La Trinidad y el Alma en la Filosofía de San Agustín
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La Trinidad Divina y su Reflejo en el Alma Humana
Así, el alma nos permite concebir aproximadamente la Trinidad divina. El Padre se conoce a sí mismo y genera al Hijo; la relación entre ambos es el amor del Padre y el Hijo: el Espíritu Santo. Por la memoria, imita el alma la unidad y eternidad que es la característica del Padre; por el conocimiento, imita el alma la sabiduría que es la característica del Hijo; por el amor, imita el alma la felicidad, que es la característica del Espíritu Santo.
La Primacía del Amor y la Superación del Error
Agustín otorga tanta importancia al amor como al conocimiento. El amor culmina el movimiento del alma iniciado con el conocimiento. El amor es una fuerza ascendente que lleva al alma hasta Dios, donde encuentra la felicidad. «Conocer es amar y amar es conocer». El error no es solo un fallo de la mente; el error es también amor a lo inferior y olvido de lo espiritual. El engaño más difícil de vencer no es el de los sentidos, sino el del intelecto: el orgullo filosófico hace que la razón se crea autosuficiente. Las causas principales de error son el orgullo intelectual, la búsqueda del placer y el egoísmo. Lo único que puede salvar a la razón es que reconozca sus limitaciones; la gracia de Dios puede liberarnos del error.
Igualdad y Unidad en la Sustancia Divina
En la Trinidad hay absoluta igualdad; no existe jerarquía ni funciones diferentes. No se puede considerar al Padre como más importante. Las tres personas divinas actúan inseparablemente. La Trinidad es el único Dios verdadero. Una sola cosa es tan grande como tres: son infinitas, cada una de ellas está en cada una de las otras, todas están en todas y todas son una sola cosa.
El Tiempo, la Memoria y la Identidad del Espíritu
Entre Dios, que conoce todo a la vez desde la eternidad, y lo material, que pasa sin cesar, está el alma humana que retiene el pasado; de este modo surge el tiempo. La identidad del alma se basa en la memoria. La memoria posibilita la vida interior, aunque el espíritu humano es demasiado profundo para llegar a comprenderlo totalmente: «Soy un enigma para mí mismo».
El Conocimiento Recíproco entre el Hombre y Dios
El conocimiento del hombre y el conocimiento de Dios se iluminan recíprocamente; el objetivo de la filosofía de San Agustín es conocer el alma a través de Dios y a Dios a través del alma.