Transformaciones en Rusia y Japón: El camino hacia la modernización en el siglo XIX
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Una sociedad tradicional en Rusia
En Rusia existía una poderosa aristocracia que poseía inmensos territorios. La miseria de la población humilde y la riqueza de los poderosos era mayor todavía que en otros países europeos. La servidumbre personal estaba vigente: los campesinos no podían abandonar las tierras y eran vendidos con ellas. Cultivaban las parcelas cedidas por los señores en régimen de comunidad y debían pagar censos en trabajo y en metálico. La miseria provocaba miles de muertos y revueltas en el campo. Con la llegada al poder del zar Alejandro II (1855-1881), y ante la grave situación económica, se iniciaron una serie de reformas en la administración, la enseñanza y el ejército.
Las reformas de Alejandro II
La reforma más importante de Alejandro II fue la abolición de la servidumbre (1861). Sin embargo, los campesinos quedaron decepcionados porque, aunque se les permitía comprar tierras, para la mayoría era imposible. Solo los más acomodados se lo pudieron permitir, lo cual originó una nueva burguesía rural (kulaks), mientras otros muchos campesinos cayeron en la miseria (mugics).
El zar impulsó la industrialización del imperio y la construcción del ferrocarril. Pero el capital, en manos de la aristocracia rural, no estaba demasiado interesado en la industria. Se recurrió a las inversiones extranjeras, que procedían esencialmente de Francia, Bélgica, Inglaterra y Alemania. Esto provocó una rápida industrialización, concentrada en determinadas zonas de Rusia:
- San Petersburgo
- Moscú
- Ucrania
- Bakú
- Los Urales
Modernización de Japón
Hacia 1850, Japón era un imperio feudal. El emperador era considerado un dios. El gobierno estaba en manos de un shogun (general), de quien dependía una nobleza feudal propietaria de las tierras, que tenía bajo su dominio a un campesinado.
En la segunda mitad del siglo XIX, la llegada de norteamericanos y europeos a Japón y la exigencia de acuerdos comerciales abusivos generó una repulsa popular contra el shogunato (gobierno militar) y favoreció que el emperador Mutsuhito tomase las riendas del poder. Fue la Revolución Meiji (1868), que renovó las arcaicas estructuras de Japón.