, no 1943).
- 3 principales líderes políticos también militares: Perón, Cárdenas, Vargas.
En este sentido, se van a aplicar diversas formas de autoritarismo en los distintos países donde los militares se hacen con el poder político. ¿Militares al servicio de las élites tradicionales, u ocupando el espacio que no lograban cubrir ellas tras la crisis del sistema? ¿Son llamados o van sueltos? La historiografía resuelve que hay un quiebre en el sentido en que las élites que van cediendo a la política en los años previos vuelven progresivamente a través de estos militares, tomando de nuevo esos resortes del poder que nunca llegaron a perder de manera total. «Los cambios acaecidos en la década de 1930 se proyectaron en los decenios siguientes».
Todo lo que está pasando en los años 30 es la base que va a llevar a los años 40 y 50, mucho de lo que nace aquí es lo que se gradúa en los golpes de los años 70, con la aparición de estructuras paramilitares vinculadas a la represión, estructuras de ultraderecha, antecedentes de la Triple A argentina, etc.
Formas de Ejercicio Autoritario del Poder
Las formas de ejercicio autoritario del poder pueden clasificarse en dos grandes modalidades: individual y colectivo o institucional. La forma individual ha sido recurrente desde el siglo XIX, caracterizada por un ejercicio personalista del poder, sin controles externos, a menudo protagonizado por jefes militares. Estas dictaduras no siempre se corresponden con un control absoluto de las fuerzas armadas como institución, sino que se definen como "dictaduras de militares, no dictaduras militares". Por otro lado, el ejercicio colectivo o institucional del poder se basa en la actuación de la institución castrense en su conjunto. En estos casos, la pretensión de orden, sustentada en la falta de legitimidad de origen, se sustituye por el uso del miedo, la represión y el terror. Este modelo muestra una obsesión por el orden como forma de eliminar el conflicto, siendo profundamente antidemocrático. La democracia, que implica conflicto, contradicciones, negociación y mediación dentro de una normativa, no es aceptada bajo estas formas autoritarias, que generalmente rechazan la diferencia como principio fundamental.
Tipos de Autoritarismos por Objetivos
Los tipos de autoritarismos pueden clasificarse según sus objetivos y la naturaleza de su ejercicio del poder.
- En primer lugar, están los autoritarismos orientados a la conservación del orden, que incluyen las autocracias y las dictaduras personalistas.
- En segundo lugar, aquellos que buscan la construcción de un nuevo orden conservador, representados por las dictaduras institucionales de las fuerzas armadas.
- Por otro lado, existen los autoritarismos dirigidos a implementar reformas sustanciales sin alterar las matrices sociales, como los populismos.
- Y los que persiguen reformas significativas que afectan el modo oligárquico de dominación social y política, ejemplificados por las experiencias militares de corte progresista.
- Finalmente, se encuentran los autoritarismos orientados a producir cambios revolucionarios, transformando de manera radical las estructuras sociales y políticas existentes.
Ejemplos de Tipos de Autoritarismo:
- Autocracias y dictaduras personalistas (Conservación del orden): Tuvieron un fuerte impacto en América Latina durante el siglo XX, especialmente en las décadas de los años 30 y 50. Ejemplos notables incluyen los regímenes de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y República Dominicana en los años 30, y los de Paraguay, Cuba y Haití en los años 50. Estas dictaduras se caracterizaban por oscilar entre sultanatos y dinastías, siendo funcionales a los intereses de Estados Unidos en Centroamérica y el Caribe. La célebre frase de Roosevelt sobre el dictador nicaragüense Somoza, "Sí, es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta", ilustra la relación pragmática de apoyo estadounidense hacia estos regímenes. En su estructura, eran simples y más cercanas a los autócratas del siglo XIX que a las dictaduras más complejas de la segunda mitad del siglo XX. Aunque solían autolegitimarse mediante procesos electorales, su permanencia se explica, en parte, por el contexto de la Guerra Fría y su firme posición anticomunista.
- Dictaduras institucionales de las fuerzas armadas (Construcción de un nuevo orden conservador): Se consolidaron en América Latina bajo el modelo de los Estados Terroristas de Seguridad Nacional. Entre los ejemplos más destacados se encuentran Paraguay (1954), Brasil (1964), Bolivia (1971), Uruguay (1973), Chile (1973), Argentina (1976), Perú (1975), Ecuador (1976), El Salvador (1979) y Guatemala (1954). Todas estas dictaduras compartieron una base programática común: la Doctrina de Seguridad Nacional. Su principio de legitimidad autoimpuesto era la "restauración del orden" o incluso de la democracia nacional, aunque esto planteaba el interrogante de si se trataba realmente de restaurar o de instaurar un nuevo modelo de poder.
A pesar de esta base común, existieron diferencias importantes entre los regímenes en cuanto a su modelo económico, modelo político y modelo represivo. También se destacó una coordinación represiva internacional y un intento de sucesión controlada en la transición hacia el final de estas dictaduras. La salida de estos regímenes estuvo marcada por su fortaleza en el momento final, lo que influyó en cómo se revisó su pasado. Así, se pueden distinguir varios tipos de transiciones:
- Las dictaduras derrotadas, como en Argentina (1982/1983), donde se llevó a cabo el Juicio a las Juntas.
- Las dictaduras sostenidas, como en Uruguay (1984), con una transición pactada.
- Y las dictaduras fuertes, como en Chile (1989), donde se impuso una transición controlada.
Casos paralelos incluyen a El Salvador, donde un empate en la Guerra Civil llevó a un proceso de paz, una transición y un modelo político pactado; y Guatemala, donde la derrota de la guerrilla resultó en un proceso tardío y la imposición de un modelo político determinado por el régimen.