Transformaciones políticas de la Revolución Francesa (1792–1799): república democrática, jacobina y burguesa

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La república democrática (1792–1794)

La república democrática (1792–1794). Fue impulsada por la burguesía radical y por los sectores populares que ambicionaban una transformación más profunda de la sociedad en un sentido democrático e igualitario.

La Convención girondina

La república quedó en manos de los girondinos, que convocaron elecciones por sufragio universal masculino para la nueva Convención Nacional. La Convención llevó a cabo un juicio contra el rey Luis XVI y su esposa María Antonieta, quienes fueron condenados y ejecutados en la guillotina, lo que provocó la alianza de las monarquías europeas que formaron una coalición contra Francia.

La Convención jacobina

En 1793 los jacobinos se hicieron con el poder y promulgaron una nueva Constitución basada en:

  • Soberanía popular
  • Sufragio universal directo
  • Derecho a la igualdad

El poder ejecutivo quedó en manos de un Comité de Salvación Pública que concentró gran parte del poder en la figura de Robespierre. El gobierno organizó un ejército, decretó la leva en masa e impulsó la política del Terror. Aprobó, además, una serie de leyes sociales y medidas que incluyeron:

  • Distribución de bienes entre los indigentes.
  • Venta de bienes del clero en lotes pequeños.
  • Instrucción obligatoria.

Se cerraron iglesias y se estableció el culto a la diosa Razón.

La caída de los jacobinos

La radicalización de la revolución, el Terror y el gobierno dictatorial de los jacobinos provocaron la oposición de amplios sectores de la población. En 1794 fueron derrocados y ejecutados Robespierre y otros dirigentes jacobinos.

La república burguesa (1794–1799)

La república burguesa (1794–1799). Supuso un retorno al poder de la burguesía conservadora, que consagró el predominio de los propietarios. La burguesía conservadora volvió a tomar el control.

Se elaboró una nueva Constitución que otorgaba el poder a un gobierno colegiado: el Directorio, que restablecía el sufragio censitario y confiaba el poder legislativo a dos cámaras: el Consejo de los Quinientos y el Consejo de los Ancianos. El Directorio tuvo que hacer frente a la oposición tanto de la aristocracia como de las clases populares.

Con la crisis económica y social y la guerra contra las potencias absolutistas de Europa, el ejército empezó a ganar prestigio. En 1799 un joven general, Napoleón Bonaparte, protagonizó un golpe de Estado que puso fin al Directorio e inauguró el Consulado.

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